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COLUMNA

Queridos Reyes Magos

No quiero que os falte mi carta este año en el que, según las noticias que me han llegado, no vais a traernos nada sino a llevaros aquello que lacera nuestras existencias individuales, que quebranta nuestras vidas en común. ¡Precisamente cuando tantas inseguridades fragilizan el horizonte de nuestros futuros personales, cuando tantas amenazas ensombrecen nuestras esperanzas colectivas! Comienzo por el ámbito que me es más próximo, el de los símbolos, los valores, las ideas. En él, oscilamos desde la más compacta indiferencia en la que todo cabe y todo es posible, todo es igual e intercambiable, hasta el más abrupto sectarismo ideológico que sólo ve lo que le dejan ver los filtros censores de su ideología. En el entierro de Pinochet no faltaron los chilenos que se sumaron a la ceremonia en un último homenaje al dictador, olvidando no sólo su condición de tal y por tanto responsable de las múltiples torturas y asesinatos que se perpetraron, sino, sobre todo, negándose a ver en su líder al ladrón del dinero del pueblo, al expoliador del patrimonio público que puso a buen recaudo en bancos extranjeros (en el Riggs Bank de EE UU entre otros) el fruto de sus latrocinios, evaluado por lo conocido hasta ahora, en cerca de 30 millones de dólares.

La estación de Atocha fue, como recordareis, el escenario de una horrible matanza perpetrada por el terrorismo islamista. La casi totalidad de los asesinos han sido neutralizados, unos por autoexclusión -los suicidados- y otros porque se les ha capturado y están en la cárcel. Según las conclusiones del fiscal, ocho han muerto, tres están en prisión y uno está huido. Los exhaustivos interrogatorios a que se les sometió acompañados de sus confesiones, la confrontación de muchas otras informaciones y datos, convergen, sin la menor duda, en señalar su indiscutible autoría, bajo la inspiración y egida de Al Qaeda. Pues bien, el gran partido de la oposición derechista de nuestro país, el PP, continúa obstinadamente defendiendo, dos años después del suceso, la hipótesis de una conspiración orquestada en beneficio del PSOE y cuyo brazo ejecutor fue ETA. Los razonamientos, pruebas, datos y, en general, toda la evidencia acumulada en torno del atentado, no consiguen ni atenuar el convencimiento de muchos de sus militantes ni sobre todo la enfervorizada movilización mediática de sus líderes en apoyo de la ridícula tesis conspiratoria.

Los múltiples e incuestionables datos y testimonios sobre la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak; son tan convincentes como los igualmente incuestionables datos e informaciones sobre la preparación por parte de la Administración Bush, bajo la conducción del vicepresidente Cheney, de la invasión de Irak. Invasión considerada como necesaria para dotar a EE UU de una indispensable base en Oriente Medio capaz de asegurar el suministro de petróleo que reclama la economía norteamericana para seguir creciendo. La realidad incontrovertible de estos hechos no ha impedido y sigue sin impedir que la casi totalidad de los Media de EE UU y una buena parte de su opinión pública siga pensando que la guerra era inevitable y justa si se quería acabar con un horrible tirano y establecer la democracia en toda la zona, comenzando por Irak. Lo absurdo de esta afirmación, lo aberrante de la propuesta de querer introducir y asentar una democracia a golpe de guerras y de muertos, no son menos disparatadas que la pretensión que Bush repite ahora, cotidianamente, de que se está ganando una guerra en la que sólo cosecha derrotas. Y sobre todo muertos. Más de 3.000 soldados norteamericanos y ya cerca de 350.000 iraquíes y la implantación de una contienda civil, entre suníes y chiíes que está comenzando en Irak, pero que parece inevitable que de una forma u otra reaparezca en la totalidad del mundo islámico, en el que recordemos que la mayoría de los suníes es abrumadora, 85% frente al 15% de los chiíes. Mayoría a la que las televisiones del mundo, en especial del mundo islámico, acaban de dotar de un mártir suní, insultado en el momento de su muerte y ajusticiado, a manos interpuestas, por el Gobierno norteamericano. Evidencia a la que muchos honestos ciudadanos de EE UU no podrán acceder. Quizá porque no hay peor ceguera que la ideológica ya que es la de aquellos ciegos que no quieren ver.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de enero de 2007