Crítica:Crítica
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Una afición nacional

Con más de treinta novelas publicadas, el finlandés Arto Paasilinna ha conseguido que cada uno de sus libros sea un acontecimiento en su país. A partir de 1979, no hay año sin un nuevo libro de Paasilinna, y los finlandeses se diría que los leen con la misma afición con que usan la sauna. La razón primordial de tanto éxito es que son novelas indudablemente divertidas, pero no por ello insustanciales; su sentido de lo cómico recuerda, de alguna manera, el cine mudo, en concreto la actitud impasible de Buster Keaton frente a la tontería: un humor muy serio, que se sirve de la parodia para revelar la chifladura tanto de los estrafalarios como de los que se avienen a la más cruda normalidad. En todos alienta un anhelo, nunca logrado, de felicidad o placidez, que se remedia con actuaciones disparatadas. La visión de Paasilinna, aunque satírica y ácida, es también compasiva; de ahí que la locura de sus personajes libere al lector, momentáneamente, del absurdo y la angustia de la sociedad actual. Hay algo, sin duda, terapéutico en la narrativa de este prolífico escritor finlandés, y en todo caso es seguro que con sus libros contribuye decididamente a que sus compatriotas resistan mejor los largos inviernos.

DELICIOSO SUICIDIO EN GRUPO

Arto Paasilinna

Traducción de Dulce Fernández Anguita

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Delicioso suicidio en grupo tal vez sea una de sus narraciones más corrosivas. En ella aborda, con admirable sarcasmo, una de las dos lacras de la sociedad finlandesa (la otra es el alcoholismo, que también recorre estas páginas con pasos tambaleantes). El suicidio, en Finlandia, es una tentación tan ineludible como el frío, y raro es el finlandés que no haya pensado, alguna vez, en aprovecharse de una opción que resuelve, de golpe, todos los problemas. "Parecía que en Finlandia -se dice por algún sitio- no faltaban los suicidas persistentes". Paasilinna reconvierte ese drama social en afición nacional, apropiada para crear lazos de camaradería y poder ayudarse así, unos a otros, a salir felizmente de este mundo. Claro que, como en todas las decisiones radicales, también en ésta hay dudas sobre la mejor manera de llevarla a cabo. ¿Se puede imaginar el lector un seminario de suicidiología? Los asistentes son gente normal como usted y como yo, pero con precisas intenciones de no dejarse engañar por la postergación. La situación es tan delirante que un organizador del seminario no tiene reparos en declarar: "Aunque el tema de nuestra reunión es obligadamente serio y, a su manera, deprimente, quisiera que ello no fuera motivo para aguarnos este hermoso día de verano". El absurdo aquí salta por todas partes -un absurdo amable, dulcificado por la comicidad-, y la novela se convierte en una road movie, donde en un modernísimo autobús una treintena de suicidas recorren media Europa con el fin de hallar un lugar idóneo para precipitarse al vacío. Es mejor que el lector descubra por su cuenta las triquiñuelas morales, los aspavientos, la insensatez y las siempre amenas añagazas con que este grupo se enfrenta a una decisión que "debía llevarse a cabo con elegancia". Y, como es marca de la casa en la fértil narrativa de Paasilinna, la galería de personajes es prolija y jugosísima. Y no es una novela contra el suicidio, sino contra el ridículo de las determinaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 02 de marzo de 2007.

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