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Reportaje:

El cirujano regenerador

Eduardo Anitua, reconocido por su labor investigadora, ha revolucionado el mundo de la cirugía desde el respeto a las células

Vitoria
EDUARDO ANITUA es director del BTI Biotechnology Institute, recibió el pasado 10 de abril el premio Príncipe Felipe a la excelencia empresarial en innovación tecnológica. Era el reconocimiento a una labor investigadora que comenzó hace 18 años, cuando este doctor en Medicina y Cirugía decidió apostar por una cirugía que mimara las células y sus posibilidades para regenerar los tejidos dañados, frente a la tradicional práctica del corte y la sutura. En este tiempo, Anitua y su equipo se han convertido en un referente mundial de la implantología oral, y los avances e investigaciones que desarrollan en el ámbito de la regeneración de tejidos se perfilan como claves en la medicina del futuro.

Mientras atiende al periodista en su consulta de la capital alavesa, Eduardo Anitua Aldecoa (Vitoria, 1956) no deja de recibir las demandas de sus colaboradores, que le reclaman su opinión sobre los pacientes que llegan en busca de una solución para sus dolencias. Decidió ser médico porque siempre le había preocupado el dolor y la necesidad de aliviarlo de la mejor manera. Sobre su mesa de trabajo, el libro Piensa bien y acertarás, de Eugenio Ibarzabal, que supone una declaración de principios por parte del personaje. "Yo soy de los que creen que los pensamientos positivos son imprescindibles en esta vida", señala.

Esa disposición, y no podía ser otra, le acompañaba cuando en 1989 abrió las puertas de la primera sede del Biotechnology Institute (BTI), hoy ubicado en el parque tecnológico de Miñano (Álava) y con delegaciones en todo el mundo. La decisión de crearlo vino ante las dificultades con que se encontró en su trabajo cotidiano en implantología oral. "Nos empezamos a encontrar muchos pacientes que se habían quedado sin dientes y habían ido perdiendo el hueso correspondiente para colocar los implantes. Entonces vimos que necesitábamos algún apoyo biológico, empezamos a trabajar con proteínas y comenzó un camino apasionante en la investigación", resume.

La aventura que empezó a tomar forma hace 18 años gira alrededor de la regeneración de los tejidos, la posibilidad de conseguir evitar amputaciones e, incluso, de que no sean necesarios los transplantes de hígado, por ejemplo. "En 20 años, muchos de ellos ya no serán necesarios", afirma sin dudarlo. "Ya estamos trabajando con células pluripotenciales, que tienen capacidad de desarrollar órganos. En el momento en que tengamos un órgano lesionado, va a ser más sencillo regenerarlo in situ que tenerlo que transplantar. Estoy convencido".

Sobrino del escritor Ignacio Aldecoa, Anitua no ha heredado la capacidad fabuladora del narrador alavés. Sus investigaciones, reconocidas en todo el mundo, han servido para mejorar la vida de mucha gente. Es cierto que ha alcanzado la fama periodística por sus trabajos en colaboración con Mikel Sánchez, traumatólogo especialista en medicina deportiva. Jugadores de la NBA, como Calderón, se han recuperado en días de lesiones que suponían hace unos años meses de convalecencia. "Pero, más que esos reconocimientos y los premios, nos satisface el agradecimiento de muchas personas a las que les hemos evitado que les amputen una extremidad".

La regeneración de tejidos no supone la inmortalidad, pero sí una mejora notable de la calidad de vida. "El tiempo nos ha dado la razón en que elegimos el camino adecuado. Todos los avances que se están haciendo en genómica supondrán que enfermedades como el Alzhiemer o la artrosis tengan soluciones alternativas en un futuro cercano", comenta. Y pone un ejemplo: "Hace 28 años, cuando empecé a trabajar, era impensable que a una persona que no tenía dientes se le pudiera poner implantes y dientes el mismo día". Sus técnicas han revolucionado el campo de la Estomatología, como muestran las continuas visitas de profesionales de todo el mundo a su consulta, donde atienden sus intervenciones a través de un circuito cerrado de televisión.

Anitua ha fundado una empresa de biotecnología, pero es también un divulgador nato de sus investigaciones. Su próximo proyecto le trasladará desde Miñano hasta Armentia, donde se levantará un edificio de hormigón blanco, cristal y aluminio, en el que traumatólogos, cirujanos maxilofaciales y estéticos, odontólogos o estomatólogos internacionales aprenderán a utilizar las técnicas desarrollas por el equipo de Anitua.

En esas instalaciones sofisticadas se impartirán cursos y se podrán realizar operaciones que se podrán seguir por especialistas desde cualquier lugar del mundo. "En estas dependencias mostraremos, por ejemplo, el autoinjerto de tejidos. Esto consiste en extraer células a un paciente, cultivarlas y volvérselas a implantar. Su aplicación es amplísima", destaca el cirujano.

Anitua reivindica en todo momento el papel que juega su equipo de colaboradores en la aventura que emprendió con el BTI. "El equipo de investigadores nos hemos hecho amigos porque no queda más remedio", sentencia después de explicar las horas de trabajo semanales que dedican a la investigación, incluyendo fines de semana. El reconocimiento les ha llegado desde todo el mundo y también las ofertas de las grandes multinaciones, en esta lucha de David contra Goliat. "Nos han ofertado, pero no han conseguido tentarnos. Quiero decir que yo no me he metido en este campo para ganar dinero, sino para investigar desde la independencia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de mayo de 2007