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Reportaje:INVESTIGACIÓN

Robots con apellido español

España es el tercer país europeo que más investiga en robótica, con más de 40 grupos de I+D - La industria del automóvil usa la mitad de los 25.000 instalados - Varios prototipos universitarios buscan financiación para entrar en el emergente mercado aplicado a los servicios, el de mejores perspectivas de futuro

Los robots comienzan a salir de la cadena de montaje y realizan todo tipo de actividades profesionales y domésticas. El parque mundial supera las 922.000 unidades, buena parte en el sector de la automoción. En España funcionan 25.000, el cuarto país europeo por detrás de Alemania, Italia y Francia, y el séptimo del mundo que más robots emplea. Sin embargo, la mayor parte son importados y su producción se reparte entre los fabricantes ABB Robotics (Suecia), Fanuc (Japón) y Kuka (Alemania).

Se calcula que en el mundo existen más de 31.000 robots de servicios destinados a usos profesionales. El 20% son submarinos automáticos, el 19% limpiadores y otro 16% realiza tareas de seguridad y defensa. El 45% restante se reparte entre construcción y demolición, lecheros, sanitarios y plataformas de uso general.

A pesar de no crear prácticamente robots comerciales, sino adaptaciones de equipos foráneos, España es una potencia investigadora con grandes perspectivas a corto plazo: cuenta con 42 grupos científicos muy activos, fundamentalmente de universidades y centros tecnológicos, según el Libro Blanco de la Robótica en España, publicado recientemente por el Grupo Temático de Robótica (GTR) del Comité Español de Automática.

Si en el ámbito automovilístico España ha perdido la partida, aún hay posibilidades de producir robots manipuladores para la industria del cuero, el calzado o la alimentación; la recolección en la agricultura intensiva o para realizar tareas peligrosas en el sector de la construcción. De hecho, la empresa vasca Fatronik ha licenciado a una multinacional norteamericana su manipulador ultrarrápido Quattro.

Sin embargo, las mejores perspectivas para los investigadores españoles se encuentran en la robótica de servicio, tanto profesional como doméstica. En los próximos tres años el mercado mundial crecerá en 34.000 unidades de uso profesional y en 5,6 millones para el hogar, como las aspiradoras automáticas que limpian solas la casa.

Juan Domingo Tardós, del grupo de Robótica de la Universidad de Zaragoza, recomienda a los investigadores que adecuen las aplicaciones científicas a las necesidades reales y, a las empresas locales, que arriesguen su capital en aplicaciones novedosas. Porque los beneficios que se obtienen cuando se ponen en marcha proyectos europeos es del 8%. "Nuestros investigadores en robótica son reconocidos en Europa y consiguen muchos proyectos y financiación, algo que no se refleja en las ayudas españolas", afirma Carlos Balaguer, coordinador del GTR y de la Red Nacional de Robótica.

En Euron, la red de excelencia europea de robótica, que se reunió recientemente en Creta (Grecia), la representación española era la tercera más numerosa, por detrás de Alemania y Francia.

A pesar del gran número de proyectos en los que trabajan los grupos de investigación, "la empresa española no es receptiva a los encantos de la robótica", según Carlos Balaguer, del Grupo Español de Robótica (GTR). A su parecer, "tenemos buenos productos en estado precompetitivo, pero no encontramos pymes que quieran hacer dinero con ellos". También pesa la elevada competencia entre los numerosos grupos por la escasa financiación que reciben los proyectos.

Sin ir más lejos, la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) "cuenta con productos listos para comercializar", asegura el investigador en robótica Antonio Barrientos.

Su grupo ha creado un robot que ayuda al médico a medir los temblores de los enfermos de Parkinson y que ha sido probado con 42 pacientes durante seis meses en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Mientras esperan a ver si llega algún inversor, el grupo creará una spin-off que adapte robots aéreos a tareas como la inspección del tendido eléctrico.

La robótica de servicios puede ser la gran aliada de la investigación española, que destaca en el desarrollo de robots móviles autónomos, básicamente para interiores, o en la interacción humano-robot multimodal, mediante la voz, gestos y visión, según Carlos Balaguer. También en la robótica asistencial, para dar servicio a ancianos, niños y personas discapacitadas; robots aéreos (pequeños helicópteros, aviones y dirigibles autónomos) o robots médicos.

