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'Kamikazes' al volante

Bombas en dirección contraria

Tráfico considera que la conducción 'kamikaze' es fruto del error o la enajenación

En el último mes cuatro personas han muerto en la región por tremendos choques con conductores que circulaban en dirección contraria. Curiosamente, todos los fallecidos viajaban en los automóviles que iban en sentido correcto. EL PAÍS estuvo durante una jornada patrullando con expertos de la Guardia Civil para indagar en un fenómeno que ha aumentado en los dos últimos meses. Las causas son, principalmente, dos: errores involuntarios o una enajenación mental que demanda usar el coche como un instrumento autodestructivo. En ambos casos, el ingrediente de la receta es el alcohol: dan positivo el 95% de los implicados. La nueva legislación, aprobada esta semana, penará estas conductas con hasta cinco años de cárcel.

El agente Rubén, silencioso y cavilante, apenas se altera cuando recuerda al último individuo que detuvo por desafiar el sentido de la circulación. Fue el pasado mes de enero. Lo localizaron por las pantallas, cruzaron sus códigos, -"¡Alfa Charlie!"-, desplazaron a los coches patrulla y presionaron los botones adecuados de sus vehículos oficiales.

El agente avanzó y vio al conductor, que estaba "acurrucadito y con una gran borrachera"

"Es curioso, pero casi siempre el que se salva es el que va mal", dice un guardia civil

Entonces, la autopista quedó congelada en el sentido correcto, la madrugada se llenó de destellos de colores y el agente Rubén avanzó, cubierto por sus compañeros, hacia el vehículo rebelde, que ya se había detenido en el arcén. No se veía a nadie. El guardia avanzó con sigilo y entonces sí lo vio. Estaba reclinado en el asiento. Dormido y roncando, "acurrucadito y con una borrachera tremenda".

El sargento Queipo, que durante el servicio no tiene nombre propio, mueve ciego el dedo índice por el salpicadero del coche patrulla. Ya lo tiene. La pantalla líquida se ha fijado en la frecuencia musical apropiada: Kiss FM. El motor arranca y el agente Rubén, natural de Béjar, provincia de Salamanca, se abrocha el cinturón. Comienza la jornada. Una ruleta "impredecible" que les mantendrá ocho horas patrullando, arriba, abajo y por los costados, en la autovía A-3.

"Esto no son matemáticas", advierte el sargento Queipo, 20 años al volante de un vehículo de la Guardia Civil de Tráfico. "Nunca sabes lo que te vas a encontrar", insiste, antes de enmarcar unos de sus aforismos acuñados en dos décadas de asfalto: "Nada es raro en la carretera. Hay cosas que no son frecuentes... pero nada sorprende".

Por ejemplo, como Rubén en enero, ni se inmutan si se topan con alguien que circula a contramano. "Pasa bastante últimamente", confirma el sargento sopesando el adverbio. La percepción a pie de obra del mando de la Guardia Civil, que se las sabe todas, coincide con las estadísticas no oficiales de los distintos organismos: "Ha aumentado en los últimos dos meses", explica un funcionario de Tráfico. Sólo en septiembre hubo tres casos: murieron cuatro personas. Todos los fallecidos fueron los de los coches que iban en la dirección correcta. "Es curioso", vuelve a tirar de experiencia el sargento Queipo, "casi siempre el que se salva es el que va mal". Las últimas estadísticas datan de 2004 y señalan 91 casos en toda España que acabaron en los jueces.

"¡Quiero aclararlo de una vez: los conductores kamikaze son una leyenda! Son gente que se equivoca o que tiene problemas mentales", zanja el director general de Tráfico, Pere Navarro.

"No hay kamikazes, ¿me entiende? Eso lo usan los medios", explica con la voz cargada de paciencia el comandante Seco, de la Guardia Civil. Son, insisten, CCC. Ésa es la terminología adecuada: CCC (conductores en circulación contraria).

Las cifras hablan de que más del 95% de los implicados en estos casos, o sea, los CCC, transporta en la sangre mucho más alcohol que el permitido (0,25 miligramos de alcohol por litro de aire espirado). Beben y se emborrachan. Después se despistan. O deciden que su vida ya no vale la pena -"y la de los otros tampoco, son unos criminales", apostilla Ana María Campo, presidenta de la asociación Stop Accidentes- y se lanzan retando a las señales invertidas que encuentran a su paso suicida.

"Algunos se dan cuenta y cuando llegamos ya han dado la vuelta", explica el sargento Queipo. Tampoco es raro, dice, que las llamadas que advierten de que hay un CCC sean falsas. Hay camioneros que lanzan alarmas para que la patrulla se desplace y no les pille a ellos. Otros, tras ver el operativo que despliegan los agentes -varios coches se ponen a su altura avisándoles- se detienen sin que suceda nada. "Se quedan fríos, muy asustados. En realidad se han confundido", describe el sargento Queipo, que viendo los recovecos de "su" autopista, se pregunta: "¿Cómo se podrán confundir, si a veces es dificilísimo y hay que hacer hasta maniobras?".

Por ejemplo, la chica que el pasado 27 de septiembre se estampó en dirección contraria en la carretera de Castilla contra un BMW cuyo conductor, de 19 años, falleció. Mario Arnaldo, de Automovilistas Europeos Asociados, ve "casi imposible" que fuera un error. "Era más difícil ir mal que bien", señala. Arnaldo compara la alarma que desatan los kamikazes con "un aviso de bomba". Una bomba que ya casi nunca es por una apuesta, como sucedió a finales de los ochenta y que motivó el primer cambio de legislación al respecto en 1989. Ahora, llega el segundo: los infractores tendrán tiempo para reflexionar. Podrán pasar hasta cinco años en la cárcel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de octubre de 2007