EDUARDO MADINA

Un dique frente al odio

Tenía 25 años cuando un atentado de ETA le trasladó a la madurez de golpe. La bomba dejó heridas físicas, pero nunca consiguió que entrara en el juego del odio. En el año del alto el fuego de la banda terrorista, este diputado socialista ha dado ejemplo de cómo luchar por un futuro mejor

Se recuerda a sí mismo con 25 años, conduciendo hacia el trabajo, intentando ser feliz en un país lleno de fábricas de tristeza. Había terminado la carrera de historia contemporánea, trabajaba, hacía un máster y jugaba al voleibol en Primera División. También tenía un cargo sin sueldo en las Juventudes Socialistas de Euskadi. Por eso, cada mañana tenía que agacharse y mirar los bajos de su Seat Ibiza. El martes 19 de febrero de 2002 se levantó con el tiempo justo. Durante 10 kilómetros, todo fue bien, pero a la salida de una rotonda el vehículo estalló. ETA había colocado dinamita suficiente para terminar con su vida, pero su altura se confabuló con el destino, y "esos dioses podridos por los que desde hace 40 años se mata en Euskadi" sólo pudieron quedarse con su pierna izquierda. Durante cinco años, Eduardo Madina ha intentado que la metralla no llegue a su alma. De su tragedia y la de su familia -su madre murió de infarto a los pocos meses- sólo se ha sabido ahora, durante el juicio a los terroristas de ETA que intentaron matarle. Desde las pasadas elecciones, Madina es diputado socialista por Vizcaya.

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Es usted una víctima rara.

Sí, yo soy un poco antihéroe.

¿Por qué?

Porque soy una víctima de ETA, pero no sólo eso. Cualquiera es la suma de muchas cosas; yo, también. A pesar de que ETA quisiera matarme un día. He intentado dejar todo en su sitio para que no sea ETA -o lo que ETA fabricó en mí el 19 de febrero de 2002- la que decida mis perspectivas, ponga mis filtros, genere mis críticas y construya mis pensamientos políticos, sino que sea yo. No de espaldas a eso. Con eso. Pero no exclusivamente con eso.

¿Cómo era usted antes del atentado?

Yo era una persona distinta claramente. Hacía deporte en Primera División nacional de voleibol, entrenaba prácticamente todos los días, tenía una sonrisa adolescente instalada en la cara a pesar de mis 25 años, una maduración tardía y lenta, como supongo que la mayoría de la gente de mi generación. Y aquello fue una especie de tránsito hacia la madurez sin etapas intermedias, de golpe, sin poder elegirlo. Fue una mañana de transporte en el tiempo. De repente, ETA me sacó de mi época y me llevó a otro lado.

¿Y cuál ha sido el proceso hasta ahora?

Sobre todo, íntimo. He procurado guardar mi intimidad de las miradas ajenas, porque no quiero poner mi condición de víctima al servicio de mis tesis políticas. Ser víctima no me parece un valor añadido a la hora de tener razón. Y a mí nunca me ha interesado sumar galones de sufrimiento. Ojalá no tuviera ningún galón. Daría todo lo que pudiera porque aquel día no hubiera pasado nunca. Y esos espacios, que eran míos, la cámara instalada en la Audiencia Nacional los hizo públicos porque yo los tenía que poner delante del juez para que pudiera sentenciar el caso. Nadie me preguntó si yo quería que esa cámara estuviera encendida.

Y si hubiera podido elegir.

Esa cámara hubiera estado apagada. Yo estaba hablando para el juez. Le conté, sólo a él, las conclusiones de cinco años de intimidad, de mi íntimo proceso de construcción y de comprensión de lo que me pasó aquel día. Cuando te ponen una bomba y te intentan matar, el proceso para salir de ahí es muy largo y muy difícil. Y es importante construir un dique interno para que no te inunden los odios que ETA busca, las pasiones que ETA genera o que busca generar en las personas a las que visita. Porque busca eso. Inyecciones de odio. Así que hay que poner diques internos para que haya zonas libres para el pensamiento, para el desarrollo humano. Llevo casi cinco años construyendo dentro de mí diques contra el odio.

