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Bruselas plantará cara a la embestida fiscal de Sarkozy

El presidente francés abre un debate sobre la independencia del Banco Central Europeo

Andreu Missé

La batalla está servida. Los ministros de Economía del Eurogrupo no permanecerán con los brazos cruzados a la embestida fiscal que hoy expondrá el líder francés Nicolas Sarkozy, que supone "un serio riesgo para la estabilidad del euro", según fuentes comunitarias. De entrada, Sarkozy propondrá aplazar hasta 2012 la consecución del equilibrio presupuestario, es decir, dos años más tarde de lo que acordaron los ministros de Economía de los 13 países del euro el pasado abril en Berlín. Pero la propuesta del presidente francés tiene mucho más calado y plantea una revisión a fondo del diseño de la política monetaria europea.

En la reunión participan también el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia, que ha expresado "su profunda preocupación" por las consecuencias que puede acarrear el abandono de los esfuerzos para sanear las cuentas públicas, y el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, que siempre ha defendido con extremo celo sus competencias.

Durante la última semana, ambas partes han tomado posiciones. La Comisión Europea y Portugal, que ostenta la presidencia de turno de la Unión Europea, han mantenido contactos con varios ministros de Economía para que den "la réplica" conveniente al líder francés.

El titular de Economía de Alemania, Peer Steinbrück, y el ministro de Finanzas luso, Fernando Teixeira dos Santos, serán los más activos. Steinbrück cuenta con la autoridad de haber reconducido las cuentas públicas alemanas con la subida fiscal de tres puntos del IVA, lo que permitirá un aumento de la recaudación de 20.000 millones de euros. Berlín ha presentado, además, un plan para alcanzar el equilibrio presupuestario, que permite hasta un máximo del 1% de déficit público, en 2009.

Aunque el acuerdo del Eurogrupo del pasado abril es político y no implica obligaciones jurídicas, Teixeira dos Santos insistió el pasado 1 de julio en Lisboa, el primer día de la presidencia portuguesa, "en la necesidad de alcanzar el equilibrio presupuestario para mantener la estabilidad". Recordó que "fijar los objetivos presupuestarios era una competencia nacional", pero añadió que, "si un país rompe un compromiso que ha aceptado, plantea un problema político".

Fuentes comunitarias han señalado "los riesgos que supone para la estabilidad del euro que dos países como Alemania y Francia no vayan de la mano en sus ajustes presupuestarios". Sin el consenso de Berlín y París el euro no existiría. Ahora, el problema está en que mientras Alemania anticipa un año el logro del equilibrio presupuestario, Francia lo retrasa dos.

Una presencia insólita

Con independencia del desaire que supone para la ministra francesa de Finanzas, Christine Lagarde, la participación del presidente de la República en el Ecofin es un hecho insólito, cuyo único antecedente comparable ocurrió en 2004, cuando el primer ministro italiano Silvio Berlusconi acudió al consejo porque entonces llevaba también la cartera de Economía.

El propósito de Sarkozy es explicar su plan de "choque fiscal", que en esencia es rebajar los impuestos, para estimular el crecimiento, lo que en su opinión redundará a la larga en una mayor recaudación fiscal. Por esto pide tiempo, dos años más. Es la conocida retórica de los economistas de la oferta que en su día practicaron Ronald Reagan, Margaret Thatcher y ahora George W. Bush, de resultados conocidos y que en algunos casos sólo ha significado más déficit.

El plan de Sarkozy es un regalo a los más ricos al limitar la contribución fiscal al 50% de las rentas, lo que supone la práctica eliminación del impuesto de solidaridad sobre las fortunas, suprimir en un 95% el derecho de sucesiones y permitir la deducción de intereses de los préstamos inmobiliarios.

Todo ello, junto a la supresión de las cotizaciones sobre las horas extra, eleva la factura a unos 11.000 millones de euros, según el Gobierno, y a 15.000, según la oposición. Pero la Comisión "no ve ninguna relación entre las rebajas fiscales y el aumento de la producción".

La paradoja de Sarkozy es que, a pesar de esta discrepancia real de la política fiscal entre Francia y Alemania, propone una mayor coordinación de la política económica de la zona euro. Todo ello con el objetivo de participar en el diseño de la política monetaria que, en su opinión, no puede dejarse sólo en manos del BCE.

La estrategia de la Comisión es ganar tiempo: escuchar al líder francés y esperar a que presente formalmente su propuesta a finales de septiembre. "La batalla será larga y no ha hecho más que empezar", aseguran en Bruselas. Pero todo no ha sido mal visto en la propuesta francesa.

Un celo excesivo

Varios países están molestos por el excesivo celo de Trichet en la interpretación de "la independencia del BCE". "Con el tratado en la mano, los ministros de Economía podrían participar más en definir la estrategia de la política monetaria, aunque la última palabra la tome el banco", señalan.

El desdén de Trichet a una iniciativa del presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, a avanzar hacia algún tipo de participación fue muy mal recibida. El presidente del BCE también deberá mover ficha si quiere el apoyo de la Comisión.

Nicolas Sarkozy.
Nicolas Sarkozy.REUTERS

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