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La Zaranda recurre a la basura como gran metáfora del mundo

El grupo La Zaranda estrenó el pasado jueves, dentro del Festival franco-ibérico Las Translatinas de Bayona (Francia), su último espectáculo, Los que ríen los últimos, al que han cargado de palabras heridas, de ruinas y estéticas poéticas y en el que se utiliza la basura como gran metáfora del mundo.

La Zaranda es uno de los grupos de teatro más raros del panorama escénico. No tanto porque en 25 años han logrado ser más conocidos fuera de España, donde los mejores festivales y teatros se los disputan, sino por su aura de auténticos malditos convertidos en gurús de los perdedores. A ello contribuye más que nadie su director y líder, Francisco Sánchez. Pero también le ayudan, y mucho, los actores Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y el escritor Eusebio Calonge, autor de los curiosos y poéticos textos que pone en pie el grupo siguiendo siempre unas reglas inamovibles: encerrarse en una nave de Jerez de la Frontera, de donde proceden, y no salir hasta que ese primigenio borrador se ha convertido en un conmovedor espectáculo con el que siempre logran desgarrar jirones a un trozo de la sociedad en la que viven.

También sucede en Los que ríen los últimos, donde los detritus protagonizan esta mirada que La Zaranda vuelve hacia sí misma, hacia el teatro y hacia los grandes perdedores de su oficio, simbolizados en cómicos circenses nómadas en vías de extinción. La Zaranda ha jugado con este espectáculo a vomitarse encima y ofrecer el terrible espectáculo de que se les vea ahogándose en sus propios vómitos, en un montaje que deja claro que ellos encima de un escenario convierten a todos en disidentes de la época que nos ha tocado vivir y tiran bocados a las entrañas de las almas hermanadas con ellos que aún conservan la esperanza de que algo distinto puede ocurrir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de octubre de 2006