Malestar en el PP con Fraga por reabrir el debate sucesorio que provocó Gallardón

Zaplana replica: "No tenemos ninguna sucesión prevista. La abordaremos en 8 o 12 años"

Cuando comenzaban a apagarse los ecos del debate mediático sobre el relevo de Mariano Rajoy si pierde las elecciones, que abrió Alberto Ruiz-Gallardón con su interés por ir al Congreso, el presidente fundador del PP, Manuel Fraga, reabrió el melón: "Hay que ir preparando las sucesiones". En privado, todos los dirigentes mostraban ayer su malestar por la frase "inoportuna, por no decir algo peor", de Fraga. En público, nadie confesó ese malestar, aunque lo desautorizaron indirectamente. El portavoz en el Congreso, Eduardo Zaplana, fue el encargado: "No tenemos ninguna sucesión prevista en el PP".

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Fraga es un personaje sin peso específico en la toma de decisiones del partido -a diferencia de otros veteranos ex líderes, como Jordi Pujol o Xabier Arzalluz, que dejaron el poder más recientemente- pero que conserva el respeto de la práctica totalidad de la cúpula. Tal vez por eso nadie se atrevió ayer a descalificarlo públicamente.

Preguntado por si consideraba un error su intervención, Zaplana trató de restarle hierro, aunque también dejó claro lo poco que gusta en el PP el debate sobre la sucesión de Rajoy. "No [creo que sea un error]. Ni conozco en qué términos lo ha hecho, ni cómo lo ha hecho [Fraga]. Lo que le digo es que nosotros estamos en ganar las elecciones, y otros en despistarnos. Lo importante es el modelo político, el modelo de Estado, la ruptura con la transición, lo que ha supuesto esta legislatura, la negociación con los terroristas... ya sé que será difícil, pero nos vamos a elevar y vamos a salir de este fango en el que nos quieren meter de que ha dicho, que dice, que dijeron, que no sé cuantos, que quién va el siete, que quién va el 19 [en las listas], para hablar de lo fundamental y de lo esencial".

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Con Fraga se produjo ayer en los pasillos del Congreso, donde se reunieron muchos de los diputados más conocidos del PP porque estaba convocada una diputación permanente, una reacción similar a la que siguió a la irrupción de Gallardón en pleno agosto. "No es el momento. Alberto se equivocó porque logró desviar la atención hacia lo que más interesa al PSOE, lo problemas internos, justo en el momento en que la ministra de Fomento estaba sufriendo el acoso de todos los grupos, y ahora Fraga lo hace de nuevo precisamente el día que pedíamos la comparecencia de Zapatero por el caos en Cataluña", explicaba ayer uno de esos diputados, profundamente molesto con el presidente fundador.

Algunos de ellos, especialmente los que trataban de reducir, también en privado, el impacto de las palabras de Fraga, achacaban esta inoportuna aparición a su edad. "No es la primera vez que dice cosas que no convienen. Tiene 86 años y no es fácil controlarle", se lamentaba un diputado miembro de la dirección.

Otros no se mostraban tan condescendientes e incluso achacaban la actitud del ex presidente de Galicia a su distancia con Mariano Rajoy, señalando que Fraga casi nunca da puntada sin hilo, y menos en asuntos internos. Para demostrarlo, aseguraron que sus intervenciones en los comités ejecutivos -habla casi siempre sobre todos los temas- muestran que, pese a su léxico atropellado, conserva perfectamente la lucidez política, y de hecho, en ocasiones, marca los debates porque es uno de los pocos que se atreve a intervenir.

El domingo pasado, en plena crisis por las aspiraciones de Gallardón y la respuesta tajante de Eduardo Zaplana y Ángel Acebes, Fraga escribió un artículo en El Mundo en el que señalaba: "Para mí Gallardón sigue siendo hoy un hombre representativo de ese proyecto. El futuro del PP puede ser Alberto Ruiz-Gallardón". Aunque enseguida corregía: "No es que esté apoyando a nadie. Mi apoyo está y estará con Mariano Rajoy". "Gallardón cree que puede servir en puestos de mayor importancia. Y yo apoyo su criterio", concluía.

En realidad, la mayoría de los dirigentes sigue pensando que lo más probable es que Gallardón vaya en las listas al Congreso, aunque no de número dos. Ya lo creían cuando hace dos meses, tras su extraordinario resultado electoral, expuso sus ambiciones en público frente a Rajoy. Sin embargo, incluso los más cercanos al alcalde asumen que su ansiedad dificulta las cosas. La operación ya es en sí compleja para Rajoy -un hombre que colocó a Gallardón en la reunión de maitines y tiene una buena relación con él- porque cuenta con la abierta oposición de Esperanza Aguirre, que controla el partido en Madrid.

Por eso, el PP huye de cualquier pregunta sobre personas y especialmente sobre la sucesión de su líder. Zaplana, obviando que el debate lo habían abierto dos dirigentes de su partido, cargó contra los socialistas: "El PSOE intenta despistar y nos habla de las listas. Pero en el PP no hay ningún problema. Y mucho menos de sucesión. La abordaremos, no sé si dentro de doce años, no sé cuánto durará nuestro Gobierno. La última vez duró ocho, eso es un plazo razonable", concluyó ufano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0028, 28 de agosto de 2007.

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