Reportaje:

Eterno chico de Buenos Aires

Ariel Rot, ex de Tequila y Los Rodríguez, celebra sus 30 años en la música con un disco en el que colabora la realeza del rock español

Ariel Rot está de enhorabuena. Aquel rubito de Tequila que se ganó la atención del público y un sitio en la historia con un puñado de canciones que han traspasado décadas, el virtuoso de la guitarra que acarició las armonías latinas de Los Rodríguez con maestría, el tenaz rockero adulto, cuyo rostro recuerda rabiosamente al del doctor House, cumple tres décadas de carrera y lo celebra con Dúos, tríos y otras perversiones, un disco de duetos escogidos junto a catorce invitados de primera fila.

Mientras posa con soltura ante el fotógrafo en su casa madrileña, rememora vivencias de una existencia al servicio del rock y sus claroscuros. Ariel Eduardo Rothemberg Gutkin nació en 1960 en Buenos Aires. Hijo de un periodista, pronto abrazó la precocidad musical: "Mi primer grupo lo formé antes de cumplir diez años. Era un dúo con Leo Sujatovich, el virtuoso del piano. Empezamos por una ópera-rock: Vida. Las letras las hizo mi hermana Cecilia [Roth, la actriz] y narraban el nacimiento, la infancia, la adolescencia...". Toda aquella parte de su juego infantil, le llevó a una "época progresiva allá por el 73, oyendo a Pink Floyd, Yes, Genesis". De pronto, otro porteño, Alejo Stivel, apareció en su camino para proponerle: "Volvamos al rock'n'roll. Componer canciones no es tan difícil. Oigamos a los Rolling Stones".

La carrera de Rot establece el puente definitivo entre el pop español y el argentino

Sin duda Alejo, como después otros socios musicales, fue clave en el desarrollo de Ariel: "Yo era el músico, pero él lo hacia todo bien". Hijo de madre actriz y de padres separados, él fue quien introdujo a Ariel en la vida de la calle y "justo antes de venirnos aquí empezamos a componer canciones; en concreto algunas del primer disco de Tequila, como Necesito un trago o Rock'n'roll en la plaza del pueblo". Pero, todo alrededor de ambos se iba "pudriendo" en los años de plomo de las dictadura de Videla. Se imponía un cambio de aires y, tal como Rot relata en El vals de los recuerdos, los dos amigos y sus familias emigraron a un Madrid, el de 1976, en el que todo estaba por hacer: "No fue tan duro, en primer lugar porque venía con Alejo y, después, porque presentía que iba a llegar a España y que enseguida iba a triunfar con una banda de rock". A los cuatro meses, Tequila ensayaba ya en un local de Arturo Soria. Junto a los dos recién llegados, el guitarrista Julián Infante, el bajista Felipe Lipe y el batería Manolo Iglesias: "Íbamos todas las tardes a ensayar. Juntábamos dinero para pillar medio taleguito de costo, nuestra botella de batido de cacao y nuestros donut y a tocar".

El grupo debutó con éxito a principios del 77. Con cuatro álbumes publicados, medio millón de discos vendidos, legiones de fans femeninas y un declarado gusto por el submundo de las drogas, la banda puso punto final en 1981, cuando ya la movida le había robado el sitio a golpe de modernidad. Ariel también sucumbió a aquellos años de efervescencia creativa: "Yo quería crecer. Escuchaba otra música y estaba ya harto de la fórmula Tequila. Mis referentes eran esos grupos oscuros con textos intrincados y personajes que representaban el malditismo, como aquí eran Eduardo Benavente o el batería Toti Árboles". Con decisión, Ariel se embarca en la primera época de su carrera en solitario y edita Debajo del puente, disco que defraudó porque, tras el colorín de Tequila, parecía "una influencia oscura desmedida". Después de un segundo disco, Vértigo, Ariel regresa a Argentina, a curar sus adicciones y a reconciliarse con su ciudad natal: "Se me fue despertando el gusanillo al entrar en aquella comunidad artística tan motivada en ese momento. Durante los 80 hubo una generación musical no superada hasta ahora: Fito Paez, Andrés Calamaro, Daniel Melingo, los Twist...".

Conocer a Andrés Calamaro y ponerse de nuevo en órbita fue todo uno. "Viajábamos por el interior, con una banda muy poderosa. Inventamos un estilo, una especie de punk lírico. Hacíamos canciones, pero tocadas con un fuego casi apocalíptico". Pero la crisis económica del austral a finales de los 80 obligó a Ariel y Andrés, tras una llamada de Julián Infante desde Madrid, a emigrar de nuevo a España. Aquella diáspora supuso, el nacimiento de Los Rodríguez: "Los comienzos fueron muy duros. Con los primeros discos nos costó mucho mantenernos. Las compañías discográficas dudaban: éramos dos ex Tequilas y ya veteranos. Por fin salió Sin documentos y tocamos la gloria. Pero lo mejor llegó cuando nos separamos. Hace poco, en los conciertos que hice con Andrés nos pasaron cosas que nunca nos habían ocurrido con Los Rodríguez. Fueron conciertos desmesurados, con miles de personas cantando todos los temas y llorando. El mito ha crecido mucho con el tiempo".

El fin de Los Rodríguez le hizo tomar de nuevo las riendas de su carrera en solitario: "Creo que si hubiese aparecido un compadre, un socio en el momento indicado probablemente no hubiese seguido solo. En Los Rodríguez vivía muy bien y muy relajado. Ser solista ha sido un desafío que cada vez disfruto más y que por otro lado me permite sentir que soy nuevo en esto después de treinta años".

Rompiendo clichés

Amaral, Fito Cabrales, M-Clan, Pereza, Andrés Calamaro o Los Ronaldos, entre otros, participan en Dúos, tríos y otras perversiones, un disco con el que el autor ha querido huir de los lugares comunes. "Los duetos son hoy un género específico lleno de clichés y yo he tratado de evitarlos, incluso de romperlos con el propio título", asegura. Tampoco se ha limitado a lanzar un mero convite a sus colegas para que canten. "He querido tratar de captar la esencia de cada uno de los 14 invitados".

Además de este disco de duetos se ha editado una caja especial con tres CD: "El primero es una selección histórica de temas, desde Tequila hasta hoy. Algunas veces coincide con el single y otras no. Ha sido muy interesante porque hacía mucho tiempo que no escuchaba mis discos enteros", explica. Luego está Archivo personal, que contiene material inédito. "Algunos son temas de The Rota -banda paralela a Los Rodríguez en los noventa- incluso grabados en casete. Intenté que fuera un disco con autonomía, que se pudiera escuchar entero con interés, porque muchas veces lo de las rarezas da para meter casi cualquier cosa. Aquí hay, por ejemplo, una versión de Debajo del puente, interpretada junto a Nacho Cano". El tercero lleva los duetos y un DVD con un documental y el making off del disco de los duetos. Además, incluye un libro con fotos antiguas. "Ése fue el momento más movilizador: cuando tuve que abrir cajas, ver fotos, leer cartas, seleccionar originales de letras".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 14 de abril de 2007.

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