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Reportaje:MÚSICA

El verdadero oro de Perú

El país invitado este año al Liber, del 3 al 5 de octubre, no sólo tiene una literatura y unos autores por descubrir. Dos discográficas madrileñas están rescatando grabaciones históricas peruanas, la mayoría inéditas, que cubren desde la eterna Chabuca Granda a la ignorada música tropical de los sesenta, sin olvidar el salvaje rock local.

Qué bendición: todavía salen discos que te abren panoramas desconocidos. Que te cambian la perspectiva que tenías de un país y una época. Y que son, fuera de toda consideración historicista, puro deleite. Eso ocurre con ¡Gózalo! Bugalú tropical, la serie -va por el segundo volumen- con que Vampisoul revela la efervescente música caribeña que se hacía en un país que, paradójicamente, mira al Pacífico: Perú.

Vampisoul es el sello de Munster Records especializado en reediciones. La compañía deseaba rescatar el potente rock peruano de los sesenta, Los Saicos y compañía. Su contacto en Lima es Rafael Hurtado de Mendoza, un arquitecto melómano que llegó a Madrid con una sorpresa bajo el brazo. Investigando en el catálogo de MAG (iniciales de Manuel A. Guerrero, su fundador), halló asombrosas muestras de música tropical. Muchas encajaban en los esquemas del bugalú, fusión neoyorquina del rhythm and blues y los ritmos cubanos.

Desde los años noventa, el bugalú goza de una notable revalorización en las pistas de baile de todo el mundo: se está reactivando hasta la serie B del género. El valor de ¡Gózalo! es que, en sus mejores momentos, el bugalú peruano se escapaba de la mera fotocopia de los patrones del Spanish Harlem. En aquellas orquestas había muchos músicos de jazz que dejaban rastros de su primera querencia. Así, aparecen agrupaciones donde el instrumento principal era la guitarra eléctrica, ausente en los discos de Nueva York. Curioso: hay ecos colombianos pero ni rastro del cajón y demás hallazgos afroperuanos.

Aparte de seguir con el rock de Los Saicos, El Polen, Yorks y Telegraph Avenue, Vampisoul tiene en cartera otras delicias peruanas. Investiga el inmenso legado de la chicha, la música de los indios urbanizados, que combina el huayno autóctono, la cumbia y elementos del rock. Aparentemente, hasta se desarrolló algo que merecía el título de chicha psicodélica, con grupos como Los Orientales, Los Mirlos o Juaneco y su Combo. La chicha ha sido tan popular en Perú como ignorada por la cultura oficial. Cuestiones de clases: es la voz de los cinturones de pobreza que rodean a las grandes ciudades.

La segunda discográfica es

pañola comprometida con los sonidos peruanos es Nuevos Medios. Allí trabaja Paul Hurtado de Mendoza, hermano del precitado Rafael, que está detrás del lanzamiento de ejemplares discos de Chabuca Granda, Chacalón y la Nueva Crema o los Belkings (rock instrumental). En preparación, una antología de la música afroperuana, que abarcaría desde temas de Nicomedes Santa Cruz a grabaciones hechas ex professo por Álex Acuña; posiblemente incluirá un DVD documental de Javier Corcuera.

Asombra que apenas haya reediciones similares en Perú. Paul Hurtado explica la situación: "Primero, la piratería es tan enorme que disuade a las compañías de preparar discos cuidados, que llegarían inmediatamente al top manta. Segundo, se han perdido los archivos o están desordenados: todavía es posible hallar cintas inéditas de Chabuca, como la que reeditamos hace poco: Déjame que te cuente. Finalmente, hay un cierto desprecio por lo popular y por lo propio; no tenemos, por ejemplo, un García Márquez, que reivindica el vallenato".

Según Paul, Perú es una cantera inagotable para los buscadores de música: "Funcionaban compañías muy profesionales, como MAG, Sono Radio, IEMPSA, El Virrey, INFOPESA. Usaban sus propios estudios y grababan sistemáticamente artistas de diferentes palos: rock, chicha y música tropical en todas sus variedades. También era un mercado interesante para los artistas extranjeros, actuaban desde Pérez Prado a Duke Ellington: Perú estaba muy al tanto de lo que se hacía fuera".

Hubo otra visita más sorprendente: a principios de 1969, los cabecillas de los Rolling Stones aterrizaron en Lima. Según la leyenda, Mick Jagger y Keith Richards querían investigar en las músicas (y las drogas) selváticas. En realidad, buscaban evadirse tras un año particularmente tormentoso, con tribunales y cárceles. Un curioso librito de Sergio Galarza y Chucho Peñalosa, Los Rolling Stones en Perú, recién publicado por la editorial extremeña Periférica, investiga sobre lo que fue un choque de culturas en toda regla, con acusaciones de "escándalo público" y expulsiones de hoteles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de septiembre de 2007