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Entrevista:ADELA CAMACHO DE TORREBIARTE | Ministra del Interior de Guatemala

"Voy a depurar a los mandos policiales"

Guatemala tiene desde hace tres días una ministra de Gobernación (Interior) que ha sufrido en carne propia la violencia que devasta su país. El secuestro de su hijo, en 1996, arrancó a Adela Camacho de Torrebiarte de la vida desahogada de la alta burguesía para lanzarla de lleno al activismo social. Al frente de la organización Madres Angustiadas, Adela y un puñado de mujeres, víctimas de secuestros, decidieron plantar cara a los criminales y a la impunidad.

Esta lucha sin cuartel la convirtió en un referente moral. El martes pasado, dio un paso más al asumir las riendas de la seguridad en uno de los países más violentos de América Latina. A saber: 19 asesinatos diarios (para 12 millones de habitantes), narcotráfico rampante y el crimen organizado incrustado en las instituciones del Estado. "En 10 años pasé de exigir seguridad a implicarme en el esfuerzo por conseguirla", explica en conversación telefónica desde Guatemala. "Ahora tengo la oportunidad de cambiar las cosas".

El secuestro de su hijo, en 1996, lanzó a la hoy ministra al activismo contra la impunidad

En el currículo de Adela de Torrebiarte, que es como se la conoce en Guatemala, no se encontrarán flamantes titulaciones, masters en seguridad o experiencia en enredos políticos. Sí, en cambio, una determinación y un coraje que han llevado al presidente guatemalteco, Óscar Berger, a confiar a esta mujer de trato exquisito la cartera más difícil de su Gabinete.

El reto es enorme, sobre todo porque Guatemala celebrará elecciones el próximo septiembre y habrá relevo de Gobierno en enero de 2008. "Sé que sólo tengo nueve meses por delante, pero se pueden dejar sentadas bases importantes. Nos vamos a centrar en la depuración de la Policía Nacional Civil. Y lo vamos a hacer por arriba, por los oficiales y comisarios. Hay un 90% de gente buena, y tenemos que fortalecerles. Para ello hay que sacar a los malos elementos. Ya hemos comenzado a analizar los expedientes", dice.

El nombramiento llega en un momento crítico. El asesinato, el pasado 19 de febrero, de tres diputados salvadoreños y de su chófer, perpetrado por policías de élite, y la posterior matanza de los autores materiales en una celda de alta seguridad provocaron una crisis sin precedentes y la dimisión del ministro, Carlos Vielmann. "La infiltración del crimen organizado no es de ahora, viene de años, pero el asesinato de los diputados ha revelado la gravedad del problema", explica su sucesora. "Hay una investigación que avanza y la vamos a continuar con energía".

La depuración también va a alcanzar al sistema de prisiones, donde reinan las mafias desde hace años. El mismo día en que Torrebiarte tomaba posesión, tres presos morían en un motín carcelario.

El nombramiento de la ministra, de 57 años, ha recibido un respaldo casi general, quizás porque encarna la esencia de la sociedad civil. Ajena a las luchas partidistas, la única afiliación que se le conoce (y esta sí, fervorosa) es el Cobán Imperial, el equipo de fútbol de esa ciudad del norte del país. "El fútbol es un lenguaje, un sueño y un deseo en común", dice esta mujer que fue presidenta de la Liga Nacional entre 2000 y 2003. Y es que Adela de Torrebiarte ha roto siempre moldes. Rompió los rígidos esquemas de la sociedad guatemalteca cuando se echó a la calle para exigir un país seguro. De repente, aquellas señoras bien dejaban los cafés elegantes de la zona 14 de la capital para plantarse frente al Palacio Nacional o la Corte Suprema de Justicia. "Aquí huele a rico", escuchó alguna vez decir, con desprecio. Pero esas madres angustiadas quebraron también los moldes clasistas, congregaron a muchas mujeres golpeadas por la violencia y se convirtieron en la voz de la conciencia guatemalteca, por encima de razas e ideologías.

Y es precisamente a esa sociedad civil a la que Adela de Torrebiarte apela siempre. El Gobierno ultima, con la ayuda de la comunidad internacional, una reforma a fondo del sistema de seguridad pública. No se trata de un plan de contingencia, sino de un proyecto de largo alcance que será presentado en 20 días. ¿Cómo garantizar que esos esfuerzos no van a diluirse con el cambio de Gobierno? "Sabemos que hay un consenso general entre todos los partidos. Hay que llegar a un gran pacto", explica la ministra. "Pero sobre todo, es importante que la sociedad civil se implique. Los ciudadanos deben ser garantes de la continuidad y la consolidación de estos planes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de marzo de 2007