'Robocóptero'

Aníbal Ollero, responsable de robótica de la Universidad de Sevilla, lidera el proyecto europeo Aware, que durante tres años desarrolla tecnologías que permitan integrar robots helicópteros con redes inalámbricas de sensores de bajo peso y consumo, que pueden estar fijos o ser transportados por personas (bomberos, por ejemplo) o vehículos terrestres.

A cuentagotas, algunos investigadores han podido transferir su tecnología. Como el grupo de robótica de la Universidad de Málaga (UM). La empresa Sener fabricará el brazo robótico para operaciones de laparoscopia diseñado por la grupo malagueño y que ha sido ensayado clínicamente con pacientes.

Su innovación: "No es necesario ligar el dispositivo, una minicámara activada por voz, ni calibrarlo en cada intervención, explica Alfonso García-Cerezo, investigador de la UM. En tres años, la empresa espera vender 35 unidades.

El centro tecnológico vallisoletano Cartif está desarrollando equipos para inspeccionar tuberías o para la limpieza automática de conductos de aire acondicionado, y ahora trabaja "en el desarrollo de un robot que asista en la colocación de los clavos en las fracturas de huesos largos", explica Javier Pérez Turiel, del grupo de robótica de Cartif.

La Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) es una de las que tiene mayor tradición en robótica y una parte de los esfuerzos de investigación se decantan hacia la vertiente asistencial. "Trabajamos en diferentes proyectos y prototipos de sistemas robotizados de ayuda a los discapacitados y de soporte a los procedimientos quirúrgicos en cirugía mínimamente invasiva", explica Alicia Casals, del Grupo de Robótica, Automática y Visión Artificial de la UPC.

El grupo de investigación de la Universidad Jaume I (Castellón) que en su día diseñó un robot bibliotecario que extrae libros de las estanterías, trabaja ahora "en un autómata que tome decisiones y manipule objetos cotidianos como el pomo de una puerta", cuenta Pedro Sanz.

Manipular objetos blandos

Si obtienen recursos del VII Programa Marco, este equipo de la Jaume I ampliará la manipulación a objetos blandos, como un robot planchador. Además, transferirán su tecnología a la empresa valenciana Robotnik, con la que participa en el proyecto europeo Guardians, un enjambre de robots autónomos que sirven para detectar incendios urbanos.

Más al sur, en la Universidad de Alicante, han desarrollado el desensamblador automático de componentes de ordenador, explica Fernando Torres.

El equipo de Juan Domingo Tardós en la universidad de Zaragoza, trabaja "en robots móviles autónomos para desplegarlos en el interior de túneles para informar en accidentes".

¿Veremos coches que recojan pasajeros al llamarlos por el móvil? Aunque parezca futurista, será una de las pruebas de robots cooperativos con humanos del proyecto europeo Urus, coordinado por Alberto Sanfeliu, del Instituto de Robótica Industrial de Barcelona.

Los futuros investigadores también se divierten. Esta misma semana, 200 estudiantes de la UPM han participado en la olimpiada de robots Cibertech 2007.

GTR: www.cea-ifac.es/wwwgrupos/robotica EURON: www.euron.org CIBERTECH 2007: http://www.disam.upm.es/cybertech

Más veloz que la F1

Como un relámpago. Instalado en la cinta transportadora, Quattro identifica y separa los machos de las hembras de verdel, un pescado azul, a un ritmo de 240 piezas por minuto y con aceleraciones de 200 metros por segundo, el doble de los robots convencionales y cinco veces más que un bólido de la Fórmula 1. Trabaja como lo harían tres humanos juntos, pero sin cansarse y una empresa conservera vasca está probando este ingenio francoespañol para medir si duplica la productividad.

Quattro es el robot industrial más rápido del mundo y lo ha desarrollado la fundación española Fatronik con el Laboratorio de Ciencias Informáticas, Robótica y Microelectrónica de Montpellier (Francia). Han vendido la licencia a la norteamericana Adept, que los fabricará en serie. Quattro está optimizado para manejar objetos de hasta dos kilogramos de peso, ya sea para colocar bombones y galletas en cajas o para empaquetar tabletas de turrón o chocolate. El autómata ha sido premiado recientemente por Euron, red de excelencia europea de investigadores en robótica, como ejemplo de transferencia tecnológica. A mediados de mayo, una spin-off de Fatronik se encargará de la integración industrial. Jon Sanmartin, ingeniero de I+D de Fatronik, calcula que en España se venderán 10 unidades al año y unas 300 en todo el mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de abril de 2007

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