¿Y de qué se construyen esos diques? Porque el odio, la rabia, hasta el deseo de venganza son pasiones naturales, inherentes al ser humano…

Sí, lo más normal es que se desencadenen esas pasiones cuando te pasa algo así. Pero con sus inyecciones de odio, ETA busca reacciones de odio. Y si ETA quiere buscar en mí a un jugador en ese juego, conmigo que no cuente. Que jueguen ellos y al que le dé la gana jugar con ellos. Pero no verán en mí ni una sola muestra de nada más que de absoluta indiferencia hacia los que intentaron asesinarme y hacia quienes el otro día estaban dentro de la jaula en la Audiencia Nacional. No han conseguido que juegue ni a un 10% del juego de odio, de violencia, de malas sensaciones que me propusieron el 19 de febrero de 2002. Jugaré a lo que yo quiera. Y de forma libre.

¿En ningún momento estuvo tentado de jugar a ese juego?

Al principio, en la UCI, todo eran llantos, todo eran odios, todo eran pasiones, incomprensiones. La racionalización de lo que ha ido pasando ha sido el proceso al que me he ido dedicando. Y no, no será ETA quien decida ninguno de los carriles por los que va a ir mi vida, más allá de lo que ya decidió sin que yo pudiera elegirlo la mañana aquella del atentado.

¿Cómo reaccionó su entorno, sus amigos de la universidad, del voleibol, a su atentado?

Hubo alguien que me dijo una frase enorme, sin duda con la que más me identifiqué: "No tienes que andar buscándole respuestas a algo que ni siquiera tiene preguntas". Es una frase propia de alguien que tiene una perspectiva muy grande de la vida. Porque tan sólo ponerle un porqué, ya casi presupone la posibilidad de una justificación. Buscar preguntas del tipo ¿por qué a mí?, es egoísta, porque hay mucha más gente que ha pasado por lo mismo, y segundo, es presuponer que puede existir un porqué, y los asesinatos de ETA tienen pasiones, no razones. En Euskadi, durante 40 años, se han estado haciendo sacrificios humanos, tributos de sangre a dioses podridos y enfermos. Esas teologías no son racionalizables, son otra cosa. Y hubo también quien llegó al hospital y me dijo: "Quién te mandaría a ti matarte en política…".

Será "meterte en política"…

Eso, meterte; qué equivocación más curiosa. Nunca se me había ocurrido, pero es hasta más acertado. "Matarte en política…". El caso es que me hizo mucha gracia porque es como presuponer que un atentado es política, cuando un atentado de ETA no es política, y ojalá los periódicos hubiesen enviado cada uno de los atentados de ETA a las páginas de sucesos y no a las de política. Nos hubiese ido bastante mejor. Y además presupone que, estando en política, la posibilidad de un atentado pertenece a una especie de lógica, de juego de posibilidades, que te va casi en el sueldo, aunque yo no tenía ni sueldo… Pero en general recibí solidaridad plena. Todo me ayudó para salir de allí.

Hay víctimas que tuvieron problemas para volver a la vida.

Hay mucha gente que le ha costado, sí. A mí también me costó bastante. Sobre todo en lo relacionado con la movilidad. Las heridas hicieron que tuviera que reformular mis dinámicas de movimiento…

¿Y ahí no hay rabia…?

Hay, pero me la quedo yo, no se la enseño a ETA.

Algunas televisiones alternaron las imágenes suyas en el juicio con otras, de cinco años atrás, jugando al voleibol…

Imágenes que ya no se volverán a ver…

¿Y ni siquiera eso le provoca…?

Claro que provoca, pero lo he canalizado hace tiempo ya… Y sobre todo, cuando lo sentía de una forma muy efervescente, nunca le di el gusto a ETA de enseñárselo. Lo gestioné yo para mí, con mi gente, y lo canalicé y lo convertí en otra cosa… He procurado positivar la locura. El viaje al fin de la noche que es un atentado de ETA. Y bueno, hace algún tiempo que empezó a hacerse de día. Todavía no está del todo clara la cosa, pero cada vez hay más luz.

¿Por qué todavía no ha amanecido del todo?

Porque es un proceso largo, duro y difícil, que son tres términos que están muy de moda. Es un hecho de importancia trascendental, y su fabricación lenta, su cocción a fuego lento asegura más éxito que un proceso rápido y artificial…

Decía antes que le costó entrar en la vida…

Me costó en lo físico, pero volví pronto a obligarme a hacer todas las cosas que hacía antes y que podía seguir haciendo: trabajar, estudiar… Aquel año completé un máster de recursos humanos, hice la tesina, volví pronto a las Juventudes Socialistas… Y en lo que se refiere al verbo ser, que para mí está antes que el verbo hacer, volví pronto a estar con mis amigos, a salir por donde solía, a tener las conversaciones que tenía, a sentir las cosas que sentía… Todo eso me ayudó para ver que muchas facetas de mi vida sí seguían siendo posibles. A ellas me agarré y por ellas fui volviendo a rehilar todos los trozos de mi vida. Procuré volver pronto a los sitios donde estaba…

