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Entrevista:Pasqual Maragall | Presidente de la Generalitat

"No me pidieron que me volviera a presentar"

Barcelona
Han sido años muy agitados los tres en que Pasqual Maragall ha llevado el timón de la Generalitat de Cataluña. Ahora, en un par de semanas, el que fuera alcalde de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 y presidente del nuevo Estatuto pasará a la segunda línea política. Maragall explica en esta entrevista a EL PAÍS algunos de los aspectos más polémicos de su mandato, incluyendo su renuncia a ser candidato a la reelección. Reconoce que nadie le pidió que siguiera.
Pasqual Maragall, antes de la entrevista, en el Palau de la Generalitat.
Pasqual Maragall, antes de la entrevista, en el Palau de la Generalitat. JOAN SÁNCHEZ

El próximo día 28 cederá el testigo de la presidencia de la Generalitat de Cataluña a José Montilla. Pasqual Maragall (Barcelona, 1941) ha permanecido tres años en el cargo. Maragall repasa en esta entrevista, la primera que concede desde las vacaciones de verano, las luces y sombras de su mandato.

Pregunta. ¿Qué herencia deja?

Respuesta. Creo que una concepción catalana de España, en el terreno ideológico. Y una manera de gobernar o unas prioridades de gobierno de las que se ha hablado muy poco, pero de las que ya se hablará. En cuanto a España, yo creo que hay una visión catalana que es la de la España plural. La España plural, poliédrica, que tiene evidentemente varias visiones.

"El 3% no era un invento mío; se les podía haber preguntado a algunos empresarios madrileños"

P. ¿Y eso lo entienden en el resto de España?

R. No. De todos modos el Estatuto no deja de ser un punto de partida para ir a eso.

P. ¿No cree que el Estatuto en vez de ayudar a una idea de que el resto de España comprenda a Cataluña de momento ha dificultado esa comprensión?

R. No se trata de que España entienda a Cataluña, sino de que España entienda que Cataluña tiene una visión diferente de España de la habitual: que hay varias Españas posibles. Que había una Cataluña distinta, se veía venir. Que Cataluña pudiese aportar una nueva visión de España, no.

P. ¿No es imprescindible que España tenga una visión de Cataluña?

R. No, yo creo que la visión que España tiene de Cataluña ya es sabida, y no es de ahora, no es de Zapatero, es de González. Una actitud comprensiva respecto de Cataluña desde España ya la ha habido, incluso con Suárez. Lo que no ha habido es una comprensión de que Cataluña tenía otra visión de España, que quería operar no sobre la parte, sobre ella misma, sino sobre el todo. España lo tiene difícil para funcionar si prescinde de la visión que de ella tiene Cataluña. También es cierto que ahora lo que importa es Europa. Europa es ya nuestra nueva patria grande. No es que queramos huir de España, es que económica, intelectualmente, en todos los terrenos la nueva patria común se llama Europa.

P. Los tres años de tripartito han ayudado a avanzar en esa idea...

R. Creo que sí. La idea de Cataluña, la idea de España y la idea de Europa, han ido avanzando.

P. Pero también ha habido un desgaste político tremendo tanto para el Gobierno catalán como para el Gobierno de Zapatero...

R. ¿Habla de desgaste porque ha durado un año menos de la cuenta la legislatura en Cataluña?

P. No resultó novedoso que el Estatuto topase con el PP, lo sorprendente es que chocara con...

R. Con el PSOE.

P. Con los socialistas del conjunto de España...

R. Claro, evidente.

P. El primer texto del Parlamento catalán fue un shock. ¿Quizás no lo esperaban?

R. Lo esperaban, sí... Sabían perfectamente lo que iba a pasar.

P. ¿Pero hubo un cierto shock?

R. Yo intervine poco en esta fase de la historia, eso lo hizo el Parlament. Por los partidos de la mayoría, tres personas: Joan Ridao (ERC), Miquel Iceta (PSC) y Joan Saura (ICV-EUiA). No digo que no me informaran, pero...

P. ¿No hubo demasiadas sorpresas?

R. No, porque estaba Iceta, más guardián de las esencias socialistas que el propio presidente en cuanto al Estatut.

P. Después del Estatuto que aprobó el Parlament, hubo pacto a la baja entre el nacionalismo catalán de centro derecha y Zapatero.

R. Sí, fue un acuerdo sorpresivo que daba salida a un problema que nosotros, el tripartito, se suponía habíamos creado. Pero esa sintonía entre el Gobierno socialista y el nacionalismo catalán -y el vasco- no es nueva. En Madrid siempre han creído que Cataluña y el nacionalismo catalán eran lo mismo.

P. ¿Usted se ha sentido víctima de una especie de pacto no escrito entre el nacionalismo catalán de centro derecha y el PSOE?

R. No, rotundamente no. Si lo dice por mi retirada, yo ya tenía madurado no presentarme. Mi misión era hacer posible el cambio, abrir el paso a otra etapa, pero no necesariamente participar en ella. En algún momento se planteó la posibilidad de que yo me volviera a presentar con Montilla, haciendo tándem. Pero nunca fue una hipótesis seriamente considerada. Montilla dijo "no".

