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Crónica:LAS VENTAS

Tarde de compensación

¿Por qué Liria, que ha dejado arrobas de valor, emoción, torería, y sus gotas de sangre por muchas arenas, sigue con la temporada a medio hacer año tras año? Cuando en Sevilla esperaba, arrodillado frente a toriles, al cuarto victorino, tuvimos la sensación de que repasaba toda su vida; y de que se dijo: "No lo entiendo". Nosotros tampoco. Ayer podía compensar su única cita en San Isidro con los cuadris.

Eufórico salió su primero, con alegría se entretuvo en darle al penco, con melancolía fue a las banderillas y presa de tristeza se tiró al suelo en el primer y último muletazo. En el cuarto, al que Bernal probó a picar en bastantes zonas del lomo, Liria, tras el doblón despacioso, abrió el compás; le caló la distancia y empezó a embarcarlo con buena mano, girando la tela, pero no exprimió del todo la embestida del animal, que iba pronto y largo y pedía más espacio que el de tablas. Le dio una buena estocada y cortó una oreja, que unos protestaron y un entusiasta recogió e introdujo, una vez sacado el bollicao, en una bolsita de plástico.

Domínguez Camacho / Liria, Marco, Angelino

Toros de Domínguez Camacho y un sobrero de Navalrosal; flojos y con poca casta, excepto el 2º, con cierta bravura, y el 4º, bravo y noble. Pepín Liria: metisaca y caída (silencio); estocada (oreja). Francisco Marco: media desprendida (vuelta); pinchazo, media contraria y descabello (palmas). José Luis Angelino: pinchazo y pinchazo hondo al rincón (palmas); estocada (silencio). Plaza de Las Ventas, 5 de mayo. Menos de un cuarto de entrada.

Ajuste de cuentas

También Marco ha derramado sangre. La última vez en este ruedo, el 6 de octubre de un otoño luminoso que le sumió en tinieblas durante meses cuando toreaba un pereda sin público. Torero de plazas del norte, reciente triunfador al reaparecer, compensaba ayer su omisión en la feria. Cuando salió el segundo arreciaba el viento norte haciendo pañuelos los capotes. En las rayas del 7 llevó el toro un tanteo suave, y de allí lo trasladó Marco al lugar de la cogida, donde le sacó dos naturales limpios, luego otros dos, el de pecho... en torero ajuste de cuentas consigo mismo. Siguió una seria con la diestra, larga y emotiva, y un remate bajo mientras le daba la mirada del desquite. Se adornó con gusto, y los aplausos sabían lo que hacían. Tras la media desprendida hubo cicatería de pañuelos antes de la merecidísima vuelta. El quinto fue un mastodonte que bastante tenía con lo suyo.

Angelino. ¡Qué alegría, un torero mexicano!, diestros que brillan por su ausencia en la isidrada. Recibió en su alternativa un toro grande y trotón, flojo y descastado, mientras crecía el parlachineo en los tendidos. Comenzó con la derecha, templando contra el viento, con ese ritmo suave, tan mexicano; y el toro, andando a la muleta, en otra cosa, con algún derrote final que se convirtió en costumbre. Igual ocurrió en el último, que no hizo nada bueno. En el toro que echaron dio, dulces y templadas, las mejores verónicas de la tarde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de mayo de 2007