Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

"Vuelve, no puedo vivir sin ti"

Cientos de personas despiden a Jessica en un desgarrador adiós de su familia y compañeros

Jon tiene ocho años recién cumplidos. Ayer todavía pensaba que el retraso de su hermana en volver a casa era un acto de rebeldía. Le costó asimilar que se fue a Barcelona y no va a regresar jamás. A media mañana de ayer le escribió una carta para que se dejase de historias: "Vuelve Jessica, no puedo vivir sin ti". A media tarde ya estaba todo claro. Se lo explicaron como pudieron y su pequeño mundo cargado de afectividad se desmoronó. Fermín Urizar, su padre, cogió la carta, la envolvió en una carpeta rosa y la llevó consigo todo el funeral por la niña. Se la entregó a su hija en el último momento entre tremendas muestras de dolor. Su madre no se separó del peluche preferido de la pequeña, fallecida el pasado viernes en un albergue barcelonés tras acudir sin éxito a dos centros sanitarios.

"Le estuve dando agua a sorbos con un poco de azúcar", recuerda su amiga Maider

Fue un desgarrador adiós. Cientos de personas abarrotaron la iglesia y la plaza de la pequeña localidad vizcaína de Kortezubi, de menos de 400 habitantes. Decenas de niños recordaron a su amiga y todos se preguntaban con el corazón encogido por qué ha pasado esto.

El funeral y el posterior entierro fueron el final de un largo día de dolor, un día en el que el pequeño universo de Kortezubi la recordó. Cada uno de sus vecinos aportaba una de las piezas del mosaico de su vida.

Angelita se sentó en las primeras filas de la iglesia. Ella fue la encargada de la larga catequesis que Jessica y sus compañeras de colegio siguieron durante casi seis años antes de hacer la primera comunión la pasada primavera. "Eran como mis nietas. Todavía el domingo me levantó la mano para despedirse cuando se montaba en el coche", explicaba.

El lunes partió con otros alumnos de su colegio hacia el albergue barcelonés de Cabrera de Mar. Ayer, de madrugada, regresó sin vida a su pueblo. Murió el viernes vomitando y con la respiración muy agitada, sin que todavía se hayan determinado las causas de su muerte.

Un anciano aguardaba sentado delante de la iglesia de Santiago Apostol desde las cuatro de la tarde. El funeral comenzó a las seis. "Las he visto crecer y correr desde tapones", decía con esa emoción que a los viejos les da igual que asome.

Los padres de Jessica han estado protegidos en todo momento por el alcalde de Kortezubi, Txomin Bilbao, del PNV. Además de amigo, Fermin es compañero suyo de partido y corporación. Es Bilbao quien ha asumido la dura tarea de explicar los sentimientos de la familia. Y su hija Maider, íntima de Jessica, fue quien le vio respirar sus últimas bocanadas de aire. Pese a sus once años, ha tenido que aparcar la niñez y las vergüenzas y dudas de su edad y enfrentarse al mundo de los adultos.

Cuando, a mediodía, Maider se acercó a la plaza del pueblo, tras la misa de once, fue recibida con mucha emoción. Los vecinos que bajaban la larga y verdosa escalinata húmeda del templo la abrazaban cariñosos.

Poco después le puso voz a sus recuerdos: "El lunes y el martes estaba súper bien. Empezó el miércoles con pitidos". Entonces Maider se toca el pecho. Jessica llevaba toda su medicación para el asma que padecía por si sufría un episodio. "Llevaba la pastilla, el inhalador y gotas para los ojos. Pero empeoró el jueves con calentura [fiebre] y dolor así por aquí [se toca el estómago]. Por eso fue al médico. Por la noche se puso peor y tenía mucha calentura y se destapaba, y yo la tapaba..."

Feli, otra vecina, andaba por allí. También es amiga de la familia y conocía a las niñas, como todos en esta pequeña localidad de apenas 400 habitantes, aunque la gran mayoría viven diseminados en los caseríos del entorno. "Lo que es la vida. Hace una semana, Fermín, el padre de Jessica, me decía 'tienes que olvidar Feli, tienes que olvidar." Feli perdió a sus dos hijos hace más de una década en un accidente de coche. Entonces tenían 12 y 21 años. "Lo que es la vida...", no paraba de repetir.

Maider recordaba que a su íntima amiga le gustaban los caballos. En Cabrera, durmieron en la misma habitación: ella en la litera de arriba; Jessica, en la de abajo. "Le estuve dando agua a sorbos pequeños con un poco de azúcar. Y se durmió a las tres, o tres y media. A las cinco y media o seis se puso peor, vomitaba y estaba más agitada, respiraba muy profundo y luego dejó de hacerlo. Pensamos que estaba dormida, que descansaba. Y eso... ya no..."

El reloj de Jessica era de agujas. No le gustaban los digitales. Su madre se lo regaló el pasado 15 de julio cuando cumplió los 11 años. Ya era una señorita. El reloj se paró hace tres días. Tras el funeral, Maider se abrazó a Jaqueline, la madre de su amiga. Ninguna de las dos podía parar de llorar.

TRES DÍAS DE INCERTIDUMBRE

MIÉRCOLES, 10. Jessica empieza a sentirse mal. Está pálida y empieza a vomitar.JUEVES, 11. (13.00). Excursión al monasterio de Montserrat. Jessica, con fuertes mareos, es atendida en el dispensario de la abadía. Sale por su propio pie y continua la excursión. Por la tarde, de vuelta en las colonias, sufre agudos dolores de estómago y vómitos. (20.25). En el centro médico de Vilassar de Mar le diagnostican gastroenteritis vírica y le recetan jarabe. Por la noche, telefonea a su madre: "Ama', quiero volver a casa".VIERNES, 12. (6.40). Los responsables del albergue piden una ambulancia al servicio de emergencias. Jessica continúa con vómitos y mareos. Delira y está semiinconsciente. (7.28). La niña muere media hora después de la llegada de la primera ambulancia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de octubre de 2007

Más información