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El petróleo de Chávez

El mundo al revés. Londres, uno de los centros de las finanzas mundiales y sede de los Juegos Olímpicos de 2012, recibirá asistencia de Venezuela, un país cuyo PIB no equivale ni a la cuarta parte del británico. El Gobierno de Caracas va a subvencionar el transporte público londinense gracias al acuerdo suscrito entre el presidente venezolano Chávez y el alcalde de la capital del Reino Unido, el socialista Ken Livingstone. La ayuda, que ha suscitado perplejidad en los laboristas y críticas de los conservadores, es parte de esa diplomacia del petróleo que despliega Chávez.

Los 32 millones de dólares procedentes de la compañía estatal Petróleos de Venezuela serán recibidos como una bendición por los 250.000 londinenses menos solventes, que pagarán la mitad de su tarifa de autobús. A cambio, el Ayuntamiento de la ciudad del Támesis contribuirá a asesorar a las autoridades caraqueñas sobre temas urbanos. En sí, no debería haber reparos a acuerdos de este tipo pues encajan dentro de la actual economía global. Pero más de una reserva suscitan ante la singularidad de una figura como Chávez, que gobierna con modos cada vez más dictatoriales y cuya estrategia exterior la enfoca siempre en clave "antiimperialista".

La ayuda venezolana al Ayuntamiento londinense trasciende la colaboración entre Gobiernos y muy probablemente habrá causado algún mohín de fastidio al nuevo premier, Gordon Brown. Chávez, deseoso de hacer a Venezuela el referente del mundo menos desarrollado, se ha convertido en un personaje incómodo para cualquier gobernante democrático, que tendría que moverse con cautela a la hora de hacer negocios con él. El pragmatismo no debería justificar todo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 22 de agosto de 2007.

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