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COLUMNA

China, a la conquista de África

Con tasas de crecimiento superiores al 10%, una inversión extranjera que proporciona capital a la inmensa mano de obra disponible, y un tipo de cambio competitivo, China está avanzando rápidamente en el ranking económico mundial. Como muestra de su creciente relevancia, los Estados Unidos han lanzado una iniciativa de dialogo estratégico bilateral destinado a coordinar políticas comerciales, de energía y servicios financieros, iniciado con la reciente visita del Secretario del Tesoro Paulson y el Chairman de la Reserva Federal Bernanke.

Su superávit comercial se ha acelerado de manera vertiginosa en el último año, y alcanza ya casi el 10% del PIB. Su volumen de reservas supera ya el billón de dólares, proporcionando a los dirigentes chinos un enorme potencial inversor. Hasta ahora estas reservas se han gestionado de manera tradicional, en inversiones de renta fija en su mayoría en dólares. Pero desde hace un par de años las autoridades chinas han comenzado a plantearse la optimización del uso de estas reservas. Además de diversificar la panoplia de activos financieros, China ha decidido dedicar una parte de sus reservas a usos geoestratégicos, entre ellos reforzar su independencia energética. Así, en los últimos años China se ha embarcado en un proceso de inversiones en África, Asia Central, América Latina y el sur de Asia. De especial interés es el caso africano, por motivos que explicamos a continuación.

África proporciona actualmente el 30% de las importaciones chinas, y la tendencia es al alza. Angola es ya su principal proveedor de petróleo, con unas importaciones de más de medio millón de barriles diarios. Las inversiones energéticas chinas en África cubren 20 países del continente y, en los últimos cinco años, las compañías chinas han invertido unos 15 millardos de dólares en la compra de pozos petrolíferos africanos. La primera cumbre Sino-Africana tuvo lugar recientemente en Pekín, con más de 30 líderes africanos presentes.

La relación es, a priori, beneficiosa para ambas partes. África ofrece vastos recursos energéticos con menos incertidumbre política que el Medio Oriente, y China ofrece un enorme mercado para las exportaciones africanas, con muy poca solapación de productos. El comercio entre ambas áreas está creciendo a tasas anuales superiores al 20%, y se calcula que en el 2010 China tendrá un volumen de comercio con África similar a Europa o los Estados Unidos.

El trasfondo geopolítico de esta relación es importante. China ha multiplicado su esfuerzo de ayuda al desarrollo en el continente, sobre todo en infraestructura, y ofrece a África un modelo de comercio y de ayuda al desarrollo diferente del que ofrecen Europa y Estados Unidos. Sirva como ejemplo el caso de Angola. Tras la paz alcanzada con las guerrillas, el FMI negoció con las autoridades angoleñas un programa de préstamos con claras condiciones para asegurar la transparencia del uso de los ingresos petrolíferos y acabar así con décadas de corrupción. Tras acuerdo inicial, las autoridades angoleñas decidieron en el último momento renunciar a los préstamos del FMI y aceptar una fuente alternativa de financiación: préstamos chinos por valor de 5 millardos de dólares, sin condicionalidad alguna.

No es de extrañar que las organizaciones internacionales y los países occidentales estén empezando a preocuparse de la creciente influencia china en África. Además del dominio comercial, la presencia china está comenzando a interferir con los objetivos de política exterior occidentales, diluyendo los esfuerzos de mejora de la gobernanza y la transparencia de los sistemas de gobierno africanos y ofreciendo apoyo a regímenes políticos de dudosa calidad democrática y respeto a los derechos humanos. Además, ofrece un modelo de desarrollo -capitalismo dirigido combinado con control político- alternativo al consenso de Washington, que ha fracasado claramente en el alivio de la pobreza del continente. ¿Qué recibe China a cambio? Además del suministro de recursos energéticos, China se asegura el apoyo político africano en temas tan espinosos como Taiwan y en foros internacionales como las Naciones Unidas.

La conquista de África es un claro proyecto de política exterior bajo el modelo de soft power, el uso del poder económico en lugar del militar y del ofrecimiento de concesiones políticas para ejercer influencia en el exterior. El gigante silencioso se está despertando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de diciembre de 2006