Reportaje:

Incendio forestal en el Kas de naranja

La industria alimentaria quiere fabricar colorantes a partir de un hongo que apareció tras los fuegos de agosto

Al fin una buena noticia después de la catástrofe. La industria maderera no es la única que puede sacar beneficio de los bosques calcinados. A las pocas semanas de extinguirse un incendio forestal, sobre los troncos negros empieza a extenderse en forma de manchas amarillas o anaranjadas un hongo que puede convertirse en un filón para los fabricantes de pigmentos y colorantes alimentarios y, por extensión, para la industria láctea, la cárnica, la conservera y la refresquera.

Se llama Neurospora crassa, y hasta 2003 sólo se había descrito en bosques tropicales y subtropicales, casi siempre tras un incendio. También se había identificado en las panaderías de París, que suelen tener horno de leña. Pero desde hace tres años se sabe que puede prosperar en latitudes mucho menos cálidas, como los bosques de coníferas de Alaska, aunque siempre en lugares que fueron pasto de las llamas.

El colorante previene dolencias degenerativas y cardiovasculares y muchos cánceres
Hasta 2003, sólo se había hallado en bosques tropicales y en panaderías de París

Cinco biólogos de la Universidad de Sevilla, en colaboración con un profesor de la de Stanford y bajo la dirección del catedrático de Genética Luis María Corrochano, decidieron viajar a Galicia después de la epidemia de incendios del pasado verano para comprobar si la Neurospora también se había instalado aquí. Descubrieron grandes colonias sin necesidad de abarcar un territorio muy dilatado: este microbio no patógeno apareció en Ourense (A Gudiña, Liñares, Lamas y Rouzos), Pontevedra (Lamas, Cotobade, As Lagoas y O Grove) y en A Coruña (Herbón), las tres provincias más atacadas por el fuego.

La Neurospora crassa nace sobre la madera calcinada porque se alimenta del carbono. Ayuda, como otros muchos hongos, a regenerar la naturaleza; a resucitar la materia orgánica de los árboles muertos, sirviendo de sustrato sobre el que crecerán otros microbios que recuperarán el suelo para las plantas. De esta manera, los nutrientes atrapados en el monte quemado vuelven a entrar en la cadena alimentaria del ecosistema.

Pero este aspecto no es el que ocupaba y ocupa a los investigadores sevillanos. A ellos, lo que les interesaba era el vivo color naranja de la Neurospora, que tanto destaca sobre los pinos chamuscados.

Esa pigmentación delata una enorme riqueza en carotenoides, unos colorantes naturales que tiñen la hojarasca del otoño, las zanahorias, los tomates y pimientos rojos, los huevos, algunos cereales y algunas algas, las truchas, los salmones, el aceite de palma, las gardenias y el azafrán.

La industria alimentaria busca ahora nuevas fuentes, más baratas que éstas, de colorantes naturales porque los consumidores rechazan cada vez más los aditivos sintéticos. Es muy fácil producir pigmento naranja en un laboratorio, pero la alternativa natural de este colorante (que aparece en los envoltorios camuflado bajo la poco sugerente denominación de E-160) resulta cara. Las fuentes más económicas son las semillas de una planta, la bija, y la pulpa de cítrico que generan como residuo las fábricas de zumos.

Se sabe desde hace tiempo que la Neurospora sintetiza un carotenoide bautizado como neurosporaxantina, pero hasta la actualidad obtener el hongo en cantidades industriales era muy costoso porque no se había descrito en España. "Importar microorganismos es muy difícil. Por razones sanitarias, hay un fuerte control aduanero", explica Corrochano.

A la industria alimentaria le interesa que se descubran colonias en territorio estatal de este prolífico hongo, que se extiende a gran velocidad, porque, si la Neurospora es considerada "producto nacional" en vez de una amenaza invasora, la fabricación de E-160 será mucho más asequible.

Anticancerígeno

Pero entre las virtudes del caroteno no sólo está la de dar un aspecto más lustroso a la mantequilla, la margarina, el yogur, el queso, los derivados de la carne y del huevo, las conservas de pescado y vegetales, las mermeladas, los helados y las bebidas refrescantes. Los científicos sevillanos también recuerdan que estos pigmentos, en la mucosa del intestino delgado, se transforman en vitamina A y que, según un buen número de estudios, "tienen propiedades antioxidantes que previenen enfermedades cardiovasculares y degenerativas" y la aparición de todos los cánceres salvo el de pulmón.

Aunque ha hallado Neurosporas en otras zonas de España, hasta ahora casi todo el trabajo de campo de este equipo tuvo como escenario los montes gallegos. El proyecto, apoyado en la parte económica por el Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias del Ministerio de Educación y Ciencia, durará tres años y, en el segundo, los biólogos se dedicarán a aislar y caracterizar 50 estirpes del hongo para, en el tercero, estudiar cómo las Neurosporas producen carotenoides con luz y en la oscuridad y secuenciar tres trozos de ADN que permitan su identificación molecular.

Con su inventario de medio centenar de hongos en la mano, Corrochano confía en poder ofrecer a los fabricantes especies que produzcan más cantidad de pigmento o pigmentos de tonalidades variadas. La nueva abundancia de este hongo podría impulsar incluso una industria del colorante. De ese colorante que pinta el Kas de naranja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 14 de abril de 2007.