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Reportaje:

España salta al mestizaje

Con la inmigración ha llegado a España el mestizaje. Los niños nacidos de una pareja mixta (un miembro español y otro extranjero) fueron ya el 11,51% en 2005, cuando hace una década no representaban más que el 1,81%. Un 17,6% de los hijos nacidos ese año, el último con los datos cerrados del Instituto Nacional de Estadística (INE), tiene al menos un progenitor extranjero, una cifra que se supera en nueve comunidades; en seis de ellas -Baleares, Cataluña, Madrid, Murcia, La Rioja y la valenciana- uno de cada cinco niños nacidos en 2005 tenían, al menos, un progenitor extranjero. En 1996, el porcentaje nacional apenas alcanzaba un 4,5%. Los inmigrantes suponen el 8,5% de la población española. Pero entre los más jóvenes su huella es ya muy superior.

Los matrimonios entre españoles y foráneos se han multiplicado por más de dos en una década

Uno de cada diez nacimientos es de parejas mixtas, cuando hace 10 años apenas representaban el 2%

La población de inmigrantes ha pasado de 542.314 personas en 1996 a 3.884.573 en 2005

Europa es el origen mayoritario de los nacidos de padre o madre extranjeros

El 17,6% de los recién nacidos tiene al menos uno de los progenitores extranjero, y en seis comunidades se supera el 20%

Por regiones de procedencia, el 37% de los niños nacidos en 2005 de parejas en las que al menos uno es extranjero tiene su origen en Europa (donde Rumania tiene un gran peso). Después América (un 35,48%), seguido de África (23,21%) y Asia (5,57%).

Los matrimonios mixtos han pasado de 1996 a 2005 de un 4,13% del total de las bodas a un 10,76%. Quizá la necesidad de documentos oficiales puede ser una de las razones que pesan a la hora de formalizar la relación entre parejas que convivían sin necesidad de un contrato. Puede haber, desde luego, matrimonios de conveniencia pero no es fácil determinar cuándo eso ocurre. Al menos no hay datos de ello.

La creciente llegada de inmigrantes no va a tirar de forma significativa de la muy escasa natalidad española. Las extranjeras, una población en edad fértil, aportan un 15% del total de los nacimientos, pero su tasa de fecundidad se va pareciendo cada vez más a las de las españolas: tienen 1,73 hijos por mujer, más cercano ya al 1,28 de las españolas que a los 2,22 que tenían de media en 1996. No es de extrañar: suelen trabajar duro y no tienen una red familiar que les alivie la carga de la crianza, subrayan los expertos.

Pero la inmigración sí está alumbrando un camino que en otros países ya se ha recorrido: el mestizaje cultural. Los niños de una pareja mixta suponen ya el 11% del total de los nacimientos. Canadá y Estados Unidos son los países con parejas más mezcladas, también Francia, naciones que han recibido mucha población extranjera. "No hay automatismo en este asunto, suele ser más bien una cuestión de tiempo", apunta el catedrático de Sociología de la Complutense, Joaquín Arango. Aunque apunta otros factores que pueden acelerar el proceso o ralentizarlo: "Hay comunidades más proclives a mezclarse y otras cuyas pautas culturales son menos conducentes a la relación con otros grupos. Cabe especular, por ejemplo, con la posibilidad del fuerte peso cuantitativo de la comunidad latinoamericana en las parejas mezcladas, por el lenguaje que compartimos", señala. La tasa de parejas mixtas también refleja, a juicio de Arango, la inclusividad que muestra el país receptor.

La demógrafa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Margarita Delgado afirma que los extranjeros están contribuyendo al repunte de la nupcialidad y de la fecundidad, pero en términos absolutos, por el aluvión, "pero las tasas indican que esa influencia es menor, por ejemplo en la de fecundidad". Sin embargo, es consciente del fenómeno de la mezcla cultural entre parejas mixtas y de los niños que están naciendo en esos hogares. "La mezcla se está intensificando, es una consecuencia lógica, lo que cabía esperar de la integración y es bueno que sea así, para que todos puedan participar como ciudadanos", señala.

La población de inmigrantes a 1 de enero de 2006 era de 3.884.600; se ha multiplicado por 7,2 en una década. Dos tercios de los más de cinco millones en que ha crecido de la población española desde 1996 se debe al incremento que ha experimentado la población inmigrante.

Esto es el presente, el futuro podría adivinarse también echando un vistazo a los países de nuestro alrededor y no ha sido fácil la integración de los inmigrantes. Cabe la posibilidad de que en España se tome nota de los errores cometidos por los otros. Pero para eso quizá habría que empezar por modificar algunos hábitos. El director del Instituto de Estadística de Andalucía, Juan Antonio Fernández Cordón, apunta uno de ellos: "No podemos distinguir a los españoles de segunda generación; es decir, a los que han nacido aquí, de padres extranjeros que ya llevan muchos años en el país. Y no tenemos esos datos porque no se preguntan. La corrección política atribuye una nota peyorativa a cuestionar sobre el origen étnico". Algunos expertos creen que sería interesante que en el censo de 2011 se preguntara sobre ello, porque en 2050 puede que un tercio de la población sea de origen inmigrante, españoles como el resto, pero que quizá no estén accediendo de la misma manera a la cultura, a la vivienda...

A su juicio, los mecanismos sociales o económicos pueden discriminar a este colectivo de españoles en el futuro, o que ellos mismos se autodiscriminen. "Eso puede ser una fuente de problemas a los que las políticas públicas pueden anticiparse", dice Fernández Cordón.

En la escuela

En la escuela española ya se ven cabecitas de todos los colores. Ya hace años que eso es así, pero serán muchos más en las aulas de primaria dentro de siete años, cuando ese 17% de niños que han nacido en 2005 de al menos un progenitor extranjero alcance la edad de la educación obligatoria. Será allí donde todos aprendan a convivir y a perder la extrañeza ante la diferencia. Pero también serán ellos los que puedan enseñar a la sociedad la riqueza de lo diverso. Los expertos apuntan a la escuela como el espacio donde se aprenderá a valorar y se consolidará el mestizaje.

"Este aumento del mestizaje es un indicador de la capacidad de integración de la sociedad española, de la normalización de la multiculturalidad. Las estadísticas mostrarán, ya lo hacen, cómo se han enriquecido con estos nuevos nacimientos los conocimientos culturales, lingüísticos, de los alumnos españoles", apunta Silvia Carrasco, profesora de Antropología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Ventajas, dice, a las que la escuela no encuentra acomodo. "Se siguen aplicando modelos monoculturales; eso ya estaba mal antes, pero ahora ni siquiera se responde al reconocimiento del bagaje cultural que presentan estos nuevos españoles", añade.

Por estudios realizados en Cataluña, Carrasco apunta que detrás de la cifra de matrimonios mixtos se ocultan otras parejas que también lo son pero no están casadas. Y detalla que este mestizaje va en más direcciones que las parejas formadas por españoles y extranjeros, puesto que también se dan las formadas por dos personas de distintos países que han llegado a España a vivir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de febrero de 2007

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