Pero con escolta…

Sí, claro, con escolta y sin libertad. Euskadi es una sociedad llena de escoltas. Ojalá hubiera un día internacional de la gente que protege a gente en Euskadi; se merecen un día y muchas más cosas porque han hecho un trabajo bien peligroso. Y ojalá ese día todos ellos fueran con un chaleco de colores chillones para que los biempensantes y los del jersey sobre los hombros del centro de Bilbao vieran el número de colores chillones que dan la nota en su propia ciudad y en su propio país. Ese día a lo mejor empezarían a tener una perspectiva más ajustada de lo que sucede. Yo, después de sufrir el atentado, no fui ajeno a eso, y me tocó ir con escolta. Y eso tiene una interferencia tremenda en tu vida, sobre todo en un chaval de 25 años. Pero ojalá me hubieran puesto escolta antes. Un añito antes…

¿Le habían ofrecido protección?

No, el gobierno vasco no me ofreció nunca escolta hasta que tuve el atentado.

¿Intuía que podía pasar?

Sabía que había algo echándome el aliento en la nuca que se llamaba ETA y que en cualquier momento me podía visitar. Recuerdo que era un tiempo en el que ETA intentaba matarnos -atentó tres veces contra miembros del PSE en tan sólo un mes, entre ellos yo- y a la vez el PP nos negaba la identidad española; nos decía que éramos unos traidores, unos pronacionalistas, que con Patxi López y Jesús Eguiguren nos íbamos a convertir al independentismo… Y a la vez ETA nos mataba. Yo sabía que ETA buscaba políticos sin escolta y dar duro contra el PSE en un momento de reflexión tras la dimisión de Nicolás Redondo. Tenía cuidado, miraba debajo del coche y por la ventanilla cada vez que salía del portal; pero aquel día no pude mirar, llegaba tarde al trabajo, y justo el día que no miras hay algo debajo. Pero esto da igual…, estaba muy escondida.

Manuel Montero, ex rector de la UPV, contó que un día un grupo de proetarras intentó lincharlo y sus guardaespaldas terminaron en el hospital. En la radio de su coche le andaban llamando equidistante, colaboracionista… ¿Le suena esa situación?

Sí, y es una locura. Una barbaridad. Si yo y otra gente no estamos de acuerdo con la normativa que el PP ha establecido sobre lo que una víctima tiene que hacer, decir y apoyar -y yo no estoy en eso ni voy a estar nunca-, entonces, casi por un silogismo aristotélico, nos convertimos en personas con síndrome de Estocolmo. ¿Cómo voy a tener yo algo que ver con quienes intentaron matarme si han cambiado mi vida y casi me matan?

El otro día apresaron en Francia a otro de los que participaron en su atentado, y seguía pidiendo guerra…

Sí, a grito pelado.

Y al día siguiente, ya había carteles en San Sebastián de solidaridad con él. ¿Qué es lo que sucede para que a una víctima le cueste tanto entrar en la vida y a los terroristas se les sigan dando homenajes a su regreso de prisión?

Supongo que son ceremonias tribales. La tragedia en Euskadi es que hay gente manipulada por otros para terminar convirtiéndose en unos asesinos. Sólo la ceremonia salva la insoportable levedad de los pretendidos argumentos que sujetan a quienes se meten en esa locura. Pero es verdad que en Euskadi se ha dejado campar a sus anchas a los que hacen ese tipo de ceremonias, al tiempo que se humillaba a sus víctimas. Nadie tenía ningún problema con tener de vecino a un chaval que llevara una camiseta de "Gora ETA", pero todo el mundo tenía miedo de que en su escalera viviera un guardia civil. Eso ha pasado.

Y sigue pasando.

Nada que ver con los años ochenta, pero sigue pasando. Ha sido una especie de construcción política del extraño. Cuando quien vive a tu lado no es tu vecino o tu conciudadano de Bilbao o de San Sebastián, sino que es de otro sitio, o un guardia civil, o un periodista. Se construye al extraño. Y después se fabrica indiferencia política y distancia social. Ha pasado en Alemania y en otros sitios. No es nuevo. No hemos inventado nada nuevo.

¿Y por qué esas persianas cerradas al sufrimiento de los demás?

