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Editorial:

División en Ermua

El sectarismo es tan contagioso como el miedo. El Ayuntamiento de Ermua aprobó el día 4 una moción en la que asume una petición vecinal para exigir al Foro Ermua que deje de usar el nombre de la localidad por considerar que "criminaliza el diálogo y la pluralidad que caracteriza a este pueblo". El portavoz del Foro, Mikel Buesa, respondió acusando a los socialistas, partido mayoritario en el municipio, de haber apoyado una moción "favorable a los que mataron a Miguel Ángel Blanco" (el concejal secuestrado y asesinado por ETA en 1997), y al alcalde, Carlos Totorika, uno de los fundadores del Foro, de "traidor".

La idea de expresar el desacuerdo con las actuaciones del Foro Ermua impidiéndole utilizar el nombre de la localidad es bastante peregrina. Es posible que haya en la iniciativa un componente de insolidaridad, de temor a ser identificados con personas señaladas por ETA o sus cuadrillas juveniles como enemigos de Euskadi. La reciente agresión a un socialista miembro del Foro Ermua en una concentración nacionalista de apoyo al lehendakari hace especialmente inoportuna la iniciativa. Hace diez años, a una concejal del PP de Rentería le pidieron sus vecinos que cambiara de casa para no verse afectados por un posible atentado contra ella.

Sin embargo, recoger más de 3.000 firmas entre los adultos de una población de 16.000 vecinos y conseguir el apoyo de casi todos los concejales no habría sido posible sin la existencia de un fuerte descontento con la utilización que ese colectivo está haciendo no tanto, o no sólo, del nombre del pueblo como de la actitud de sus habitantes que dio origen al llamado espíritu de Ermua. Es abusivo denominar rebelión cívica a las manifestaciones del Foro Ermua contra la política antiterrorista del Gobierno. En 1997, esa expresión se utilizó para describir la movilización unitaria del pueblo de Ermua, luego extendida a todo el País Vasco, contra ETA y sus cómplices de HB.

Aquel espíritu unitario lo hizo suyo el Foro Ermua, pero en los últimos tiempos lo ha transformado en actitudes muy sectarias, representadas por el propio Buesa con sus inaceptables acusaciones. Fue el Foro el que, antes que el PP, tomó la iniciativa de oponer su propia movilización a la unitaria convocada por los sindicatos tras el atentado de Barajas. Sus comunicados y declaraciones están llenos de descalificaciones sumarísimas contra cualquiera que exprese la mínima divergencia con la línea que marcan dos o tres personas. Se puede estar contra las conversaciones de Ibarretxe con Batasuna sin por ello presentar querellas contra el lehendakari. Y mantener divergencias con aspectos de la política antiterrorista del Gobierno sin por ello considerar a Zapatero (o a Totorika) el enemigo principal, como hacen esos arrogantes resistentes de vocación tardía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de abril de 2007