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Reportaje:Fórmula 1 | Gran Premio de Brasil

Alonso necesita otro milagro

El español, cuarto en la parrilla, da prácticamente por pérdido el título - Hamilton, segundo, tras Massa, se ve envuelto en otra polémica al perjudicar a Raikkonen en una curva

No podía acabar de otra forma. El Campeonato del Mundo de fórmula 1 vivió ayer la última situación esperpéntica, justamente un día antes del inicio de la última carrera, el Gran Premio de Brasil. Con el título en juego, el británico Lewis Hamilton se situó en la segunda posición en la parrilla de salida, detrás del brasileño Felipe Massa, y evitó que los comisarios le investigaran por haber perjudicado al finlandés Kimi Raikkonen cuando estaba dando su última vuelta rápida. El McLaren Mercedes del líder del Mundial salía de los boxes y el Ferrari del tercer clasificado en la general cruzaba aquella curva en aquel momento. Raikkonen quiso evitar a toda costa que Hamilton se le colocara delante y eso le obligó a forzar su ritmo y luego a frenar en el giro.

Con problemas en las gomas, el pesimismo se apoderó de Alonso

"Este chico puede hacer lo que quiera", dicen en Ferrari de Hamilton

"Es evidente que me ha molestado", afirmó Raikkonen en la conferencia de prensa; "no sé el tiempo que puedo haber perdido, pero, si me hubiese dejado pasar, habría hecho una vuelta bastante mejor". Poco después, Stefano Domenicale, el director deportivo de Ferrari, especificó que el incidente le había costado alrededor de tres décimas de segundo a Raikkonen. "Pero no ocurrirá nada", agregó; "este chico [Hamilton] puede hacer lo que quiera". Lo cierto es que la scuderia se movilizó para intentar hacer una reclamación, pero, cuando llegaron a las oficinas de la FIA, se encontró con la sorpresa de que había hecho tarde. "Llega fuera de tiempo", se le respondió. Domenicale no se conformó. Quiso dejar constancia del suceso y puso en manos de los comisarios una actuación de oficio. Ésta no se produjo.

El incidente, sin embargo, causó algunos estragos en la conferencia de prensa posterior a la prueba cronometrada. "¿No cree que estorbó a Raikkonen?", se le preguntó a Hamilton. "He salido rápido de los boxes porque me estaban diciendo por la radio que lo hiciera porque, si no, iba a perjudicar a Alonso. Los espejos vibraban mucho y no vi que venía Kimi. Cuando me di cuenta, intenté irme a la izquierda para no molestarle. Pero no quiero hablar más de este tema", alegó. Sin embargo, otro periodista insistió: "¿Cree que es la mejor forma de hacer su trabajo, de ser un buen deportista?". "¿Y usted cree que está haciendo bien su trabajo?", le respondió un Hamilton casi fuera de sus casillas, nervioso. Sin embargo, nada de todo eso sirvió para que los comisarios de la carrera se movieran un ápice de sus decisiones. "No vemos motivo para investigar", adujeron a pesar de que hace un año no dudaron en aplicar una sanción de la pérdida de sus tres mejores cronos a Alonso por haber perjudicado a Massa en la cronometrada de Monza cuando, en realidad, nunca estuvo a menos de 100 metros de él.

Hamilton salvó la situación. Y en McLaren respiraron tranquilos. El británico queda en una excelente posición para afrontar la carrera que puede darle el título mundial y convertirle en el primero que lo logra en el año de su debut y en el más joven de la historia. Su principal rival, Alonso, quedó relegado a la cuarta posición en la parrilla, superado también por Raikkonen, y saldrá desde una comprometida segunda línea. Hamilton tiene una ocasión de oro para marcar su ritmo de carrera, largarse y dejar atrás al español, metido en el tráfico, detrás del finlandés y perdiendo tiempo en cada una de las vueltas.

El pesimismo se había apoderado ya de Alonso por la mañana al comprobar que tenía serios problemas con los neumáticos blandos. "Le van mejor los duros, pero tendrá que salir con los blandos a hacer el tiempo", había confesado su padre, José Luis, poco antes de la cronometrada. "No soy optimista", concluyó. Y la cronometrada confirmó que no había motivos para serlo. Alonso hizo el segundo tiempo en la primera sesión. Pero luego, también con duros, quedó el cuarto. Y en la tercera los malos augurios se confirmaron. Alonso tenía el rostro desencajado. Ayer veía el título perdido. Hoy le quedan 71 vueltas para enderezar la situación. Pero parece realmente difícil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de octubre de 2007