Algunos sectores del nacionalismo político, por equilibrismo, y en la calle, o por miedo, o por desidia, o por indiferencia. Pero el caso es que yo sí he estado en sitios, como mucha otra gente, llevando féretros por pueblos donde las persianas se bajaban en el momento en que pasaba la comitiva. Gente que ha dicho: eso no va conmigo. Serán o no conscientes, pero su conciencia jamás estará tranquila. Y me preocupa que algunos partidos de Euskadi jamás hayan sido considerados por ETA como un obstáculo a su proyecto totalitario. Nunca se han puesto enfrente de un modelo que pretende imponer exterminando al que considera que no tiene sitio allí. Porque eso somos las víctimas, la población sobrante del sueño por el que ETA mata. Estos partidos ¿no se preguntan a sí mismos por qué no han sido considerados un obstáculo para un proyecto fascista? Hace poco escuché a Josu Jon Imaz decir: "ETA ha enviado a una cuadra de fascistas…". Cuadra de fascistas. Un término que nunca Arzalluz utilizó y que nunca utilizará Egibar. Y me gustó. Orienta bien al que a mí me parece un gran político, como Imaz, en la dirección en que su partido debiera haber estado mucho tiempo antes, pero que no estuvo. Si el ciento por ciento de la clase política hubiera estado unida contra el terrorismo, las cosas hubieran sido bien distintas.

¿Quién va a escribir la historia?

La historia ya está escrita. Algunos, como decía Albert Camus, han querido estar siempre al lado de los que han escrito la historia y otros hemos preferido quedarnos al servicio de quienes la han sufrido. Me parece una gran frase que para Euskadi es muy ajustada. Por eso ahora nos tocará a nosotros. Obligatoriamente, nos va a tocar.

La pregunta que muchos se hacen en torno al proceso de paz es cuánto se le va a pagar a ETA por dejar de matar.

Pero la gran pregunta no es ésa. La gran pregunta es: ¿qué vamos a cobrar de todo este tiempo trágico de violencia terrorista? No es qué vamos a pagar para que dejen el terrorismo, es cómo vamos a cobrar el haber pagado tanto durante 40 años. Por eso es absurdo pensar que la historia la van a escribir ellos. Quien pretenda adornar de causas históricas 40 años de sangre tiene un problema de psiquiatra.

Pero la percepción es distinta. Muchas víctimas, incluso algunas muy cercanas al socialismo vasco, dicen que viven en el desasosiego desde que el Gobierno abrió la posibilidad del diálogo con ETA.

La historia se escribirá sobre el testimonio del dolor. Y quienes acusan a mi partido de haberse olvidado de todo esto es precisamente quienes no saben que mi partido es especialista en sufrir fascismos de todo tipo, y que el PSOE enterraba a militantes asesinados por ETA años antes de que a Fraga se le ocurriera jugar al juego democrático. El problema es que hay una permanente tendencia hacia la monopolización de las cosas. Es decir, el único que asegura la respuesta al terrorismo es el PP, el único que tiene la llave de la definición de la identidad española es el PP.

Pero algo debe de estar haciendo mal el PSOE para que esa idea cunda…

Seguro, desde luego. Aunque desde el punto de vista del PP, casi todo. Lo que creo que hay es un profundo desconocimiento de los mecanismos de control que una democracia tiene con respecto a lo que el Gobierno hace. Ellos piensan que el Gobierno del PSOE está siempre traicionando a todo el mundo. Y en esta democracia, uno no puede traicionar a todo el mundo. Porque hay mecanismos de control que lo impiden. Segundo, no comprenden bien el significado de las instituciones del Estado. Siempre piensan que se están resquebrajando, que no son sólidas. No comprenden bien el sistema constitucional español. Creen que lo puede tirar abajo un presidente del Gobierno o un partido pactando con unos terroristas. Zapatero, aunque quisiera, no puede tirar abajo las esencias constitucionales de este país. Porque el Estado tiene límites, tiene frenos, tiene mecanismos de control, tiene líneas rojas que ningún Gobierno puede pasar.

¿Y cuál es el papel de las víctimas?

Hay que incorporarlas a la Constitución como uno de los valores de nuestro sistema democrático. Es decir, constitucionalizar el hecho de que tuvimos víctimas, de que hubo un proyecto que pretendió acabar con el sistema democrático matando gente, para imponer su modelo.

Y que no lo consiguieron porque esa gente aguantó…

Claro, por eso ese debate de vencedores y vencidos no tiene sentido. Ya hay vencedores y vencidos. Hemos vencido nosotros. Y han sido vencidos los que pretendieron imponer un modelo que nunca va a ser real.

