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Reportaje:

Rusia reclama la explotación del Polo Norte

Dos batiscafos alcanzan por primera vez el fondo marino bajo el océano Glacial Ártico

La bandera de Rusia ya está instalada justo bajo el Polo Norte. La hazaña la realizaron ayer los científicos rusos que descendieron a las profundidades marinas -a más de 4.000 metros- para plantar su emblema nacional en el fondo del océano Glacial Ártico. La bandera está hecha de titanio, resistente a la corrosión marina, tiene un metro de altura y, por supuesto, es más que un simple símbolo. Moscú quiere demostrar que las vastas extensiones del lecho marino son una continuación de la plataforma continental siberiana. De probarlo, el Kremlin intentaría ampliar su zona económica marítima más allá de las 200 millas náuticas y obtener el derecho de explotación exclusiva en una región riquísima en gas, petróleo y minerales.

"El lecho marino es amarillento y no se veía ningún ser vivo", dijo el jefe de la misión

Los científicos rusos utilizaron dos minisubmarinos -el Mir-1 y el Mir-2- para llegar al fondo del mar bajo el Polo Norte. Los batiscafos tripulados rusos no habían descendido nunca a una profundidad tan grande: ayer se sumergieron a 4.261 metros el primero y 4.302 el segundo, más del doble del récord anterior, de 2.000 metros.

Fue la tripulación del Mir-1 -integrada por el jefe de la expedición y conocido explorador polar Artur Chilingárov, que también es vicepresidente de la Cámara de Diputados rusa; su colega parlamentario Vladímir Grúzdev y el doctor en Ciencias Técnicas Anatoli Sagalévich- la que tuvo el honor de plantar la bandera de Rusia en las gélidas aguas del Ártico a 4.261 metros de profundidad. El histórico hecho ocurrió cerca de las 11.30, hora peninsular española, poco minutos antes de comenzar el regreso hacia la superficie, que transcurrió sin incidentes: el batiscafo emergió a las 16.06.

"El aterrizaje en el fondo fue suave", declaró Chilingárov, quien agregó: "El lecho marino es amarillento y no se veía ningún ser vivo en las profundidades árticas". Como comentó ayer el ministro de Exterior ruso, Serguéi Lavrov, el Kremlin espera que la expedición "permita reunir pruebas científicas adicionales de lo que queremos conseguir", a saber, "demostrar que nuestra plataforma continental se extiende al Polo Norte".

Sucede que la Convención de Derecho Marítimo de la ONU (1982) entrega al Estado correspondiente todos los derechos sobre su plataforma continental. De ahí el interés por demostrar que la cordillera submarina Lomonósov, junto con la de Mendeléyev, son una continuación de la plataforma continental siberiana. Los batiscafos que descendieron al fondo del Ártico tomaron muestras del suelo marino, que los científicos esperan que les sirvan para probar que tienen razón. "Es un paso muy importante para que Rusia pueda demostrar su poder en el Ártico, es como poner una bandera en la luna", dijo ayer Sergei Balyasnikov, portavoz del Instituto Ártico y Antártico ruso.

Rusia no es el único país interesado en la cordillera Lomonósov, que divide el océano Ártico y se extiende a lo largo de 1.800 kilómetros, desde las Nuevas Islas siberianas de Rusia, a través de la parte central del océano, por el Polo Norte y hasta la isla canadiense de Ellesmere y Groenlandia. Dinamarca (país al que pertenece esta última gran isla) y Canadá están realizando sus propias investigaciones con el fin de probar que la cordillera Lomonósov es, en realidad, una continuación de sus respectivas masas continentales. Noruega también pretende extender su plataforma continental y a última hora, EE UU también se ha unido al grupo de países que quieren ampliar su territorio submarino.

El ministro de Exteriores de Canadá, Peter MacKay, protestó ayer en la televisión canadiense: "No estamos en el siglo XV, no se puede ir por el mundo plantando banderas y reclamando la posesión de un territorio". Canadá no considera que su soberanía se vea amenazada por los intereses rusos. "No nos preocupa la misión, sólo se trata de un espectáculo de Rusia", añadió MacKay.

John Bellinger, asesor jurídico del Departamento de Estado, ha dicho que Washington podría pretender ampliar su plataforma a casi 1.000 kilómetros más allá de la costa de Alaska. Por eso la ratificación de la citada Convención pasa a ser ahora prioritaria para Estados Unidos.

El interés por controlar la mayor cantidad posible de kilómetros cuadrados en la región ártica, rica no sólo en hidrocarburos sino también en oro, diamantes y otros recursos naturales, es comprensible. Baste decir que en las dos últimas décadas los hielos del Ártico se han reducido un 20%, tendencia que continúa con el calentamiento del planeta. Esto, unido al progreso técnico, hará cada vez más fácil la explotación de las inmensas riquezas de esa zona.

La expedición rusa había zarpado del puerto de Múrmask el martes de la semana pasada en el buque-laboratorio Fiódorov, y en un principio planeaba haberse sumergido el domingo pasado bajo el Polo Norte, pero una pequeña avería retrasó su agenda.

A LA ESPERA DEL DESHIELO

La zona sobre la que Rusia reclama derechos tiene 1,2 millones de kilómetros cuadrados

El área podría albergar, según algunos cálculos, una cuarta parte de las reservas mundiales

de hidrocarburos

También se espera extraer oro, níquel

y diamantes

El deshielo de las últimas décadas hace más fácil la extracción de los recursos naturales

Algunos científicos creen que será una zona libre de hielo en verano dentro de cuatro décadas

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de agosto de 2007

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