Reportaje:ESCAPADAS | Medinaceli

Una ciudad cerca del cielo

Gerardo Diego, jugando con su nombre, la llamó Ciudad del Cielo. Cerca del cielo, desde luego, está: a una altitud de 1.222 metros, sobre una muela pelona ("inviolable a las mesnadas / y a los ángeles abierta") del sur de Soria donde soplan los 16 vientos de la rosa.

Y tiene una puerta divina, que san Pedro no desdeñaría: un arco romano que es la envidia de todos los arcos triunfales de España, el único de tres vanos, los laterales para los viandantes y el central para los carros, que no debían de pasar pocos por "Occilis", la Medinaceli de hace 2.000 años, pues estaba en plena calzada Mérida-Zaragoza, la A-2 de "Hispania".

Dejando atrás el arco, con sus tres ojos eternamente posados en el paisaje lunar del alto Jalón, subimos por la calle del Barranco en busca de las murallas árabes y del castillo. Piedras que nos hablan de "Medina-Occilis", capital de la Marca Media musulmana. Del general y poeta Galib, que aquí tramaba sus aceifas y sus versos hasta que lo mató su yerno, Almanzor. Y del propio Almanzor, que en el año 1002, después de perder su tambor, fue enterrado en un cerrillo de estos contornos.

Árabe es la puerta que se conserva como nueva junto a la ermita del Beato Julián y por la cual nos adentramos en el cogollo de la villa, culebreando por las calles de menos de un metro de ancho que debía de conocer bien el autor del Poema de Mío Cid, a juzgar por lo mucho que aparece Medinaceli en la obra, si es que no era un nativo. En medio de este laberinto de pasadizos, rejas y blasones, descuella la colegiata del siglo XVI, época ésta la de mayor encumbramiento de Medinaceli, recién elevada, por merced de los Reyes Católicos, al rango de villa ducal.

Digna de un duque es la vecina plaza Mayor, enorme y con soportales, al más puro estilo castellano. A un lado, el elegante edificio de la alhóndiga. Enfrente, el aula arqueológica, donde nos ayudan a hincarle el diente al milhojas de civilizaciones que es Medinaceli. Y, en el flanco oriental, el palacio ducal, museo improvisado de los mosaicos romanos que aparecieron en 1990 al cavar en una casa a dos pasos de la plaza.

Al norte de la villa, el convento de Santa Isabel, el beaterio de San Román y un nevero medieval. Este último nos despierta, por asociación de ideas, el apetito. Figones para calmarlo no faltan, que ya de antiguo era Medinaceli "lugar muy sabroso para el cuerpo del omen". Y ahora también para el espíritu, pues proliferan las galerías de arte.

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