¿Y tienen que pedir perdón? ¿Le serviría a usted que le pidieran perdón los que intentaron asesinarle?

Cuando uno pide perdón, supongo que es una acción hacia sí mismo, para curar su conciencia. No es una dinámica que me interese. Allá ellos con su conciencia y con sus formas de limpiarla.

¿Qué les diría?

No les diría nada. Si acaso, que leyeran. Mario Onaindia decía que en sus años de cárcel leyó todo lo que pudo, y que eso le hizo darse cuenta de las cosas en las que había estado metido. Su vida después estuvo orientada a todo lo contrario. Que lean dentro, que se den cuenta de lo que han hecho, y que algún día, cuando salgan, se dediquen a viajar, para ver lo grande y enormemente bello que es todo.

¿Son recuperables para la convivencia?

No lo sé. Habrá de todo. Desde gente como Yoyes, que pretendió serlo y no la dejaron, hasta gente que no lo será nunca. Lo que me interesa más es que el espectro social que ha puesto música de fondo a todo eso sea recuperable, no los Txapote, Iñaki Bilbao o Asier Arzalluz. Y ésa es la labor de Otegi. Si no lo consigue habrá fracasado.

¿Y por qué Otegi no se desmarca del pasado?

Porque Otegi llegó como el futuro Gerry Adams vasco en 1998 y no se ha convertido en un Gerry Adams.

¿Tiene tiempo todavía?

Yo creo que está ante su última oportunidad. Llegó para solucionar un "conflicto armado", como él dice, un conflicto terrorista, y si no consigue acabar con todo eso y reconducirlo para que su gente tenga un referente institucional en el futuro de Euskadi habrá fracasado. Ante su gente y ante la historia. Y tendrá que preguntarse qué sigue haciendo dando ruedas de prensa todos los días. Convendría que hablara menos y que hiciera más.

¿Se imagina una vuelta atrás?

Se me hace difícil, porque psicológicamente estoy en otra cosa. Yo creo que ya no hay sitio. Hubo un sitio por la vía de la muerte. Yo creo que ya no hay sitio. Me cuesta pensar en la posibilidad de ETA otra vez generando titulares de asesinatos por atentados terroristas. Estamos en otro escenario. Y estamos con la cabeza en otra cosa.

¿Alcaraz representa el sentir mayoritario de las víctimas?

Alcaraz representa a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que creo que tiene censadas, entre asociados y víctimas directas, a unas 3.000 personas de un cómputo total en los censos del Ministerio del Interior de 18.000. No más, pero no menos.

¿Le dolió que no estuviera en el juicio?

No, porque no lo esperaba. Nunca he recibido una llamada de solidaridad ni de este señor, ni de nadie de la dirección de su asociación. Sin embargo, unos días después, alguien me envió una imagen por Internet de Alcaraz dándole la mano a Ynestrillas en la puerta de la Audiencia Nacional, y entonces sí me dio pena que Alcaraz prefiriera la compañía de Ynestrillas a la mía. Pero bueno, no me dolió. De todas formas, tampoco he conseguido que Mariano Rajoy, que era ministro del Interior cuando ETA intentó matarme, pregunte qué tal estoy. Ni Acebes, ni Zaplana.

¿No le preguntaron?

No.

¿Ni le llamaron en su día…?

No, ni vino a verme nadie del PP al hospital. Nadie. Nadie entró en mi habitación y me dijo: hola, soy fulanito de tal, miembro, dirigente, cargo o lo que sea del PP; ¿cómo estás?, vengo a traerte la solidaridad de mi partido. Yo sé que la tengo, seguro, la solidaridad del PP, porque no puede ser de otra manera, pero nadie me la llevó a la habitación del hospital.

¿Hasta dónde estaría dispuesto a llegar? ¿Estaría dispuesto a que quienes pretendieron asesinarle salieran antes de la cárcel?

Yo estaría dispuesto a llegar a un futuro escrito exclusivamente sobre justicia y sobre memoria. Que todo lo que se haga sea justo y se construya sobre el recuerdo. Ni una sola injusticia, ni un solo ladrillo colocado sobre el olvido. Y sobre esos dos carriles creo que hay mucho por construir. Estaría dispuesto a llegar hasta la última línea de ese relato. Pero exclusivamente sobre justicia y exclusivamente sobre memoria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 31 de diciembre de 2006.

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