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Entrevista:Ana Martínez de Aguilar | Directora del Museo Reina Sofía | El futuro del Reina Sofía

"Si el museo no estuviera en crisis estaría muerto"

Desde su inauguración como centro de arte en 1986, el Museo Reina Sofía ha tenido una vida tan agitada en lo artístico como en lo político. Cada cambio de ministro de Cultura hacía temer siempre un cambio en la dirección del museo. En diciembre pasado, Carmen Calvo, actual titular de dicha cartera, presentó un Código de buenas prácticas en museos y centros de arte en el que se propone que los directores de los museos sean en el futuro elegidos mediante concurso público. "El Reina dará ejemplo", añadió. ¿Supone eso que el puesto de Ana Martínez de Aguilar, actual directora, es ahora interino? Nombrada directamente por el Consejo de Ministros en mayo de 2004, ella afirma que no: "Yo fui contratada como todos los directores anteriores. Eso sí, creo que en España es muy mejorable el sistema de contratación de los directores. Soy consciente desde el primer día de que me pueden cesar. Siempre he trabajado a largo plazo pero sabiendo que estoy en el corto". La entrevista con Ana Martínez de Aguilar (San Sebastián, 1955) tuvo lugar la semana pasada. Días después, la ministra de Cultura declaraba que convocaría el concurso para la dirección del museo antes del final de esta legislatura, pero ayer mismo Martínez de Aguilar afirmó que la propia Carmen Calvo, "personalmente", le había ratificado su "total confianza". No hablaron de plazos, afirmó también.

"Cometí un error ingenuo al difundir el preámbulo del proyecto museológico. Era un texto interno"

"Hay grandes profesionales que se marchan del museo por estar mal pagados"

"Soy consciente de que me pueden cesar. Trabajo a largo plazo pero sabiendo que estoy en el corto"

"Si aparece la escultura de Richard Serra estará deteriorada. La destruiremos"

Pregunta. ¿La relación de su puesto con la política le ha creado más problemas de los que le ha resuelto?

Respuesta. A mí me gustaría hablar más de mi proyecto, de hacia dónde vamos, pero... Curiosamente, yo he sido nombrada como los anteriores directores, pero soy, que yo sepa, la primera a la que se le exige un proyecto cuando llega aquí. Ese proyecto se presenta en junio de 2005. Y es lo que estoy llevando a cabo, creo que con buenos resultados. ¿Si a mí me afecta la situación en España? Claro. El Reina Sofía siempre ha estado en el centro de atención, pero no está en el debate lo fundamental, lo que necesitan las instituciones, si la estructura es la adecuada... Está en el debate una lucha política, mediática y de intereses. Y eso es denigrante.

P. ¿Eso le ha hecho ponerse a veces demasiado a la defensiva?

R. Digamos que hubo unos momentos iniciales complicados, de saber dónde estás y qué está pasando. Yo soy una profesional independiente, y la independencia es un valor que tiene unos costes. Tú crees, a lo mejor ingenuamente, que te llaman para poner en marcha un proyecto, pero no sabes, y eso es una ingenuidad por mi parte, que vas a estar metida en esta lucha. Yo creo en el debate, en la crítica y en la autocrítica; lo que no creo es que una institución cultural tenga que estar en el debate político. Y que se tergiverse, se mienta y se difame. A mí se me ha acusado de muchas cosas.

P. ¿Cuáles han sido, en su opinión, las más dolorosas e injustas?

R. Me encantaría, la verdad, hablar del proyecto... Ha sido injusto todo, desde si estás preparada o no para llevar este cargo adelante hasta que, de repente, cuando estás poniendo orden en todo, te digan que en tu época ha desaparecido una obra de Richard Serra cuando en realidad lo que has hecho es descubrir que esa obra estaba desaparecida anteriormente. En los recuentos de algunos medios sobre las mejores exposiciones del año pasado había siempre alguna del Reina Sofía. Los mismos críticos que dicen eso luego dicen que no te gusta el arte contemporáneo. Yo puedo decir que hay tantas buenas críticas como lo contrario. Por lo demás, el primer año ha subido un 10% el número de visitantes. Ningún otro museo ha subido tanto.

P. Pero también hay galeristas muy críticos con usted, sobre todo a partir de que se hablara que el Reina Sofía debía ser más museo y menos centro de arte.

R. Se creó la polémica antes de dejarnos actuar. Yo reconozco que cometí un error de ingenuidad muy grande: enviar masivamente el preámbulo del proyecto museológico. Era un documento de discusión interna que yo nunca debí haber mostrado. Allí estaban, de alguna manera, los razonamientos que nos habían llevado a unas conclusiones que aprobó el patronato del museo y con los que incluso la oposición se manifestó de acuerdo en el Congreso. No hay conflicto. La colaboración entre un museo y las galerías se da en las adquisiciones, en la investigación, en las exposiciones, pero un museo también tiene la obligación de atender a aquello que al mercado no le parece tan prioritario.

P. Usted ha pedido que el museo se convierta en agencia estatal. ¿Solucionará el gigantismo funcionarial del museo?

R. Estamos gestionando 90.000 metros cuadrados, con alrededor de 500 personas en plantilla, un presupuesto superior a 50 millones de euros y una colección de cerca de 16.000 obras. Yo llegué en un momento en que estaba a punto de terminarse la ampliación, que ha dotado de 30.000 metros cuadrados adicionales al museo. Todo eso se hace sin tocar la estructura de personal. Nadie pensó en que eso tiene que llevar aparejada una modernización de la gestión. Por otro lado, mientras que, por ejemplo, el Prado es una institución centenaria, con unas colecciones ya decantadas durante siglos, aquí estamos trabajando con artistas vivos, con una realidad cambiante. Hace falta una adaptación continua. Si el Reina Sofía no estuviera en crisis, si no necesitara cambios, estaría muerto.

