Editorial:Editorial
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El milagro salarial

No es casualidad que, según el informe de la OCDE, entre 1995 y 2005 el salario real medio en España haya perdido el 4% y, al mismo tiempo, la economía española haya registrado un crecimiento económico muy superior a la media europea, el empleo esté creciendo a tasas muy elevadas y los beneficios empresariales hayan aumentado el 73% entre 1999 y 2005. Todas estas cuentas cuadran en una sola explicación: el crecimiento económico y los beneficios en España se han fundamentado en la moderación salarial. Sin ella y sin la reducción significativa de los costes financieros, las empresas españolas habrían conseguido beneficios más moderados. El milagro económico es pues el milagro de los salarios, que, a su vez, se explica por la política de colaboración seguida por los sindicatos a partir del primer Gobierno de Aznar y, sobre todo, por la entrada en España de casi cuatro millones de inmigrantes. Es muy probable que sus niveles salariales, por debajo de los que perciben el resto de los asalariados, sean la causa principal de que el poder adquisitivo del conjunto haya disminuido.

El informe de la OCDE aclara algunos extremos del crecimiento español. Reconstruye un modelo sustentado en una franja amplia de salarios muy bajos percibidos por una población inmigrante que no cesa de aumentar y que, a pesar de su bajo poder adquisitivo, tiene que consumir y buscar vivienda, propia o de alquiler. Esta dinámica de crecimiento es la que explica además que se acentúen las diferencias de riqueza. Asegura Eurostat que en 2005 la quinta parte de la población española más rica ganó 5,4 veces más que la quinta parte más pobre; que la media europea se sitúa en 4,9 veces y que en Francia o en Alemania la distancia es de cuatro veces. No hay que extrañarse demasiado de que un modelo de crecimiento intensivo en salarios de escasa cualificación acreciente las diferencias sociales; pero sí hay que pedir que se pongan los medios para que esas diferencias se atenúen.

La receta atenuante consiste en aumentar el capital social. El Estado ha de invertir más en transportes públicos -en parte, porque la red actual no es suficiente para atender la demanda de la población laboral-, educación, sanidad, justicia y seguridad para aproximarse a la situación media europea. Porque en ese esfuerzo redistributivo España también presenta unas cuentas mediocres: Europa destina el 28% del PIB a protección social, mientras que España sólo dedica el 20%. La convergencia en cohesión social es tan necesaria como la que con tanto ahínco se persigue en renta per cápita.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 25 de junio de 2007.

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