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Análisis:DESDE MI SILLÍN | VUELTA 2006 | Decimoquinta etapa

Control sorpresa

Mira que no me gusta a mí hablar de la UCI (Unión Ciclista Internacional), de los controles antidoping y de los -bien llamados- vampiros, pero es que al final no hay año en el que no salgan a colación. A mi pesar, por cierto. Pero es que ayer los mandamases del ciclismo mundial se han lucido, al menos en lo que respecta a nuestro equipo. Y si es lícito aplaudir a alguien cuando hace algo bien, no lo es menos recriminar al mismo cuando se equivoca, que es precisamente lo que hizo ayer la UCI con nosotros, aunque seguramente ellos no compartirán mi opinión.

Explicaré que los vampiros son un analista y un inspector de la UCI que aparecen por sorpresa y lo hacen bien temprano por la mañana en los hoteles donde nos alojamos -los corredores-. Vienen a robarnos sangre fresca del caudal de la vena. Se la llevan y no volvemos a saber nada más de ella (por cierto, si tienes alguna noticia posterior, nunca será buena, así que casi mejor así). El fondo de todo el asunto es nuestra salud, que es lo que les importa. Hay que asegurar que no corramos ningún riesgo, que nuestro cuerpo esté en unos parámetros normales. Vale. Yo creo que lo que de verdad les importa es que no hagamos trampas, y me parece bien, pero a ellos se les llena la boca con lo de la salud. Les debe gustar esa palabra.

Por otra parte, en esta Vuelta estamos sufriendo unos horarios inhabituales en las etapas que se disputan los fines de semana. Por ejemplo ayer, domingo, salimos a las 10.00. Debe ser por alguna cuestión de audiencias televisivas o algo así, tampoco lo tengo muy claro. El caso es que desayunamos siempre tres horas antes de la carrera, es decir que ayer, lo hicimos a las siete. Y como la salida no estaba cerca, salimos del hotel a las siete y media, o sea, aún con el café en la boca.

Pues pasó que a las 7.25 se presentó en el salón de desayunos un inspector de la UCI que después de darnos los buenos días nos preguntó que a ver dónde estaba nuestro director. Nadie tenía ni idea -yo bastante tenía con tratar de meterme el arroz a esas horas-. Nos dijo que teníamos que pasar control sorpresa. No será posible, le dijimos, nos vamos dentro de cinco minutos. Será, será posible, dijo ya no tan educadamente, ya irán ustedes más tarde. Y se fue. Así que cinco minutos más tarde, como estaba previsto, partimos hacia la etapa. Quince minutos después sonó un teléfono, el de nuestro director. Le llamaba el inspector -es el primer paso del protocolo por cierto- muy cabreado, teníamos que pasar control y nos habíamos escapado del hotel, eso es algo muy grave.

En fin, que la cosa no fue a mayores y quedó como una anécdota, pero mis dotes de futurólogo me advierten de que hoy (ayer) me acueste pronto, porque aunque mañana (hoy) sea día de descanso, me va a tocar despertarme a una hora intempestiva. Será por mi salud.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de septiembre de 2006