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La carrera hacia la Casa Blanca

Obama: "Mi ambición es cambiar el mundo, como ha hecho Google"

El candidato demócrata detalla su programa en la sede de la compañía

"Compartimos la ambición de cambiar el mundo", dijo Barack Obama, candidato presidencial del Partido Demócrata, a los empleados de la empresa Google en su sede central de Mountain View, en el norte de California. "Ayúdenme a hacerlo, ayúdenme a cambiar el mundo, de la misma forma en que Google lo ha cambiado".

Más de la mitad de las donaciones de los empleados han sido para Obama El político defiende el diálogo directo con los rivales de Estados Unidos

"Quiero estar al frente de un nuevo capítulo de la revolución tecnológica en la que ésta sea empleada para integrar a los que se han quedado atrás, para facilitar un nuevo futuro de prosperidad. Pretendo que la tecnología sirva para abrir nuestra democracia, sometida hoy al peor periodo de oscurantismo de la historia. Intento que en África, en partes de Asia, incluso en zonas de nuestro propio país, todas las esquinas desconectadas del mundo se conecten por fin a esta nueva era".

Barack Obama aprovechó su visita a este templo de la modernidad para defender con énfasis renovado su mensaje de cambio, su promesa de que, en esta congestionada carrera electoral, sólo él representa una nueva forma de hacer política. Y lo hizo con los recursos de una gran estrella del escenario y con la complicidad de un público receptivo pero exigente que representaba mucho más que un puñado de trabajadores de una empresa; era una audiencia que reflejaba a una nueva generación de estadounidenses, más multirracial, más innovadora y más entusiasta que nunca.

Hijo de un keniano negro y una blanca de Kansas, criado en Indonesia, crecido en Hawai, formado en Chicago, con parientes y experiencias en medio mundo, Obama se identificó a sí mismo como un producto de este tiempo global. "La globalización está aquí para quedarse", advirtió, "y es un instrumento que tenemos que aprovechar para el bien de la Humanidad".

Cupieron en la tarde del miércoles en el mítico Charlie's Café del Edificio 40 de Google unas 300 personas y otros tantos ordenadores portátiles. Fue, como era previsible, una cálida recepción. De los 175.000 dólares (120.000 euros) que donantes identificados como trabajadores de Google han entregado a candidatos electorales este año, cerca de 94.000 dólares ha sido para Obama, más del doble que para Hillary Clinton. El dinero para los republicanos es mera calderilla.

Esta generosidad, en todo caso, se comprende mejor si se sabe que un millar de empleados de Google tienen acciones de la compañía por valor de más de cinco millones de dólares por cabeza. Los dos fundadores de la empresa, Larry Page y Sergey Brin, tienen 20.000 millones de dólares cada uno en acciones.

Pese a jugar en campo propio Obama no disfrutó de un paseo campestre. Todo lo contrario. Durante casi hora y media el candidato fue sometido a una larga lista de preguntas sobre los aspectos más complejos de la política doméstica e internacional, así como otros ángulos polémicos de su biografía y su carácter. El resultado fue un importante acto político que sirve para medir la categoría de Obama y, quizá, para incrementar sus posibilidades electorales.

El senador de Illinois va actualmente muy por detrás de Clinton en las encuestas a nivel nacional. Pero las elecciones primarias, que comenzarán el 3 de enero, se disputan Estado por Estado, y es así como hay que echar las cuentas. Si Obama no sufre derrotas estrepitosas en las primeras primarias, Iowa y New Hampshire, en las que la situación está más igualada, podría llegar a jugarse su futuro en California, que esta vez ha adelantado sus elecciones y se celebrarán el 5 de febrero.

Cada candidato mide ahora sus fuerzas de cara a esas fechas. Pero nadie puede aún aventurar un resultado. Obama cuenta todavía con posibilidades reales. Y en Google actuó como el futuro presidente.

