Reportaje:

El machismo del cante jondo

El profesor José Luis Buendía investiga el maltrato a la mujer en las letras del flamenco

El profesor de Literatura Española de la Universidad de Jaén José Luis Buendía lleva muchos años investigando sobre las raíces del cante flamenco. En este contexto, uno de sus últimos trabajos, que ha publicado en la revista Candil y presentado en un congreso sobre poesía popular celebrado recientemente en Alcalá de Henares (Madrid), se ha dirigido a estudiar el maltrato a la mujer en las letras del cante flamenco. Y es que Buendía lamenta que el flamenco se inspire en un patrimonio "muy machista", algo que se refleja en las letras del cancionero tradicional, aunque, precisa, "por fortuna, no es la regla general".

"Prueba de ese machismo es que no se ha dejado cantar a las mujeres durante mucho tiempo, como es el caso de la Tía la Periñaca, que no pudo cantar hasta que se quedó viuda, o María la Perrata, la madre de El Lebrijano, a la que también se impedía cantar en público, pese a que en el ámbito privado cantaban estupendamente", señala el profesor jiennense. Una de las excepciones fue la Niña de los Peines, aunque en este caso, comenta Buendía, porque estaba arropada por su hermano, Tomás Pavón, o por su marido, Pepe Pinto.

Hay letras donde se presenta a la mujer como moneda de cambio u objeto

Ese machismo larvado en la sociedad se ha acentuado aún más en el mundo del flamenco. ¿Por qué? "Porque confluyen dos sociedades muy oscuras y muy cerradas: primero el pueblo bajo andaluz de cultura muy limitada, y después la sociedad gitana, donde hay un sistema muy cerrado y cautelar en torno a la mujer, que siempre ha de ir con el marido o con el hermano, o tiene que tener el mito de la virginidad", explica.

La virginidad de la mujer está presente en letras donde se presenta a la mujer como moneda de cambio o un simple objeto. Por ejemplo:

-La mujer que rompe el plato sin ser hora de comer. Por muy bonita que sea no le sale mercader.

-Al paño fino en la tienda, una manchita le cayó, se ha vendido a bajo precio porque ha perdido su valor.

En otras ocasiones aparecen situaciones que Buendía define como "esperpénticas y esquizofrénicas" de celos exacerbados:

-La noche del aguacero dime dónde te metiste que no te mojaste el pelo.

-Zapatitos blancos, ni son tuyos ni son míos, de quién son estos zapatos.

De estas situaciones se llega al insulto y al maltrato a la mujer:

-Mala puñalá te den, que te den los sacramentos, que tú no le tienes ley ni a la camisa de tu cuerpo.

-Yo tengo a la mujer compará con el caballo, que es menester darle espuela pa quitarle los resabios.

La discriminación en las letras se da en los palos más típicos del flamenco, desde la soleá a la siguiriya, pasando por los tangos y los tientos. Una situación que, a juicio de Buendía, se nota especialmente en la comunidad gitana, principal artífice del cante flamenco andaluz. "Todo lo que sea romper con su virginidad y con sus deberes de mujer es atentar no sólo contra ella, sino que se atenta también contra el clan":

-Hijita de mala madre, liaíta en malas tripas, envuelta en malos pañales

-Que yo no te quiero a ti, ni a tu gente, ni a tu casa, ni a la luz de tu candil

Buendía sostiene que estas letras se han ido heredando entre las distintas generaciones desde el origen del flamenco hace 200 años, con el tío Luis de la Juliana. Una tradición que contrasta con la escasa evolución de los cancioneros flamencos. "Por lo general la gente tira de repertorios tradicionales por el sentido patrimonial del cante y, por desgracia, esas letras se siguen repitiendo, aunque sin tanta agresividad como antes", argumenta Buendía.

Ahora bien, el investigador aplaude que haya cantaores que, por su condición progresista, evitan este tipo de letras, como son los casos de Enrique Morente, José Menese, Carmen Linares o Estrella Morente. En todo caso, Buendía deja bien claro en su trabajo que el maltrato a la mujer en las letras del cante flamenco es una excepción y, en modo alguno, algo generalizado. "Existen millones de letras, la mayoría de cariño, de exaltación o de dulzura hacia la mujer", explica. Letras como éstas:

-Hasta el olivarito cercano yo me llevaba a mi gitana y le eché el brazo por encima como si fuera mi hermana.

-Vente conmigo y haremos una chocita en el campo y en ella nos meteremos.

En otras ocasiones, la mujer alza su voz reivindicativa:

-Si las mujeres tuvieran la libertad de los hombres saldrían a los caminos a robar los corazones.

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