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Reportaje:

90 minutos de tortura

La autopsia de Fernanda Fabiola, la niña de 15 años asesinada en Tenerife, no determina la causa de la muerte

Fernanda Fabiola Urzúa nunca estuvo tan guapa como el día en que fue asesinada. El cloro de la piscina había destrozado las mechas que se había dado a principios de verano. La única solución era pasar por la peluquería. Nanda, como la llamaban sus más allegados, salió de allí encantada. Cuentan sus familiares y amigos que la niña de 15 años presumía de que el nuevo corte de pelo era como el de Victoria Beckham. Sólo pudo lucirlo en la fiesta a la que acudió aquella tarde del 26 de julio en El Fraile (Tenerife). De vuelta a casa, a las 21.30, fue raptada y asesinada supuestamente por Héctor Fabio Franco, un joven colombiano de 28 años vecino del pueblo.

Han sido necesarios más de diez días e interminables pruebas para intentar no dejar ningún cabo suelto en relación con la muerte de la niña. Los resultados finales de la autopsia no son, sin embargo, concluyentes; es decir, no determinan las causas de la muerte debido al avanzado estado de descomposición en que se encontraba el cuerpo, enterrado durante seis días en los que el calor azotó el sur de Tenerife, con temperaturas que rozaban los 40 grados. La causa más probable de la muerte es que Fernanda falleciera como consecuencia de varias pedradas que recibió de manos de Héctor Fabio. Pero esto sólo podrá confirmarse con los resultados de los análisis toxicológicos, que tardarán en conocerse varios meses.

El avanzado estado de descomposición del cuerpo hace imposible determinar cómo murió

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Tampoco demuestra la autopsia que el joven colombiano abusase sexualmente de la niña, un "consuelo menor" para su padre. Sergio Urzúa. "Al menos sé que mi hija luchó como pudo para que nadie rompiera su virginidad".

En la casa de Nanda, en la urbanización Primavera de Ten-Bel (Tenerife), su padre siente un vacío "insoportable". Se le viene el mundo encima cada vez que pasa al lado de la habitación de su hija, un cuarto que él levantó con sus propias manos. "El piso sólo tenía un dormitorio, pero yo quería que Nanda tuviese una habitación para ella", cuenta este obrero de la construcción, que llegó a Canarias hace tres años. Cuando estuvo listo, hace dos meses, la niña se puso a decorar su rincón personal. La habitación está, tres semanas después de desaparecer, igual que cuando la dejó. "Nadie va a tocarla", asegura su padre.

Los siete días que transcurrieron desde que desapareció la niña hasta que encontraron su cadáver, el 3 de agosto, atormentaron a la familia. Sergio "estaba seguro de que volvería a verla con vida". Recuerda cómo, pasadas las nueve de la noche, le dio dos toques al móvil para que regresara a casa. Siempre era la misma señal. Media hora después, Fernanda no llegaba a casa. "La volví a llamar, pero ya tenía el móvil apagado; me puse en lo peor".

La pesadilla para los padres se prolongó hasta mediados de esta pasada semana en que, "por fin", les entregaron el cuerpo de su hija. Ayer, enterraron a Nanda. Querían una ceremonia íntima, pero visto cómo se volcó aquella semana el pueblo con ellos, accedieron a hacerle un homenaje de dos horas. Lo único que desea la familia ahora es que "pueda descansar eternamente" en el cementerio de Arona y que no sea necesaria una exhumación.

El suceso ha estado bajo secreto de sumario hasta esta semana. De acuerdo con la reconstrucción que hacen investigadores de la Guardia Civil y según la declaración judicial del supuesto asesino, Héctor Fabio vio a la niña entrar al camino que une los núcleos de La Estrella y El Fraile. Un recorrido empedrado, sin iluminación, que mucha gente usa como atajo para llegar antes al otro lado.

El supuesto asesino se ofreció a llevar a Fernanda a casa en su llamativa camioneta Dodge, el único motivo por el que era conocido en El Fraile. Según Héctor Fabio, Fernanda accedió a subirse al coche. No era la primera vez que el joven colombiano actuaba así. Varias amigas de Fernanda, días después de que apareciese el cuerpo, relataron un episodio similar: "Un día, a la salida del colegio, volvíamos a casa por el camino y el de la pick up (como se conocía a Héctor) nos dijo que nos acercaba; nos subimos tres amigas en la parte delantera, cuando al final del camino vio un coche de la Guardia Civil, retrocedió. Le preguntamos por qué lo había hecho y se excusó en que íbamos más de tres en la parte de delante del coche". Una vez dentro de la camioneta, Héctor Fabio le dijo a Fernanda que quería mantener relaciones sexuales con ella, momento en el que la niña empezó a gritar y a querer bajarse del vehículo. Viendo lo alterada que se puso, la agarró por el cuello. Ella cayó desmayada. Cuando recobró el conocimiento, Héctor la bajó del coche y la empezó a sacudir a pedradas. La autopsia baraja esta causa como la más probable, pero no como irrefutable. Los agentes calculan que la víctima sufrió 90 minutos de tortura antes de morir.

Aunque el cuerpo de Fernanda apareció, siete días más tarde, en un descampado paralelo al tramo de tierra donde la capturó, lo cierto es que la noche del suceso Héctor Fabio dejó el cuerpo de la niña en el mismo lugar en el que la mató. Simplemente lo cubrió con unas ramas y unas piedras. Al día siguiente, el viernes 27 de julio, al ver el dispositivo que puso en marcha la Guardia Civil, regresó al lugar de los hechos, cogió el cuerpo y lo trasladó hacia el otro lado. Acosado por la policía desde el primer momento, el presunto asesino fue detenido el miércoles 1 de agosto. Fue él quien llevó a los agentes al lugar donde estaba Fernanda. Sergio Urzúa, el padre de la adolescente, se niega a comentar nada sobre la persona que le ha dejado sin hija. "No es el momento, sólo espero que se haga justicia y que esa persona, por llamarlo de alguna manera, cumpla por lo que ha hecho".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de agosto de 2007