P. ¿Le pidieron que se volviera a presentar?

R. No.

P. ¿Y si se lo hubieran pedido?

R. No me lo pidieron.

P. ¿Se ha sentido solo?

R. He sentido que se imponía una explicación de lo que estaba ocurriendo que no era la verdadera, y que era imposible luchar contra la falsa. Era tan fácil y además había una víctima tan identificable y eso siempre es atractivo.

P. ¿Zapatero tenía derecho a sentirse defraudado con usted por el Estatuto?

R. La apuesta de la izquierda catalana era dura de tragar para él. Y eso complicó las relaciones Zapatero-Maragall. Pero al final los resultados están ahí y no están mal. Zapatero será elegido otra vez, y de nuevo un socialista va a ser presidente de la Generalitat... Pero hay momentos en que España parece creer que la Cataluña "de verdad" es la nacionalista. No entiende que haya una Cataluña que quiere cambiar España, lo cual es otra cosa. Prefiere la nacionalista que pasa de España, que simplemente es educada con España. En eso [Artur] Mas es igual a [Jordi] Pujol. Y de repente los socialistas catalanes, la izquierda catalana, turba esa paz y dice: "No, si lo que queremos es también ayudar a cambiar España, si nosotros somos españoles de una España distinta". A los nacionalistas, en cambio, les importa relativamente poco lo que ocurra en Andalucía o en Extremadura.

P. El problema es que desde el resto de España a esta izquierda no se la percibe como española sino como nacionalista catalana.

R. Lo que debería entender la izquierda española es que la diferencia entre la izquierda catalana y la derecha catalana es que a la derecha catalana no le interesa España. A la izquierda sí, con lo cual yo ya entiendo que sea más problemático el trato con la izquierda catalana que con la derecha.

P. ¿Cree que identificar a los socialistas catalanes con nacionalistas de izquierdas responde a la realidad?

R. En el Gobierno nuestro lo dominante no ha sido el nacionalismo de izquierdas, ha sido la izquierda y ha sido el catalanismo.

P. Lo difícil es cambiar España a través del Estatuto catalán, ¿no sería más lógico cambiar España a través de la Constitución?

R. Yo encantado. Ha sido el PSOE, vista la nula predisposición del PP, quien ha decidido no cambiarla. En mis primeras conversaciones con el Zapatero, todavía en la oposición, y con Francisco Rubio Llorente empezamos discutiendo cómo tenía que cambiarse el artículo 2 de la Constitución para reconocer a las nacionalidades his-

tóricas. Pero no se avanzó en la reforma de la Constitución y se adelantó la reforma del Estatuto.

P. ¿Pero de verdad creyeron que iba a ser más sencillo?

R. Bueno, digo que lo pareció, porque estando la izquierda en la oposición no había conciencia de la potencia que iba a tener la reacción españolista, que era cantada. Ahora parece que nos hayamos olvidado, pero hubo una campaña de fuerte anticatalanismo: se retiraron depósitos de las cajas de ahorro catalanas en el resto de España, se dejó de consumir cava...

P. Pero eso también obedeció a determinadas actuaciones de algunos personajes de...

R. ¿De Esquerra?

P. El boicot al cava llegó después de que Carod-Rovira dijese que prefería que le dieran los Juegos Olímpicos a cualquier ciudad menos a Madrid.

R. ¿Y a eso había que responder con una retirada de depósitos de las cajas de ahorro? ¿No es eso matar moscas a cañonazos?

P. ¿Son reacciones provocadas por sentimientos españolistas?

R. Provocadas por un españolismo tan enemigo de la España plural como, en cierto modo, determinado nacionalismo catalán.

P. ¿El momento peor para usted fue el de tener que dejar de hablar del 3% de comisiones sobre las obras públicas a cambio de pactar el Estatuto con CiU?

R. El 3% no era un invento mío. Era moneda corriente que eso sucedía y hubiera bastado con preguntar a algunos empresarios madrileños. Fue un momento difícil en la medida en que se ponía a prueba la inmunidad de los nacionalismos, sobre todo el catalán.

P. ¿CiU amenazó con romper el consenso estatuario, y la izquierda cedió ante esa amenaza?

R. Se cedió no sé si exactamente porque la amenaza era real o porque nos habíamos acostumbrado a no hablar de determinadas cosas... Yo no tengo muchas dudas de que fuera verdad lo del 3%, lo que me sorprendió es que siendo verdad y estando en la prensa no se hablase más de ello.

P. Pues se percibe que el Estatuto se pactó a cambio de no hablar del 3%.

R. Eso ya me parece una exageración. No tiene mucho que ver.

P. Artur Mas dijo ante el Parlamento catalán que si se hablaba del 3% CiU rompía la baraja.

R. No la rompió.

P. No se habló más del 3%.

R. Mas amenaza siempre, pero no cumple sus amenazas. En la derecha catalana pesa mucho la real politik ¿Tiene principios? Sí, pero perfectamente descriptibles. La izquierda siempre ha sido más soñadora y más sentimental.

P. Los ciudadanos no entienden que se diga que existe, y luego no se hable del 3%.

R. Los ciudadanos entienden que no se hable y que además eso es una prueba de que la política no es trigo limpio. Pero también es un poco ingenuo imaginar que simplemente hablando se arregla.

P. ¿Y no son los políticos los que deben resolverlo?

R. Sí, pero cuando lo hacen probablemente rompen una regla no escrita de la convivencia política que es "de determinados temas no se habla".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de noviembre de 2006