_
_
_
_
Reportaje:

Pasión desbordada por el Boss

Largas colas precedieron al concierto de Springsteen en Barakaldo

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

La pasión de sus seguidores es la auténtica fuerza motriz de esa enorme industria de canciones y sentimientos que es el rock. Y miles de muestras de esa afición vehemente se pudieron ver ayer en las horas previas al concierto que Bruce Springsteen ofreció anoche en el pabellón 4 del Bilbao Exhibition Centre (BEC) baracaldés, apenas 24 horas después de haber actuado en Madrid.

Los primeros aficionados se habían apostado a la puerta del pabellón ya antes de las once de la noche del pasado domingo, y 12 horas después ya contaban casi con un centenar de acompañantes, muchos de ellos somnolientos o cubiertos con mantas para intentar resguardarse del frío. El público llegaba de forma progresiva, se escuchaba a grupos hablar en francés y en catalán, y los más madrugadores se organizaron por medio de un sistema de listas que les permitía ausentarse durante varios momentos de las cuatro colas existentes, siempre que acudieran a fichar a unas horas determinadas.

"He visto a Bruce Springsteen a 30 metros y no es el mismo concierto"

"Así se evita que haya gente que se apunte el día anterior y diga: 'Hala, ahora me voy a casa a dormir 10 horas y luego vengo", explicaba Jon Andoni Acha a las 11.00 de ayer. En su mano lucía la inscripción "S. A.", que acreditaba a rotulador que él tenía reservada la quinta posición en la fila A. Una práctica habitual en los conciertos que mueven grandes multitudes.

Faltaban diez horas para que el Boss saliese a escena y el joven bilbaíno había llegado seis antes para estar en primera fila. "He visto a Bruce Springsteen a 30 metros y no es el mismo concierto", señalaba Acha. La de ayer fue la séptima vez que vio al cantante estadounidense y hacerse con la entrada también le había obligado en su día a pasar la noche al raso.

Parecido fervor destilaba el valenciano Jorge Fernández, quien llegó al BEC a las seis de la madrugada. No pudo hacerlo antes, ya que la noche del domingo estuvo en el Palacio de los Deportes de Madrid, primera escala de la gira europea de Springsteen. Se desplazó en coche, de noche, y "la pasión" era la excusa que esgrimía para tanto sacrificio, abrigado por una cazadora comprada en el puesto de merchandising del tour actual de su ídolo, donde al inicio del concierto de ayer se podían comprar camisetas a 30 euros o pañuelos a 15.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
SIGUE LEYENDO

Por descontado, no estaba dispuesto a vender su pase a ningún precio razonable. "¿Mil euros? No, qué va, ni de coña. ¡El viaje, la comida y el hotel ya me van a costar más!", exclamaba al tiempo que pedía una Harley Davidson a cambio.

Sergi, adolescente que se había levantado a las 5.00 en Barcelona, había tomado un avión por 60 euros y ya guardaba cola en el BEC a las 10.00, aseguraba que él sólo cambiaría su entrada "por conocer a Bruce o cosas así, no por dinero". En su caso, ¿por qué hacía tanto esfuerzo? "Por pasión", repetía.

Las puertas del pabellón se abrieron a las 19.00 para el primer centenar de aficionados que llevaban horas esperando. Cerca de media hora después llegó el turno a los demás, cuando una serpenteante cola sumaba ya varios miles de personas. A partir de ahí, llegó el momento de disfrutar con pelnitud de su ídolo.

Un grupo de jóvenes exhibía sus entradas mientras guardaba cola para entrar en el pabellón del BEC.
Un grupo de jóvenes exhibía sus entradas mientras guardaba cola para entrar en el pabellón del BEC.TXETXU BERRUEZOT. BERRUEZO

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_