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Tribuna:Examen a la educación secundaria

Esto no es la liga de fútbol

El informe PISA no es una liga de clasificación, al modo del fútbol, para ver en qué puesto se ha quedado, como suele fácilmente ser interpretado. Más que pretender hacer un ranking, analiza el rendimiento de estudiantes de 15 años en ciencias, lectura y matemáticas. Sin alarmismos, que conducen poco lejos, tampoco conviene despreciar los datos ricos que aporta. En lugar de lamentos o de acusaciones entre partidos políticos, debe ser un estímulo para analizar seriamente a partir de ahora en dónde hay que incidir para mejorar, a partir del diagnóstico excepcional que supone, al comparar países y comunidades.

Este año, España, si bien tiene de positivo altos niveles de equidad, similares a los países nórdicos, obtiene unos resultados medianamente aceptables en ciencias y, en menor grado, en matemáticas; pero resulta altamente preocupante el descenso en comprensión lectora, dada -además- su relevancia, como instrumental, para el desarrollo de otras competencias. Si las políticas inclusivas han de ser proseguidas, ahora corresponde centrarse en incrementar la calidad y excelencia del sistema, especialmente en aquellos puntos en que PISA denota graves deficiencias. Más internamente, los efectos de las variables relativas al estatus social, económico y cultural, pesan en la situación final conseguida. Cuando se detrae el nivel socioeconómico y cultural del alumno las diferencias no son estadísticamente significativas. De hecho, si dicho índice fuera similar, las puntuaciones obtenidas mejorarían considerablemente. Por tanto, la mejora del entorno cultural, con los déficits históricos que arrastramos, es un proceso lento en el que habrá que incidir con políticas agresivas compensatorias en los próximos años, especialmente en los fenómenos de exclusión o con los grupos de inmigración.

No se puede atribuir el nivel adquirido en un país como España sólo a factores estructurales (currículum, formación inicial del profesorado, etc.). Con esos mismos factores unas comunidades autónomas y otras obtienen diferencias significativas, lo que tiene que ver, además de con su composición social y cultural, con políticas concretas de los últimos años.

Al final, la mejora de la educación depende no sólo de la escuela y sus profesores, sino del conjunto de la sociedad y, muy especialmente, del apoyo y cooperación de las familias; particularmente importa la valoración social de la escuela y de la educación. La mejora de la educación ha de convertirse en una cuestión de primer orden, como requiere aspirar a cumplir los objetivos de la Unión Europea en la estrategia de 2010. PISA muestra que, en educación, lo que importa finalmente es el aprendizaje conseguido, objetivo último de toda política educativa.

Antonio Bolívar es catedrático de Didáctica y Organización Escolar (Universidad de Granada).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de diciembre de 2007