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La campaña electoral en Cataluña

Mas registra ante notario sus 21 promesas electorales y su negativa a pactar con el PP

El candidato de CiU cifra en 1.200 millones de euros el coste de sus políticas sociales

Artur Mas ha sido testigo estos días de cómo la izquierda, en especial el socialista José Montilla, cuestiona su palabra de que rechazará cualquier alianza con el Partido Popular (PP) tras las elecciones del 1 de noviembre. Ayer, el candidato de Convergència i Unió (CiU) a la presidencia de la Generalitat quiso oficializar este compromiso y lo incluyó entre las 21 promesas electorales que figuran en el documento Contrato con los catalanes, que registró ante notario y enviará esta semana a los 5,3 millones de electores. CiU cifra en 1.200 millones de euros el coste de sus políticas sociales, los conocidos como cheques.

Si no basta con su palabra, bien debe servir un acta notarial. Y eso es lo que hizo ayer Artur Mas en cuatro folios que resumen su programa para las elecciones autonómicas, o elecciones "nacionales", como las denominan los dirigentes de Convergència i Unió. Son un total de 21 compromisos que se inician con una declaración: la de que será presidente, si dispone de la mayoría suficiente, de todos los catalanes "sin excepción", aplicará políticas igualadoras, fortalecerá la "personalidad nacional de Cataluña" y recuperará "su prestigio" en España.

El suyo es un programa que debe poner en práctica, aseguró, un Gobierno que haya resultado vencedor en las urnas y que no esté atado de pies y manos a otras fuerzas parlamentarias. Sobre todo, al Partido Popular, al que los nacionalistas pretenden arrinconar en la oposición y evitar que se convierta en "árbitro" y en "los reyes del mambo" de la política catalana. De esta forma, en el documento notarial figura el compromiso de Mas de no "firmar ni establecer ningún pacto permanente o estable con el PP para gobernar en Cataluña durante la próxima legislatura". Asimismo, promete "ejercer la presidencia sin ningún tipo de subordinación a fuerzas políticas de ámbito estatal".

Entre las promesas de carácter social, figura un apartado específico para emigración que plantea la aprobación de una ley de derechos y deberes para los inmigrantes que regulará, mediante un sistema de puntos, su acceso a las ayudas sociales. También se incluye la expulsión de los emigrantes que residan en España de forma ilegal y hayan cometido delitos.

Otras ofertas de los nacionalistas son los conocidos cheques para hijos o guarderías, los complementos a las pensiones de viudedad y de jubilación, un plan de choque en infraestructuras, la ampliación de los permisos de paternidad y maternidad, y las ayudas para las personas dependientes. Todas estas ayudas supondrán un coste de 1.200 millones de euros -"una parte mínima del presupuesto de la Generalitat", precisó el candidato- una vez descontados los 600 millones que corresponden al impuesto de sucesiones que Mas quiere suprimir durante la próxima legislatura.

En materia de seguridad, Mas se compromete a aplicar aplicar la "máxima dureza" contra el crimen organizado, a ampliar en 7.000 agentes los efectivos policiales y a finalizar el despliegue de los mossos d'esquadra en 2008..

"Montilla divide a los catalanes"

Artur Mas no podía elegir ayer mejor plaza para convertir a José Montilla, su principal rival en las urnas, en blanco de sus invectivas. En su primer mitin de campaña, el líder nacionalista quiso estar en Cornellà de Llobregat -ciudad cuya alcaldía ocupó Montilla durante 19 años- para reivindicar el carácter integrador de las políticas de CiU y arremeter de lleno contra el candidato socialista, al que acusó de intentar "dividir y enfrentar" a los catalanes "por su lugar de origen o su lengua materna".

Mas había obviado hasta ahora cualquier referencia directa a su contrincante. Pero se acabó. Ayer, el candidato nacionalista no se mordió la lengua y enumeró una serie de circunstancias que, a su juicio, representan el "peor pecado" que puede cometer un aspirante a la presidencia de la Generalitat. Primero sacó a colación el lema del PSC en la precampaña, Ahora es la hora de los catalanes. "Cómo si antes nos hubiéramos dedicados a los extraterrestes", replicó. Segundo, le acusó de intentar convertir la polémica de los debates en un inexistente, dijo, conflicto lingüístico. Tercero, le echó en cara que ahora puede ser candidato gracias a la política de "integración" con la inmigración practicada por Jordi Pujol. Y para remacharlo le retó a ganarse su victoria en las urnas el 1 de noviembre si quiere acceder al Gobierno catalán y no mediante "trapicheos" de despacho.

"Un candidato a la presidencia de la Generalitat no puede dividir nunca al pueblo de Cataluña, lo que tiene que hacer es unirlo", proclamó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de octubre de 2006

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