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CARTAS AL DIRECTOR

Medicina temeraria

Minneapolis, Estados Unidos

Leo con verdadero pavor el caso de Griselda Navarro y me pregunto en manos de qué tipo de facultativos nos encontramos. Con 42 años ha dado a luz a una criatura, afortunadamente sana, muy a pesar de la médica que la atendía. La facultativa, aparentemente, decidió por inspiración divina que Griselda no podía quedarse embarazada. Le diagnosticó menopausia precoz y cuando Griselda le sugirió que el motivo de sus náuseas, malestar, etcétera, podría ser un embarazo se negó a hacerle una de las pruebas más fáciles, rápidas y baratas que existen en el sistema sanitario. La Consejería de Sanidad de Madrid, con una inhumanidad casi insultante, no advierte ningún indicio de malas prácticas. ¿Y si la criatura, tras todos esos innecesarios, incontrolados y temerarios tratamientos, hubiera nacido con defectos graves? ¿Tiene idea de la carga ya no sólo económica, sino psicológica y anímica que puede provocar sobre una familia un feto teratógeno? Aun sabiendo a posteriori que la criatura se encuentra bien, ¿qué ocurre si Griselda no quería un tercer descendiente? ¿Va a sufragar los costes de manutención de la criatura la doctora que negó irresponsablemente la capacidad de decisión a Griselda? Cuesta entender cómo tras semejantes exhibiciones de desidia y temeridad los responsables aún se encuentran en nómina y ejerciendo. Suerte con tu reclamación, Griselda, y con tu nuevo médico, que a buen seguro no continuarás con la anterior.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de octubre de 2006