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Los astrónomos observan por primera vez la explosión de una supernova

Un telescopio robotizado vigilará los estallidos de rayos gamma desde Sierra Nevada

Gracias al chivatazo de una ráfaga de rayos de muy alta energía, los astrónomos han podido observar desde el principio, por primera vez, la explosión de una estrella, fenómeno conocido como supernova. La caza de rayos gamma mediante satélites especiales desde hace pocos años dio como resultado, a partir del 18 de febrero pasado, un rico botín que todavía se está analizando y que pudo obtenerse porque la explosión tuvo lugar bastante cerca de la Tierra. Los primeros resultados indican que existe un tipo intermedio de supernova hasta ahora muy poco conocida.

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Cuando una estrella llega al final de su vida porque consume todo su combustible nuclear, puede terminar como supernova, colapsándose primero por su gravedad y explotando después en forma de erupción cósmica que ilumine toda una galaxia. El nombre viene de la creencia antigua de que son estrellas nuevas en el cielo. El 18 de febrero de 2006 se observó con el satélite Swift de la NASA un estallido muy largo (unos 40 minutos) pero débil de rayos gamma, los de mayor energía, acompañados de rayos X y ultravioleta. Tenía lugar en una galaxia situada a 440 millones de años luz hacia la constelación de Aries.

Los observadores de rayos gamma de todo el mundo se dieron cuenta inmediatamente de que estaban ante un fenómeno singular por su cercanía y por su duración, y pusieron en marcha la batería de telescopios espaciales y terrestres disponibles para observarlo. Entre ellos estaba el del español Alberto Castro Tirado, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC), que forma parte de una colaboración europea que observa estos fenómenos con los grandes telescopios europeos en Chile. "Hemos visto por primera vez cómo se ha ido desgajando la estrella durante una hora, y al cabo de unos 10 días, la emergencia de la supernova". Varios meses después, el cuidadoso análisis de los datos e imágenes en todos los rangos de radiación obtenidos por esos telescopios han permitido reconstruir lo que pasó hace 440 millones de años, cuando la estrella se convirtió en una brillante nube de gas. Los resultados se publican hoy en la revista Nature.

"Este acontecimiento está a medio camino entre las supernovas convencionales, de las cuales se produce una cada 50 a 100 años en una galaxia y que dan lugar a estrellas de neutrones, y las hipernovas, mucho más escasas y más masivas, que se asocian a los estallidos de rayos gamma relativamente largos y que se supone que marcan el nacimiento de agujeros negros", comenta Castro Tirado.

Es, por tanto, un tipo de supernova para el que no existe todavía un modelo claro, que no se sabe si terminará en un agujero negro pequeño o en una estrella de neutrones más masiva que las de las supernovas convencionales. A esclarecer este tipo de fenómenos contribuirá el telescopio robotizado Bootes Ir, con espejo de 0,6 metros de diámetro, que se inaugurará en octubre en Sierra Nevada. Observará en infrarrojos y en óptico los estallidos de rayos gamma más lejanos, los que provienen de los primeros tiempos del Universo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de agosto de 2006