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Las zanahorias del príncipe Carlos no gustan

Los supermercados se niegan a venderlas

Los cultivos biológicos del príncipe Carlos de Inglaterra se han llevado un considerable revolcón después de que la cadena de supermercados Sainsbury's haya roto el contrato de suministro de zanahorias. Pero más que dañar a Carlos, el conflicto puede acabar volviéndose contra las grandes superficies británicas, porque ha puesto de relieve cómo las hortalizas, por muy ecológico que sea su cultivo, acaban viajando cientos de kilómetros de un sitio a otro para ser almacenadas, lavadas, empaquetadas y finalmente distribuidas cerca de su lugar de origen para poder ser vendidas como productos locales.

Tanto las zanahorias de Carlos, producidas por la firma Highgrove en Tetbury (Gloucestershire, oeste de Inglaterra), como las que la firma Soil Association produce en Lampester (sur de Gales) han sido rechazadas por Sainsbury's porque no resisten lo bastante bien todo el proceso previo a la venta y se deterioran. Una portavoz del príncipe, muy diplomática, se ha limitado a decir que ambas partes admiten "tras un corto periodo de prueba" que hay que "trabajar más".

Pero el dueño de Soil Association, Patrick Holden, ha preferido explicar al diario The Guardian el ajetreo que sufren las zanahorias, que a su juicio es la causa de su deterioro. Tanto las zanahorias del príncipe como las suyas son transportadas a un almacén de Sainsbury's en Ross-on-Wye, no muy lejano, donde cuando hay zanahorias suficientes se envían a la costa este de Inglaterra, a Peterborough. Allí son lavadas en una gigantesca máquina, luego empaquetadas y por fin transportadas a Bristol, en la costa oeste, antes de ser distribuidas en poblaciones del sur de Gales y el suroeste de Inglaterra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de junio de 2007