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Turkmenistán sella formalmente en las urnas la continuidad del régimen dictatorial

Las elecciones presidenciales se consideran un trámite para legitimar al jefe de Estado en funciones

El Estado centroasiático de Turkmenistán celebró ayer elecciones presidenciales para sustituir al dictador Saparmurat Niyázov, muerto repentinamente a los 66 años de edad el pasado diciembre. Los comicios, en los que participó el 98,65% del censo electoral, según las primeras estimaciones oficiales, son considerados un trámite formal para legitimar al favorito, el presidente en funciones Gurbangulí Berdimujammédov, uno de los seis candidatos que se presentan con la promesa común de continuar la política de Turkmenbashí (el padre de todos los turkmenos, como se hacía llamar el fallecido).

Con todas sus limitaciones -todos los candidatos son del partido en el poder-, el intento de guardar las formas es ya un cambio -y tal vez una señal para el futuro- en un país como Turkmenistán, que jamás ha elegido un presidente entre más de un candidato. Niyázov, que era jefe del Estado de por vida, había permanecido 21 años en el poder, primero como líder comunista y desde 1991 como máximo líder del Estado más aislacionista y cerrado de cuantos surgieron al desintegrarse la URSS.

El extravagante dictador se había caracterizado por una implacable represión dirigida tanto contra sus opositores como contra los miembros de su equipo, que despertaban su cólera o su sospecha. Niyázov plasmaba su endiosamiento en obras suntuarias dedicadas a su propia persona, mientras recortaba cada vez más los derechos básicos de sus conciudadanos tales como la educación, la sanidad y las pensiones de jubilación.

Aparte de la continuidad, los candidatos a la sucesión no han desarrollado plataformas políticas, pero todos ellos han hecho hincapié en la necesidad de "perfeccionar" y "mejorar" el sistema de enseñanza, la sanidad y las prestaciones sociales, lo cual se interpreta como una señal de que, como mínimo, el régimen es consciente de la necesidad de dar un respiro a los sufridos cinco millones de habitantes de este país de 488.100 kilómetros cuadrados, marginados hoy de la riqueza que generan sus hidrocarburos. Niyázov personalmente controlaba las cuentas del Estado y disponía de sus emisarios que llevaban el dinero a bancos occidentales.

Aunque los mensajes electorales no pueden tomarse al pie de la letra, Berdimujammédov ha indicado que en el futuro podría haber pluralismo político, y además de prometer acceso a Internet para todos, se ha pronunciado por prolongar la enseñanza media a 10 cursos, recuperando así el curso escolar que había sido abolido por Niyázov de tal manera que los jóvenes turkmenos se habían visto privados de la posibilidad de estudiar en el extranjero. Berdimujammédov ha propuesto también revisar la decisión de Niyázov, que había privado de sus pensiones de jubilación a los trabajadores del campo, un total de 100.000 personas que se quedaron sin sus módicos ingresos mensuales.

En Turkmenistán se observan hoy ligeros cambios, como el traslado de los presos desde las cárceles más duras del país a otras con un régimen más benigno, según afirmaba ayer por teléfono un activista cívico desde Ashjabad. Sin embargo, los servicios de seguridad prohibieron a personas críticas con el régimen que se reunieran con los observadores de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). La presencia internacional en estas elecciones es escasa y aún menor la de periodistas extranjeros, incluidos los rusos, a los que no se ha facilitado visados de entrada.

Salvando las distancias, ante el nuevo líder se plantea el dilema que se presentaba en 1953 ante los sucesores de Stalin, a saber, continuar con la política del tirano, de la que eran cómplices, o iniciar un proceso de apertura. Berdimujammédov, como el resto de los candidatos, ha participado en la política del dictador. Su llegada al puesto de presidente en funciones tuvo ya un carácter irregular, por cuanto oficialmente y según la Constitución, el presidente del Parlamento, Ovezgeldy Atáyev, era el encargado de ejercer el interinato hasta la celebración de elecciones. Sin embargo, un expediente delictivo contra Atáyev (que fue arrestado y del que no se sabe nada más) y un cambio constitucional veloz allanaron el camino a Berdimujammédov. El favorito, de 50 años, es dentista de profesión y había sido viceprimer ministro responsable de Educación y ministro de Salud e Industria Médica.

Según el profesor del Instituto de Política Exterior de Noruega, Shojrat Kadírov, Berdimujammédov era el médico personal de Niyázov y él fue el primero en enterarse de su muerte. Conjuntamente con el jefe de la escolta presidencial, Akmurat Redzhépov, tomó la decisión de informar del fallecimiento al Consejo de Seguridad, y no al Parlamento, para evitar ser encarcelado y acusado de la muerte del líder.

Un país con fabulosas reservas de gas

Saparmurat Niyázov controlaba enormes depósitos de gas, y eso hacía que rusos, ucranios, norteamericanos, chinos y europeos acudieran a Ashjabad a rendir pleitesía al padre de todos los turkmenos y en general hicieran la vista gorda a la represión reinante en Turkmenistán, país que practica una política internacional de neutralidad. Niyázov se las arregló para que nadie supiera de cuánto gas disponía el Estado y guardaba en su caja fuerte los informes encargados a las consultoras occidentales sobre sus reservas de hidrocarburos.

Dada la posición geográfica de Turkmenistán y sus reservas de gas (1,4 billones de metros cúbicos confirmados y 12 billones de metros cúbicos, según el difunto), la sucesión al frente del Estado turcomano es asunto de importancia mundial. En Moscú, los analistas creen que el favorito Berdimujammédov practicará una política más prorusa que su antecesor y subrayan que está casado con una rusa. A la ceremonia de toma de posesión del nuevo presidente en Ashjabad, el 14 de febrero, acudirá el primer ministro ruso, Mijaíl Fradkov.

También Ucrania tiene razones para estar presente a alto nivel en el evento, ya que Turkmenistán es el principal proveedor de gas de Kiev. A la vista del estancamiento de la producción de gas en Rusia, los suministros de gas turcomano pueden ser clave para que el monopolio del gas ruso, Gazprom, cumpla con sus compromisos internacionales.

Hasta ahora, Turkmenistán no ha querido participar en los planes para crear nuevas rutas de exportación de gas del Caspio que eviten el tránsito por Rusia, aunque Niyázov exploraba por su cuenta las posibilidades para librarse del monopolio ruso. En abril de 2006 firmó un acuerdo con China mediante el que se comprometió a construir un gasoducto (vía Uzbekistán y Kazajistán) y suministrar gas a Pekín durante 30 años desde 2009. También quería ampliar el gasoducto de poca capacidad que le une a Irán y construir otro hasta Pakistán vía Afganistán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de febrero de 2007

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