Empezó las preguntas el presidente y director ejecutivo de la empresa, Eric Schmidt. "¿Qué primera medida excepcional tomará al llegar a la Casa Blanca?". La respuesta no fue tan directa, pero Obama explicó que una de sus primeras preocupaciones es "unificar esta nación políticamente dividida". Añadió que acabará con "los grupos de interés y el statu quo que dominan la vida política". Y prometió poner en marcha una "diplomacia personal", consistente en darle una oportunidad al diálogo directo con los rivales de EE UU. "La idea de que hablar con el enemigo muestra debilidad es equivocada", afirmó.

"¿Cuáles van a ser sus primeras decisiones respecto a Irak?", le preguntó Schmidt. "Al día siguiente de llegar a la Casa Blanca", contestó Obama, "voy a convocar al secretario de Estado, al secretario de Defensa, a mi consejero de Seguridad Nacional para comunicarles cuál es la nueva misión: poner fin a la guerra". El candidato demócrata explicó que su plan es retirar una brigada cada mes con intención de concluir en 16 meses, aunque admitió que "un pequeño contingente" quedará en Irak para proteger la Embajada y combatir a Al Qaeda.

Sobre Irán prometió establecer conversaciones con el Gobierno vigente. "Si esas conversaciones fracasan o Ahmadineyad se niega a hablar, al menos habremos dejado claro ante el pueblo iraní y ante el mundo cuál es nuestra voluntad". En relación con Pakistán, Obama sugirió "eliminar la ayuda militar no directamente vinculada a la lucha antiterrorista hasta que se levante el estado de emergencia".

Se le preguntó qué iba a hacer con Guantánamo. "Eso es fácil, cerrarla y restaurar el habeas corpus", dijo. "Quiero acabar con la campaña de miedo promovida por esta Administración y restaurar los valores que son esenciales en Estados Unidos".

Obama denunció los desequilibrios que sufre la economía estadounidense, habló de la vigencia del racismo y, sobre todo, de nuevas formas de discriminación cultural y religiosa. "No creo que estemos condenados al choque de civilizaciones", dijo. Citó a Kennedy, a Sarkozy y a Blair. Y mencionó la necesidad de actuar con urgencia para combatir el cambio climático porque, según él, "el planeta está en peligro".

Una de las preguntas obligó a Obama a defender el nombre de Bill Clinton, pese a que el senador de Illinois ha criticado duramente, no el miércoles, pero sí en los últimos días, a Hillary Clinton. "Bill Clinton", le recordó un empleado, "fue el único presidente demócrata elegido en los últimos 30 años y el único demócrata reelecto desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué nos pasa? Estoy harto de perder". "Los demócratas perdemos", replicó Obama, "cuando no se sabe qué defendemos, cuando nos ponemos a la defensiva, cuando somos como ellos".

Un trabajador desconfiado le reprochó que es fácil hacer promesas en las campañas electorales pero que después en Washington mandan los mismos intereses de siempre. El candidato aseguró que tomará medidas que limiten el papel de los lobbies, anunció reformas en la financiación de las campañas políticas y garantizó que el debate sobre esas reformas no será secreto ni pactado sino a la luz pública y con pleno conocimiento de los ciudadanos.

Se le elogió por la pasión con la que se expresa y por la corriente de ilusión y aire fresco que ha traído a la política, pero se le criticó por su inexperiencia y se le advirtió de que muchos se resisten a votarle por esa razón. "No parece que cuando Larry y Sergey empezaron Google tuvieran mucha experiencia", contestó, entre risas generalizadas.

Efectivamente, eran dos estudiantes universitarios sin recursos ni experiencia empresarial. Pero con una desmedida ambición. Ambos suelen contar en sus conferencias que el propósito que les movía era nada menos que el de meter el mundo entero en la red.

Barack Obama no pretende tanto.

Un político singular

- 46 años.

- Hijo de padre keniano

y madre estadounidense.

- Casado, con dos hijas.

- Estudió Derecho en Columbia y Harvard.

- Legislador del Estado de Illinois entre 1997 y 2004.

- Senador nacional por Illinois desde 2004.

- Es el único senador afroamericano en el Senado actual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de noviembre de 2007

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