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Crítica:

Última metamorfosis

Romain Gary, francés de origen lituano, ganó dos veces el Premio Goncourt y terminó suicidándose. En Mimos narra la historia de amor de un funcionario con una serpiente pitón.

Como a Romain Kacew (Vilnius, Lituania, 1905- París, 1980) se le ocurrió publicar en francés en los últimos años treinta, dos relatos cortos con su propio nombre, sabemos ya que el que adoptó después -Romain Gary- era un primer seudónimo con el que pronto triunfaría, pues tras sus principios (Una educación europea, en 1945, sobre la resistencia polaca contra los nazis, en francés e inglés), obtendría el Premio Goncourt con su quinta novela, Las raíces del cielo, de índole ecológica y humanista, pues se trataba de combatir la caza de elefantes y el tráfico de marfil.

La literatura de Gary proce

MIMOS

Romain Gary (Émile Ajar)

Traducción de María Sol Kliczkowski

Vaivén. Madrid, 2007

240 páginas. 17 euros

de de sus recuerdos y aventuras y se oponía frontalmente a la dictadura del nouveau roman que prevalecía entonces, por lo que tardó bastante en imponerse, a pesar de su cantidad y calidad, pues su estilo era bastante descuidado. Tras licenciarse en Derecho en Francia, donde llegó a los 13 años, se apuntó pronto como aviador en la lucha contra la ocupación alemana, al lado del general De Gaulle, terminando la Segunda Gran Guerra como Compañero de la Liberación, y de la Legión de Honor, siendo éste su mayor triunfo inicial. Luego se hizo diplomático por oposición, ocupó diversos puestos, terminando como cónsul general en Los Ángeles, donde se casó primero con la escritora Lesley Blanch (que le ayudó en sus traducciones al inglés) y después con la jovencísima y hermosa actriz Jean Seberg, de la que se divorció al final tras una tormentosa relación, de la que tuvo su primer y único hijo.

Mientras tanto, siguió escribiendo sin parar, en francés o en inglés, novelas y alguna obra teatral o guiones de cine, utilizando seudónimos diversos cuando le apetecía, el de Folco Sinibaldi o Satan Bogat (en libros como la policial Las cabezas de Estefanía o El hombre de la paloma), hasta que en 1974 publicó esta de Mimos (Gros-Calin, en el original, que obtuvo un buen éxito en Francia) con el seudónimo de Émile Ajar, cuya identidad no se descubriría hasta después de su muerte.

Romain Gary se había suicidado de un disparo en 1980 en su apartamento de París, no sin antes haber obtenido el Premio Goncourt (por segunda vez) bajo el impenetrable seudónimo de Émile Ajar con La vida por delante (obligando a su sobrino Paul Pavlovich a identificarse como él y a publicar dos novelas más bajo ese seudónimo, que le había proporcionado su triunfo final, aunque todo terminó mal, como hemos visto).

De todas formas, ésta fue la

última metamorfosis de Romain Gary, su último cartucho, que también empezó bien, pues al año siguiente, dado el éxito obtenido por Émile Ajar con Mimos (muy bien traducida aquí, por vez primera, con inclusión de un capítulo final ecológico, suprimido en el original por el editor, pero que es el perteneciente de verdad al libro), al año siguiente, con su segunda novela La vida por delante, Émile Ajar obtuvo de manera fraudulenta el Premio Goncourt, con otro éxito mayor aún que la primera, y que fue muy mal traducida entre nosotros aunque de prisa y corriendo. Era una novela más normal que esta de Mimos, basada en la historia de una anciana judía y un niño africano, de una transparencia conmovedora.

Esta de Mimos es más original y sorprendente, pues se basa en la historia de un amor original entre un hombre, funcionario estadístico y una serpiente pitón de dos metros veinte de largo, cuya relación es muy original y sus repercusiones con su casi novia, que al final pasa de ser una compañera de trabajo a una prostituta, una joven negra con minifalda y botas altas, pero que es incapaz de sustituir a la serpiente, y sus relaciones con la policía, sus vecinos, sus relaciones en general, hasta que en una anagnórisis original termina en el capítulo ecológico final en unirse con su adorada serpiente, en su propio domicilio o en el Jardín Botánico de París. Y no hay duda también de que este amor entre un hombre y un animal, sucedía así a la historia -contada por Gary en su novela anterior- del agotamiento del amor físico, reflejo de lo que supuso sus relaciones con la jovencísima y hermosísima actriz Jean Seberg, que al parecer pareció ser de una voracidad física inagotable, y de la que terminó separándose no sin que antes le hubiera dado su único hijo.

En fin, todo terminó mal, las aventuras de Romain Gary (el Camaleón le llamó su mayor biógrafa, Myriam Anissimov) fueron, tras la adopción de múltiples seudónimos, oficios. Aviador resistente, diplomático, narrador incesante y hombre "repleto de mujeres", ganó dos veces el Goncourt engañando fraudulentamente a todo el mundo, hasta que ya no pudo más, y se pegó un tiro al final, no sin haber soñado antes con un amor imposible y quizá desesperado que le proporcionara la felicidad que no pudo conseguir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de julio de 2007

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