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COLUMNA

Demos también buenas noticias

Hace ya años que un grupo significativo de analistas de la comunicación afirmamos que los periodistas no daban cuenta de la realidad, sino que la producían. La información como producto fue durante cinco años tema de trabajo del Comité Internacional de Comunicación y Cultura, y en el Instituto Oficial de Radio y Televisión dimos a la luz en aquellos años (1980-1984) una serie de publicaciones relativas a los telediarios y a la prensa de referencia dominante defendiendo que el dato no era un segmento de lo real al que accedíamos directamente, sino resultado de un proceso de creación que se realizaba de acuerdo con determinadas pautas y protocolos. El dato no se descubría, se fabricaba. Todo esto que las ciencias experimentales, sobre todo la física, nos habían enseñado años antes había que importarlo a nuestro ámbito para acabar con la mitología de la objetividad, que a pesar de su revindicación de la realidad en cuanto tal y de su pretensión de la validación del saber informativo, no pasaba de ser la coartada de nuestra impotencia cognoscitiva. Objetividad que sustituimos por la reflexividad en la que sujeto y objeto se autoinstituyen recíproca y simultáneamente y nos remiten a la simple integridad transmisora. La ideología de la noticia a que pertenecía esa criticada doctrina había reducido el horizonte de lo noticiable a lo negativo, a lo infame, a lo perverso, y sólo dejaba de hablarnos de catástrofes, de muertes, de infortunios para meternos en el aburridísimo cementerio de lo institucional: interminables consejos de ministros, discursos, siempre los mismos, de los políticos de turno, el tedio inútil de la vida pública que la información reitera día a día. Sin llegar nunca al fondo de las cosas.

La ideología de la noticia había reducido el horizonte de lo noticiable a lo negativo, a lo infame

La prensa internacional, sobre todo la francesa, ha prestado una sostenida atención al caso de Clearstream -una entidad financiera luxemburguesa con un impresionante volumen de operaciones con los paraísos fiscales- en cuya opción People llevamos ya más de dos años involucrados: qué personalidades francesas tenían cuentas en dicha entidad, desde cuándo, etcétera, pero sin aclarar nunca ni el origen ni la verdadera actividad de la institución. ¿Sí o no Clearstream es una cabeza de puente en el corazón de la Europa comunitaria de los paraísos fiscales, en los que fructifica el dinero negro de la corrupción y de la criminalidad organizada?

Por no hablar del lamentable tratamiento que los informadores están dando al tema del Diálogo de Civilizaciones. Tomando pie en el choque de civilizaciones propuesto por ese legionario del Pentágono que es Huntington, Kofi Annan y Zapatero quisieron buscar alguna alternativa a las guerras de Bush y Blair a las que éstos llamaron en su versión diplomática unilateralismo y en la teoconservadora Cruzada contra el mal. Como todas las iniciativas onusianas, la Alianza no es un dispositivo de combate, sino una invitación a las acciones discretas por la paz. Que en nuestro mundo de violencia y dinero suenan a música celestial. Lo que no es razón para falsear lo que se ha conseguido: cerca de 500 asociaciones voluntarias enroladas ya en el proyecto y un programa Erasmus mundial destinado a los países del Sur, sobre todo a los musulmanes. La única lectura posible del cachondeo con que periodistas y humoristas, sobre todo de la derecha, han acogido la iniciativa es la identificación con la cruzada de Bush y con el escarnio de los más de 300.000 muertos que ha inducido.

Pero no todo son ignominias y aflicciones. En el mundo también pasan cosas buenas y ya es hora de que hablemos de ellas. Elisabeth Lavilla, de nuevo una mujer, nos invita a descubrir un mundo más positivo, más alegre, que según ella existe y da pruebas de vitalidad. Para que tengamos noticias de él ha creado una pequeña empresa, Semillas para el Cambio, que en colaboración con otras empresas ciudadanas -Patagonia, Utopias, Naturaleza@descubrimientos, etcétera- están intentando repoblar la información con buenas noticias. Y el ejemplo cunde. Christian de Boisredon, otro pionero, ha creado la agencia Reporteros de Esperanzas y ha publicado un libro, La esperanza alrededor del mundo, que con más de 60.000 ejemplares vendidos, prueba que la gente quiere que le cambien la música. Utne Reador, Fast Company, Yes, Positive News, Good News Agency son otros voluntarios de la información ciudadana decididos a recuperar lo positivo del mundo. Sin angelismos ni bobaliconerías, pero convencidos de que las cosas pueden mejorar y que hay que mejorarlas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de diciembre de 2006