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AGENDA GLOBAL | ECONOMÍA
Columna
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La revolución Web 2.0

Joaquín Estefanía

LA PASADA SEMANA, Google ejecutaba su mayor adquisición hasta la fecha. El gigante de la búsqueda de información por Internet adquiría la web de publicación de vídeos gratuitos YouTube por valor de 1.300 millones de euros. Google financiará la compra con acciones propias. La historia de Google ya se ha contado bastantes veces, pero mucho menos la de YouTube: una pyme californiana, nacida en un garaje y al frente de la cual hay dos jóvenes veinteañeros, incorporados ya a las clasificaciones de multimillonarios.

Hace unos días, el semanario The Economist estudiaba el modelo de negocio de YouTube y establecía una analogía con la cadena de cafés Starbucks: ésta tiene sillas confortables, pero no cobra a la gente por sentarse en ellas, sino que a través de las mismas proporciona un ambiente agradable (que le cuesta dinero a la empresa) que hace que los que entran compren un café a un precio bastante más caro que el habitual. Éste es, en esencia, decía el semanario, el modelo de negocio que han adoptado las páginas web que tienen "contenidos generados por los usuarios", como los blogs personales, las páginas de fotografías y, la última locura, los vídeos amateurs, que se pueden cargar y ver en páginas como YouTube. Al ofrecer un entorno de libertad de interacción, dichas páginas web son el equivalente online a las sillas confortables de Starbucks. "El problema es que, hasta ahora, ni tienen ningún equivalente al café caro que les aporte dinero y sirva para cubrir costes".

Una nueva oleada de compras invade Internet. Hay que saber si los precios que están siendo pagados corresponden a su auténtico valor o se está hinchando otra burbuja

La operación citada no es sino el ejemplo más representativo de las operaciones de fusión que están teniendo lugar en los últimos meses en el espacio de lo que se ha venido en llamar Web 2.0, una nueva generación de Internet caracterizada por la participación de los usuarios. Empresas como la citada YouTube, McSpace, Flicks, Wikipedia, etcétera, han devenido en sus iconos y han sustituido en el corazón de millones de internautas a los ya tradicionales Google, Yahoo!, EBay, etcétera. Tom O'Reilly, quien ha popularizado el concepto de Web 2.0 ("la idea básica es utilizar la inteligencia colectiva"), recuerda que quien da vida a la Red son los internautas, cuya presencia es constante y cada vez más masiva; gracias a ellos, la Red ha sustituido a las guías telefónicas, responde a las preguntas que se le hacen en cuestión de segundos y envía vídeos en los que se puede ver a los actores de Regreso al futuro con la banda sonora de la película Brokeback Montain; es la principal fuente de información para los que no tienen artritis (para desdicha de los medios de comunicación tradicionales, que están siendo sustituidos) y un altavoz para aquellos que crean su propio material multimedia y lo descargan.

La compra de YouTube por Google no es una excepción. Hace año y medio, Yahoo! compró Flickr (de origen canadiense; millones de personas la usan para intercambiar instantáneas), y el consorcio IAC adquirió el quinto buscador del mundo, Ask Jeeves; tres meses después, Rupert Murdoch, a través de News Corporation, soltó 1.250 millones de euros por MySpace (la página predilecta de 100 millones de internautas jóvenes), y hace apenas dos meses, MySpace escogió a Google como proveedor de servicios de búsqueda, por lo que la última pagará 900 millones de dólares.

¿Se corresponden estas cifras con la valía de las empresas o estamos en una segunda edición de la burbuja tecnológica que asoló las bolsas de valores durante el cambio de siglo? Para estas compañías tan atípicas ¿sirven los criterios de valoración tradicionales (cotización/beneficio por acción, flujo de caja, ingresos corporativos...) o son más significativos otros como el número de páginas visitadas en exclusiva o el de usuarios registrados? Hay algunas diferencias entre aquella coyuntura y ésta, casi todas ellas cuantitativas: los usuarios de banda ancha en el mundo han crecido desde entonces de forma exponencial; y la publicidad, que entonces no entró en la cantidad que se había pronosticado, ahora sí lo está haciendo. Sin embargo, persisten muchas incógnitas.

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