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Reportaje:Catástrofe en Grecia

La corrupción aviva los fuegos griegos

La ineficacia del Estado y las deficiencias administrativas agravan las devastadoras consecuencias de los incendios forestales, que han causado 64 muertos y arrasado varias regiones

La mañana en la que Sofia Nikolopulis, de 77 años, decidió preparar en su cocina del patio un pastel funerario tradicional en homenaje de su padre soplaba un fuerte viento del sur. "Cuando llegué a las dos y media del viernes 24, mi tío me recibió con un vaso de vino. Le dije que olía a quemado y en seguida vimos cómo el fuego saltó la verja de la casa y se fue por el otro lado del monte a gran velocidad", asegura Kostas Katsabulas, sobrino de la mujer a la que un juez de Pirgo acusa de 37 homicidios involuntarios en serie. "Se puso a hacer el kolivo y con las visitas de sus hijos se olvidó del fogón", explica Kostas.

Por donde se le escapó la llama a Sofía, un terreno escarpado repleto de olivos, pinos y maleza seca, está Anilio, un pueblo preñado de dolor. Decenas de mujeres enlutadas abarrotan la plaza junto a la iglesia. Se celebra el funeral por Manis Siordinis, de 43 años, el guarda forestal que murió abrasado en la carretera de Artémida junto a 23 personas cuando acudía a socorrerles en su motocicleta. Estaba casado, tenía dos hijos y llevaba una semana en el cuerpo. Es el primero de un rosario de sepelios en el municipio de Zajaro, el más castigado por una catástrofe que ha transformado el Peloponeso, cuna de la cultura europea, en un paisaje neroniano y desolador.

"Si no hubiera elecciones, no habría dinero", afirman en el Peloponeso

"No hay catastro ni mapas de bosques", señala el historiador Yanoulopuolos

Mientras se salvaba el patrimonio histórico, varios pueblos ardían por falta de socorro

En Atenas, los conservadores de Nueva Democracia (ND), en el poder desde marzo de 2004, y los socialistas del PASOK minutan, lejos de un paisaje nebuloso por el humo, las consecuencias de la tragedia en el ánimo de los griegos, convocados a las urnas el 16 de septiembre. "Los votantes deberán optar entre dos sentimientos contradictorios", explica Nikos Alivizatos, catedrático de Derecho Constitucional, "el de seguridad, de quien paga y tiene la capacidad de hacerlo, y el de revancha, castigar al responsable".

El Gobierno de Kostas Karamanlís no ha querido correr riesgos y ha abonado indemnizaciones urgentes: 3.000 euros por afectado y 10.000 por casa quemada. Incluso han cobrado los de la región de Egialia, cerca de Corinto, afectados por un fuego hace un mes y medio y ahora recordados de pronto por las autoridades del país. "Si no hubiera votaciones, no habría dinero", afirman en el Peloponeso.

"Es imposible predecir lo que va a pasar. El número de indecisos es muy alto, cerca del 15%. El Gobierno ha vivido esta semana un momento de pánico, de creer que perdía las elecciones", afirma el historiador Yanis Yanoulopuolos. "Eso explicaría las disparatadas declaraciones de la habitualmente moderada [ministra de Exteriores] Dora Bakoyanuis, que culpó a la coalición Synaspismos

[Alianza de las Izquierdas: eurocomunistas, entre otros] de estar detrás de los incendios. O las del ministro de Interior [Vyron Pulidoras, muy derechista] que habló de conspiración anarquista. (...) Otros, como el ultraderechista Giorgos Karatzaferis

[de la Alianza Popular Ortodoxa (LAOS), con muchas opciones de entrar en el Parlamento], y que acusó a los turcos primero y a los inmigrantes albaneses, después, tratan de sacar votos en esta crisis. Pero como dice un amigo psiquiatra, en todo país hay estadísticamente un 10% de paranoicos.

Kipatísia, cerca de Megalópolis, en Arcadia, es un pueblo fantasma: ni personas, ni animales de corral o de carga. Ni perros. La estrecha carretera serpentea entre dos mares negruzcos de tierra quemada que despide un intenso calor. Las llamas acaban de pasar por aquí. Parece evacuado de repente, a toque de corneta o de alarma, en medio de la noche dejándose atrás coches, aperos de labranza y barreños de agua preparados. A mediodía, la aldea se despereza, sale de la invisibilidad y se puebla con sus 12 habitantes.

Vangelis, de 41 años, se acaba de despertar de una cabezada de un par de horas tras una sexta noche en vela: "Las autoridades se dejaron sorprender. Hay una mala coordinación. Casi todos estos fuegos son provocados, pero no sé por quién. Estamos al límite de las facultades humanas". De repente se escucha una voz de alarma. Un humo negro y agrio se yergue como el de una bomba. Otro fuego ha prendido en el pueblo de Maylia, a unos 800 metros. Las llamas devoran los cipreses del cementerio convertidos en teas. Cuatro hidroaviones [España ha enviado hasta cinco a Grecia], tres helicópteros y equipos de bomberos llegados desde Chipre logran salvar las viviendas después de muchas horas de lucha.

