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La UE afirma que España debe endurecer la ley antitabaco

La Comisión de Sanidad propone subir los impuestos y encarecer los pitillos

"España necesita reforzar su legislación para proteger mejor a los no fumadores". La frase es la última del informe que sobre políticas antitabaco ha hecho Bertrand Dautzenberg, coordinador científico para Europa del estudio Help-COmets, de la Comisión de Sanidad de la UE.

El trabajo compara las iniciativas legislativas de los Veintisiete para reducir el consumo de tabaco, y sigue a la recomendación del Parlamento Europeo, aprobada la semana pasada, de que dentro de dos años todos los lugares de trabajo estén libres de humo. Esta recomendación dejaría anticuada la ley española, que entró en vigor el 1 de enero de 2006, que no consideraba un lugar de trabajo los locales de hostelería, con lo que los camareros quedaban fuera de su protección.

Suspenso

La UE suspende a la legislación española. En una clasificación en la que se tiene en cuenta la política de precios, los lugares en que está permitido fumar o no, y el control de la publicidad y patrocinios, entre otros aspectos, España saca 45 puntos sobre 100, ligeramente por debajo del aprobado. Hasta ahora, en todos los foros, el ministro de Sanidad, Bernat Soria, ha descartado que vaya a modificarse a corto plazo la legislación.

El país mejor situado en esta clasificación es Irlanda -donde fumar está prohibido en todos los locales cerrados-, con 74 puntos. El que peor, Luxemburgo, con 26. De los 27 países de la UE, suspenden 16.

La otra conclusión del trabajo que se refiere específicamente a España es que "debe elevar los impuestos sobre el tabaco para proteger tanto a los fumadores como no fumadores de la contaminación por humo de tabaco". El precio medio de una cajetilla en España es de 2,95 euros, el 18º de la lista, lo que "no se corresponde con su nivel de desarrollo". La cantidad está muy lejos de los 7,89 euros que cuesta la cajetilla media en Reino Unido, o los 7,05 euros de Irlanda. El tabaco más barato está en Letonia (1,17 euros), Rumania (1,48 euros) y Estonia (1,73).

La posibilidad de utilizar los impuestos es rechazada por el Ejecutivo porque el precio del tabaco está incluido en el índice de precios al consumo (IPC), que es el indicador que marca las subidas de sueldos y muchos servicios. Sólo cuando las tabacaleras intentaron eludir el efecto de la ley antitabaco sacando al mercado marcas baratas, Hacienda intervino subiendo los impuestos.

Pero estos datos, son sólo una parte del trabajo. El estudio ha medido la cantidad de monóxido de carbono (CO) exhalado por las personas. Este gas se produce por la combustión de maderas, hidrocarburos, pero también -y, sobre todo- del tabaco. La concentración de este gas se midió en 111.385 fumadores y no fumadores en los 27 Estados de la UE. De ellos, 49.392 eran consumidores de alguna de las formas en que se consumen los derivados del tabaco.

La primera conclusión de esta medición es clara: la concentración de CO exhalado entre quienes fumaban (17,5 partes por millón) es el doble que la media tomada de la atmósfera al aire libre (8,5 partes por millón). Entre los no fumadores esta concentración es de 3,9.

Pero el humo del tabaco también se puede detectar entre quienes no fuman y lo respiran. La concentración se dobla después de ocho horas de exposición. Un argumento más para quienes, como el Comité Nacional de Prevención del tabaquismo, presionan al Ejecutivo para que se prohíba fumar en todos los lugares de ocio, ya que consideran que la ley que aprobó la exministra de Sanidad Elena Salgado dejaba a esta inmensa bolsa de población (se calcula que en España hay más de 200.000 bares y restaurantes) desprotegidos.

Peor, el hachís

Otro resultado curioso es el que permite graduar los productos del tabaco en función de su riesgo. El CO exhalado por cada unidad fumada aumenta en 1,8 partes por millón si se ha consumido un cigarrillo estándar o uno hecho con tabaco para liar; sube en 2,5 partes por millón después de fumar porros de hachís -lo que indica que es más peligroso para los pulmones, aparte de sus efectos psiquiátricos-; 3,1 partes por millón tras un purito, 3,3 partes por millón después de una pipa; 3,8 partes por millón por un puro y 11 partes por millón con una pipa de agua.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de octubre de 2007