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Crítica:ESCAPARATE

El valor de una mujer

"¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve / una mujer viviendo en puro grito? / ¿Qué puede una mujer en la riada / donde naufragan tantos superhombres / y van desmoronándose las frentes / alzadas como dique orgullosos / cuando las aguas discurrían lentas?". Estas preguntas pertenecen al poema El grito inútil, que Ángela Figuera (Bilbao, 1902-Madrid, 1984) incluyó en el libro del mismo título. Corría 1952, el año de la Antología consultada de la joven poesía española, de Francisco Ribes. La poesía social marcaba el paso desde que Dámaso Alonso decretara en Hijos de la ira que Madrid era una ciudad de un millón de muertos. La posguerra apretaba. "¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula, / con sólo esta canción, esta porfía / limando y escociéndome la boca?", seguía preguntando Figuera, consciente del escaso valor de la poesía para cambiar las cosas cuando todos los túneles están cegados.

MUJER QUE SOY. La voz femenina en la poesía social y testimonial de los años cincuenta

Angelina Gatell

Bartleby. Madrid, 2007

362 páginas. 18 euros

Esta antología de Angelina Gatell reúne la voz de 11 mujeres que van desde la propia Figuera a la misma antóloga pasando por Carmen Conde, Concha Zardoya, Gloria Fuertes, Aurora de Albornos o Julia Uceda. Gatell dedica buena parte de su largo prólogo a repasar la poesía femenina en España desde la Edad Media, lo que termina restando espacio e intensidad al estudio de las antologadas. Con todo, este volumen es una útil llamada de atención hacia una nómina de autoras empeñadas en transmitir la versión de los vencidos. Está llena de buenas intenciones, sí, pero también de poesía. Y de curiosidades tan actuales como los poemas que Concha Zardoya dedicó al Guernica y al Valle de los Caídos. Historia, memoria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de marzo de 2007

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