P. ¿En qué mejorará el museo cuando sea agencia estatal?

R. Dotará de mayor agilidad a la gestión y a la contratación e incluso permitiría una adecuación mejor de los salarios. En el museo hay departamentos y profesionales de primer nivel que a veces se marchan porque están mal pagados. Ahora estamos bajo mínimos en la estructura de personal. La gente está trabajando a destajo.

P. ¿Cambiaría algo tan concreto como el horario? A veces no se entiende que el museo cierre el domingo por la tarde, justo cuando la gente tiene tiempo para venir. La flexibilidad del Prado ha sido un éxito.

R. Estamos atados de pies y manos no sólo en eso sino en muchas cosas. El Prado se convirtió en ente público, y desde entonces no hay más que ver los resultados. Ha abierto un camino que debería seguir el Reina.

P. ¿Ha tenido usted que dedicar más tiempo a solucionar problemas del pasado que a preparar un proyecto futuro?

R. No. Lo que hemos hecho es trabajar a destajo. Indudablemente, no con las condiciones de tranquilidad ideales... Queda mucho por hacer, pero estamos en el mejor camino para hacerlo. Se ha presentado un proyecto museológico, una programación de exposiciones hasta el año 2010; están definidas las líneas de investigación y las líneas de educación. Hay un proyecto clarísimo en marcha.

P. ¿Cómo será la colección del museo cuando se aplique el nuevo proyecto?

R. Por un lado, el museo cuenta por primera vez con el edificio antiguo entero para poder desplegar la colección permanente. Vamos a duplicar casi el número de obras expuestas. Por otro lado, en todas las instituciones culturales dedicadas al arte está habiendo una revisión del siglo XX. Después de estudiar nuestra colección llegamos a unos principios: tenemos una colección rica, fundamentalmente de arte español, con una personalidad propia que se ha ido creando con núcleos importantes (Julio González, Picasso, Miró, Dalí...), y entreverada de ejemplos internacionales que sirven de contexto. No somos un país aislado, como se nos ha dicho en tantas ocasiones.

P. ¿Cuál será el criterio de ordenación?

R. El museo tiene un fin de investigación y de conservación, pero la educación a mí me parece fundamental en una institución de este tipo. Vamos a hacer un discurso que sea legible para el común de los ciudadanos. Ese discurso es la cronología.

P. Muchos museos renunciaron a la cronología para ordenar sus colecciones por criterios más puramente formales. Luego han vuelto a ella. ¿Qué es lo mejor?

R. Una institución viva tiene que combinar ambas cosas. Nuestra apuesta no es sólo la cronología; también la singularidad. Como creemos que ésta es una institución educativa, tiene que haber un discurso de referencia. Eso sí, la educación también es el debate. Aquí vienen especialistas y gente que entra por primera vez en un museo. Y hay que atender a los distintos públicos y a las distintas necesidades.

P. ¿Cuándo se podrá ver la colección totalmente desplegada?

R. A finales de 2008. Será un récord. Los museos importantes del mundo han cerrado sus colecciones durante las obras y han tardado más de tres años en mostrarlas de nuevo.

P. ¿Se va a rehabilitar el edificio de Sabatini?

R. Efectivamente. Desde hace 20 años no ha tenido una actualización. En su ampliación, Nouvel atendió a determinadas necesidades del museo, pero no a todas. Por ejemplo, tenemos un departamento de restauración al nivel de los mejores del mundo. En 1991 tenía sitio suficiente; ahora, no. El proyecto global exige tener la atención en 20 frentes.

P. ¿Hay alguna novedad sobre la escultura de Serra desaparecida?

R. No.

P. ¿Cuándo se dio cuenta de la desaparición de la pieza?

R. Yo estaba con Richard Serra viendo la exposición de Oteiza. Le dije que estaba reorganizando las colecciones. Hablamos de mantener la escultura en la ubicación original, en la planta baja. Cuando me puse a mirar y a preguntar y me entero de lo que pasa, me pego un susto de muerte. No me lo creía.

P. La pieza ya se reconstruyó en un taller de Alemania.

R. Sí, se verá en la retrospectiva que el MOMA dedica a Serra en primavera.

P. ¿Y si aparece la primera?

R. Está todo acordado. Entre el artista y el museo se decidirá cuál de las dos se destruye.

P. O sea, que ahora sería un problema que apareciera.

R. Es un problema en el sentido de que hay que destruir una. No tiene sentido que esté de manera permanente en otro sitio, porque está hecha para aquí, recreando un espacio. Desde luego, perdería su carácter de pieza única y, como mínimo, estará deteriorada. El acuerdo al que se ha llegado es destruirla.

P. Destruir la primera.

R. Efectivamente.

P. Dice que la colección se verá completamente montada en 2008. ¿Confía en inaugurarla usted como directora?

R. Uno tiene que saber a lo que se compromete. Otra cosa es que te sobreviene... Lo que asumí desde el primer momento es que esto no me pertenece; yo tengo el privilegio de haber sido nombrada para hacer una labor aquí. Intentaré hacerla lo mejor que pueda y con una visión a largo plazo hasta que me vaya. Y me da igual hoy, que mañana, que dentro de un año. Me encantaría que me dejaran terminar el proyecto: ver la colección permanente puesta entera y hecho el cambio jurídico, que la situación quede mejor que yo la encontré. Claro que me gustaría, pero indudablemente estoy disponible, y sé que el museo no me pertenece.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de enero de 2007