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El fenómeno de la inmigración

Una treintena de policías custodia a los más de 7.300 inmigrantes acogidos en Canarias

Una veintena de 'sin papeles' golpeó el pasado martes a un agente en el centro de El Matorral

Santa Cruz de Tenerife

Una veintena de inmigrantes rodeó y golpeó la noche del martes a un policía en el centro de internamiento de El Matorral (Fuerteventura). "Su vida corrió peligro real, porque lo rodearon y comenzaron a golpearle con puñetazos y patadas" hasta que llegaron otros cinco compañeros que dispersaron a los agresores. Fuentes oficiales minimizaron el incidente a "una riña de supermercado". La situación en los centros de acogida se ha agravado ante la masiva llegada de cayucos a las islas. 30 policías se encargaban ayer de la custodia de más de 7.300 inmigrantes.

La tensión a la que están sometidos los policías no es exclusiva de este centro de internamiento. La situación es similar, si no peor, en las instalaciones de Gran Canaria y Tenerife. En total, los tres centros de internamiento y dos campamentos militares con más de 8.000 inmigrantes sólo están custodiados por una treintena de agentes. "Hasta ahora, los inmigrantes han sido muy dóciles, pero el hacinamiento ha incrementado la tensión y esto se está poniendo muy peligroso", augura el secretario general de la Confederación Española de Policía en Canarias, Agustín Brito Machín.

La información de este sindicato, cruzada con los datos oficiales de inmigrantes retenidos suministrados ayer por la Delegación del Gobierno, indica que, en la isla de Tenerife, sólo nueve agentes custodian a 3.046 inmigrantes en el campamento de Las Raíces y otros tres vigilan a 322 extranjeros en el centro de internamiento de Hoya Fría. A ellos se suman otros 1.300 inmigrantes repartidos entre el garaje de la comisaría de Tenerife Sur y el edificio de los juzgados de Arona, custodiados por una decena de agentes. En Gran Canaria, tres policías hacen guardia en el centro de Barranco Seco (ayer con 152 inmigrantes), y cinco más están a cargo de unos 1.068 subsaharianos en el campamento militar de La Isleta. Junto a los de Fuerteventura (siete policías para más de 1.446 inmigrantes), apenas 30 agentes para 7.334 inmigrantes. La mayoría de los policías no porta armas de fuego.

Para cubrir todas las carencias que supone el fenómeno de la inmigración en Canarias, este sindicato estima que el Ministerio del Interior debería enviar a las islas "de forma urgente e inmediata" entre 700 y 1.000 agentes "si queremos evitar algunas desgracias", como fugas masivas y agresiones. Mientras la jornada laboral de un agente está establecida en 37,5 horas semanales, "nuestros hombres hacen más de 70 a la semana", en especial los de la Brigada de Extranjería y las Unidades de Intervención Policial.

El incidente ocurrido el martes, y conocido ayer, ocurrió, según Brito, en el momento en que se servía la cena. Uno de los inmigrantes (un senegalés identificado con el número 7.551) mostró su disconformidad con la cantidad de comida a un compatriota que hace las veces de enlace con los agentes de policía. Curiosamente, una de las reclamaciones que reiteraron los internos de los centros de Tenerife y Fuerteventura a la delegación del Parlamento Europeo que los visitó en junio hacía referencia a la escasez de la comida, ropa y abrigo.

Puñetazos y patadas

La discusión entre los dos subsaharianos subió de tono y el primero agarró del cuello al intermediario, también senegalés. Un agente que los custodiaba fue a separarlos. En ese momento, según el portavoz policial, "más de 20 inmigrantes" rodearon al agente y comenzaron a propinarle todo tipo de golpes. Cinco de los siete agentes que custodian todo el recinto acudieron en auxilio de su compañero, al que pudieron rescatar después de una fuerte trifulca. "Si en vez de 20 se nos llegan a abalanzar 200, estaríamos hablando de una o más muertes seguras", declaró Brito, quien asegura que no fue necesario emplear las armas de fuego para restablecer el orden.

Un portavoz oficial insistió en la levedad del hecho y descartó que se tratara de un motín, "porque no respondía a un plan premeditado ni pretendían hacerse con control alguno del centro".

Aunque la Delegación del Gobierno ha dispuesto un plan de turnos por el que agentes de casi todas las comisarías canarias, con refuerzos de unidades de la Península, colaboran en los servicios del sur de Tenerife ante la diaria y constante llegada de centenares de inmigrantes en cayucos, Brito alerta de la dejación que se ha hecho de las labores de seguridad del sur de la isla, uno de los grandes núcleos turísticos de España. "El tiempo de respuesta del 091 antes estaba entre tres y cinco minutos", asegura, "mientras que, desde que se ha desatado la crisis de los cayucos ahora es de 25 a 30 minutos".

Brito afirma haberse dirigido "por activa y por pasiva" al jefe superior de policía de Canarias y al Ministerio del Interior "desde mayo" alertando de esta "situación crítica", aunque dice no haber recibido respuesta. "No le digo nada sobre lo que nos espera en septiembre y octubre, cuando el mar entre Canarias y África es una auténtica balsa de aceite", añadió.

Precisamente, hasta la tarde de ayer habían llegado tres cayucos con 188 inmigrantes, dos a Tenerife y otro a El Hierro, cuyo presidente del cabildo, Tomás Padrón, exigió que el Ministerio de Defensa autorice el uso provisional de un acuartelamiento en desuso para evitar concentrar a los africanos en un polideportivo municipal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de septiembre de 2006