Mixomatosis galopante
Leo en el diario El Mundo que el Gobierno de España recomienda comer conejo por Navidad para hacer frente a la crisis. Quien lo ha dicho es el secretario general de Agricultura y Alimentación, Josep Puxeu, que considera la carne de conejo "sana, ligera, muy apetecible y barata". Este hombre admirable ha explicado también que "hay productos que no son típicamente navideños, pero que se encuentran a precios razonables" y ha puesto como ejemplo al conejo, que va a unos cinco euros el kilo y que, por tanto, es mucho más barato que el cochinillo o el pavo. Pues sí. "En estos momentos de máximo consumo, a veces alocado", ha revelado como colofón, "recomendamos buscar una cesta de la compra equilibrada al deseo de tener los mejores productos en nuestra mesa, pero compatibilizándolo con precios razonables".
Ya puestos, propongo criar un cerdo en el lavabo. Lo que sea con tal de poder pagar la hipoteca
Pues me parece muy bien que Puxeu se preocupe por nuestra economía navideña. Si alguien consume alocadamente soy yo, e, incomprensiblemente, el saldo de mi tarjeta no siempre está a la altura de mi regio paladar y mi pijo amor por la ropa cara. Por eso, si Puxeu nos recomienda comer a este simpático mamífero del grupo de los lagomorfos, el consejo no debe caer en saco roto. Peor sería que nos recomendase comer fiambre de oliva. O chóped. O gato.
Es cierto que no he comido conejo desde que era niña, por el clásico trauma de los pueblerinos que a los cinco años ya fuimos obligados a ser cómplices necesarios del martirio de los gazapos que acabaron en nuestras cazuelas. Pero este año lo haré a la salud del señor Puxeu, quien supongo que predicará con el ejemplo. ¿Qué cocinará? ¿Conejo a la cazadora? ¿Conejo al ajillo? Yo, por mi parte, estoy dudando. A lo mejor hago conejo a la Montse, que es una receta que he encontrado en la página de Arguiñano. Aunque el conejo al ajillo con patatas carceleras también me parece una solución económica. Lo que tengo que procurar es no hacer conejo relleno de foie o conejo sobre lecho de caviar, porque se me disparará el presupuesto y no ganaremos nada.
Eso sí. No descarto que la comida se me atragante por culpa de los recuerdos. Ay... No se me borra de la mente el momento en que las abuelas de mi Santa Eulàlia de Ronçana natal se cargaban a uno de estos suaves conejitos sin que les temblase el pulso. Qué tiempos... Ataban al animalito por las patas en un hierro de la pared (de los que sirven para sujetar a los mulos). A nosotros nos mandaban sujetarle las orejas. Luego, le atizaban un certero golpe en la cabeza con la maza de hacer el all-i-oli. Después, lo descuartizaban con la facilidad de quien se quita las medias. Perdonen que les cuente todo esto, pero si tenemos que comer conejo para hacer frente a la crisis, veo bien que sean conejos criados por nosotros mismos.
Pero ¿por qué sólo ahorrar en la comida navideña? La vida está muy cara todo el año. Por eso, propongo también otras medidas. Por ejemplo, usar papel de periódico en lugar de papel higiénico. Se trata de cortar el papel a cuadrados y colgarlo en un gancho del lavabo. Y, desde luego, los bocadillos (elaborados con el conejo frío que nos sobre de la comida navideña) se envolverán también con papel de periódico. El papel de aluminio es un despilfarro.
Pero, desde luego, ya puestos, yo también propongo criar un cerdo en el lavabo. Se trata de comprarlo pequeñito, operarle las cuerdas vocales para que no chille y, de este modo, evitar las inspecciones de Sanidad o las protestas de los vecinos. Y a engordarlo se ha dicho. (Eso sí, procurando que no alcance el papel de periódico del gancho, que los cerdos se lo comen todo). Yo estoy dispuesta a lo que sea con tal de poder pagar la hipoteca. Tal vez, la única medida que no podré cumplir, a pesar del ahorro que supone, es la de dejar de coger taxis y, a partir de ahora, ir a los recados practicando el bicing. Con eso no puedo.
moliner.empar@gmail.com
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