El Gobierno del primer ministro Karamanlís se ha defendido de las acusaciones de ineficacia e ineptitud blandiendo el fantasma de la conspiración (incluso el ultra Karatzaferis comparó lo ocurrido en Grecia con el 11-S de Estados Unidos) y sostiene que ningún país puede estar suficientemente preparado para enfrentarse a 120 incendios simultáneos.

Alivizatos cree que el problema es otro, mucho más profundo. Sostiene el constitucionalista que la tara original del Estado griego es que se creó antes de la sociedad civil. Por eso está marcado por el caciquismo y el clientelismo. Muchos recuerdan estos días que ND despidió a 4.000 bomberos y a algunos experimentados jefes nombrados durante la administración del PASOK. Son precisamente los 4.000 que ahora han faltado en los fuegos del Peloponeso.

"Un Estado fuerte es más grande de lo necesario. Es lento, ineficaz y burocrático, aunque sirva para controlar los votos. Espero que se aproveche la oportunidad y se cambie", dice el constitucionalista Alivizatos. "El problema del Estado [un 50% del PIB depende del sector público] es que resulta demasiado visible, pero completamente inútil", apunta Yanoulopuolos, para quien los dos partidos son culpables. "En Grecia no hay catastro [sólo existe en el Dodecaneso, las 12 islas, entre ellas Rodas, que estuvieron bajo dominación italiana]. No existen mapas de los bosques. Tenemos numerosas leyes contradictorias que convierten todo pleito sobre la propiedad de la tierra en una ruleta".

Alivizatos recuerda que tampoco existe una Ley de Ordenación Urbanística que permita saber qué suelo está reservado para construir y cuál no. Ambos consideran que este agujero negro legal es la razón de fondo de los incendios: los bosques son víctimas de los especuladores, tanto urbanísticos como los que buscan pastos, además del efecto combinado del calor y el cambio climático. "Los partidos conocen el problema, pero no comprenden la urgencia de la solución", comenta.

En el valle donde se asienta Anilio, la aldea que acaba de enterrar a su guardabosques Siordinis entre gritos de héroe, ya se hacen las cábalas con la siguiente catástrofe. El alcalde de Zajaro, Pantazis Yanópulos, a quien todos quieren porque salió al monte a salvar vidas poniendo la suya en riesgo, teme las inundaciones de otoño sin árboles para frenar las tierras y las aguas. "Quizá no haya que esperar a octubre o noviembre y basten las primeras lloviznas", señala. Algunos como Zanasis Kulopulos, que posee una tienda, han preguntado por el precio de un seguro y le han contestado con un redondeo de auténtica usura: 500 euros al año.

En Artémida, donde aún huele a ceniza, un hedor agrio y penetrante, se preparan para superar los 17 funerales que le han tocado en mala suerte. Sofia Ioanis ha regresado para el entierro de la familia Paraskevópulos. Se trata de su sobrina, la madre que murió junto a sus cuatro hijos, convertidos en el símbolo humano de esta tragedia. Como también lo es la vieja Olimpia, a la que el fuego pasó lamiendo el museo, arrasó el monte Cronos y quemó parte de la hierba del estadio que vio nacer los Juegos Olímpicos hace 28 siglos.

La antropóloga Alezaki Maro explica cómo los hidroaviones salvaron milagrosamente los tesoros arqueológicos, una decisión que también ha resultado polémica porque mientras se preservaba parte de la historia ardían varios pueblos por la tardanza en el socorro.

Giogos Vlajadomis, uno de los tres abogados de Sofia Nilolopulis, la mujer acusada de 37 homicidios por imprudencia temeraria, considera que su cliente es un "chivo expiatorio" del Gobierno, que a falta de otros detenidos de relumbrón, la ha tomado con ella. Este letrado de 38 años explica que su defensa se basa en que el segundo fuego que apareció casi simultáneamente por el sur del valle fue el causante de la destrucción que afectó a Artémida y Anilo, y no el de su clienta. Exige el letrado que se realicen autopsias a los muertos para determinar si son víctimas de un incendio o de otro.

"Nueva Democracia llegó al poder hace tres años y medio con la promesa de regenerar la vida pública, de sustituir el clientelismo por la meritocracia. Muchos les creyeron. No ha cumplido sus promesas y en el último año han recaído en la política de siempre. Los 3.000 euros repartidos por gente próxima a ND, sorteando a las autoridades locales, son un ejemplo", se queja Yanoulopuolos.

En Grecia, un país que es socio de la Unión Europea desde 1981, cinco años antes que España, la enfermedad del clientelismo viene de lejos. En el siglo XIX y gran parte del XX tuvo su manifestación más radical: cada cambio de Gobierno suponía la sustitución masiva de toda la Administración, hasta el último funcionario. Aún queda en Atenas una explanada a la que rodeaban muchos de esos ministerios que rememora aquellos despidos con un nombre repleto de crueldad popular: plaza de los Llorones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de septiembre de 2007