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Los diputados investigan el Gaiás sobre el terreno

El gigante del arquitecto Eisenman provoca reacciones encontradas entre los miembros de la comisión de la Cidade da Cultura

Poco a poco, oculta bajo los techos de piedra que ya envuelven la cumbre del monte Gaiás, la Cidade da Cultura se expande en toda su magnitud. El gigante de Peter Eisenman, el sueño de Manuel Fraga, la máquina que se tragará no menos de 400 millones de euros del erario público avanza fuera de plazo y de presupuesto.

Sus dimensiones impresionaron ayer a los diputados de la comisión parlamentaria que investiga la ejecución del complejo cultural, que quisieron comenzar su trabajo con un paseo sobre el terreno. Del asombro surgieron tantas lecturas como grupos parlamentarios.

"Estamos gratamente sorprendidos por esta magnitud", afirma un diputado del PP

Los socialistas ponen en duda la utilidad de la visita para el trabajo de la comisión

Una frase del diputado popular Roberto Castro, pronunciada al término de la visita, resume el ánimo con el que el Gobierno de Fraga emprendió la ciclópea obra: "Estamos gratamente sorprendidos por esta magnitud". En efecto, el gran tamaño de la Cidade da Cultura vista desde sus entrañas fue la principal conclusión de los parlamentarios. Aunque semejantes dimensiones no fueran del agrado de todos ellos. "Esto se concibió como una desmesura arquitectónica sin contenido", criticó el socialista Xaquín Fernández Leiceaga. Más pragmático se mostró Carlos Aymerich, portavoz del BNG y compañero de partido de la conselleira de Cultura, Ánxela Bugallo: "Las obras marchan a un ritmo razonable; esperemos que se construyan cuanto antes".

De la utilidad que el paseo por el Gaiás pueda tener para el trabajo de los diputados, todo son dudas. "Si nos fiamos por el volumen de las obras, hay mucho que investigar, pero lo que de verdad nos tiene que preocupar es cómo se invirtió el dinero y cómo se está trabajando", recordó Aymerich. De nuevo más contundente, Leiceaga precisó: "Para el trabajo de la comisión de investigación, esta visita no es sustantiva, porque vamos a centrarnos en otros asuntos".

Los asuntos a los que se refiere Leiceaga tienen que ver con el informe del Consello de Contas del año 2004, que desvela irregularidades en la ejecución del proyecto y denuncia la abdicación de su gestión responsable. O sea, que se gastó el triple de lo previsto. Puestos a comparar con el Guggenheim de Bilbao, como hizo el ex conselleiro de Cultura Jesús Pérez Varela para justificar el desfase, éste "no es del 15%, sino del 200%", precisó el diputado socialista. Más bien, añadió Leiceaga, la Cidade da Cultura recuerda "a otros proyectos de Valencia, con dimensiones y desvíos presupuestarios semejantes".

Claro que para el Partido Popular, todo está justificado. "Ninguna obra pública de cierta entidad se puede calcular al milímetro", se defendió Roberto Castro. "Cualquier incidencia, por ejemplo una falla en el terreno, puede modificar la cuantía inicial sin que signifique nada especial". Por eso, "no puede extrañar a nadie que cambie el presupuesto", añadió. Dicho esto, el diputado del PP pasó a la ofensiva. "La actual Xunta está desnortada, y hay un montón de trabajos pedientes de finalizar", criticó, en referencia a la reformulación del proyecto elaborado por el bipartito.

El ambiente distendido que presidió la visita, guiada por el arquitecto de la oficina técnica de la Fundación Cidade da Cultura, se esfumó ante los micrófonos. Y puestos a marcar territorio, los populares dieron queja del funcionamiento interno de la comisión de investigación. "Nos da la impresión de que habrá problemas con algunos comparecientes", espetó Roberto Castro, que acusó a la Xunta de "no facilitar nombres" de personas cuyos testimonios, en su opinión, podrían ser decisivos para la investigación. Su acusación fue ratificada después por el portavoz del PP, Manuel Ruiz Rivas, que presentó una queja formal ante la presidenta del Parlamento, Dolores Villarino, en la que acusa a la mesa de la comisión de impedir la comparecencia de los arquitectos Norman Foster y Peter Eisenman.

El mismo autobús que condujo a diputados y periodistas desde el Parlamento al monte Gaiás dio una última vuelta al grupo por el complejo, al que apenas le queda el edificio del Teatro de la Música para completar la infraestructura. Después de dos horas de recorrido y otra media de intercambio de acusaciones, los comisionados volvieron al autocar con destino al Pazo do Hórreo. Tras pisar el cemento de los 400 millones de euros, ahora sólo les queda investigar.

Atrapados entre calderas

Un arquitecto recibió a los diputados en lo alto del monte. Comenzaron las explicaciones: la forma de concha de vieira, la trama de cuadrículas, la evocación de la ciudad vieja de Santiago, las sendas de los druidas...

La comitiva se puso el casco y se adentró en los edificios. Como si se tratara de encontrar por algún lado los millones desfasados, se paseó por la hemeroteca, casi lista. Pasó a la biblioteca, donde los obreros trabajaban a buen ritmo. Un agujero es todo el vestigio del futuro teatro de la música, que se levantará en el centro del complejo. Al otro lado, el museo y los servicios centrales, dos edificios de estructura ya perfilada. Quedaba la visita a las entrañas del complejo. Escaleras abajo, llegó el grupo a una gran galería de servicios, el enorme túnel que conectará todas las construcciones.

Una puerta condujo a las calderas. Se cerró al paso del último miembro de la comitiva, que quedó atrapada en el angosto espacio. Las risas se volvieron tensas cuando ni Aymerich ni Leiceaga lograron abrirla con sus empujones. Minutos después, un pasadizo alternativo alivió la situación, pero dos periodistas se perdieron por los pasillos. "Andarán por las sendas druídicas", bromeó Aymerich.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2007

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