Reportaje:

La fiesta de los "individuos caóticos"

Los 3.500 matemáticos reunidos en Madrid discuten sobre este "bello lenguaje" con la pasión del aficionado al fútbol

Las matemáticas encierran infinitas posibilidades, y los matemáticos, otras tantas. El presidente del Congreso Internacional de Matemáticos de 1950, Óscar Weblen, lo explicó así: "No son congresos de matemáticas, ese campo de conocimiento altamente organizado, sino de matemáticos, esos individuos más bien caóticos que crean y conservan las matemáticas". Y ahí están de nuevo, unos 3.500, españoles, japoneses, estadounidenses, chinos..., reunidos en Palacio de Congresos de Madrid hasta el 31 de agosto en la vigésimo quinta edición del encuentro.

Entre peinados y vestimentas clásicas, melenas, alguna cresta al más puro estilo punk, una estrambótica pajarita de cuadros de colores, o tipo vacacional con pantalones cortos y chanclas, un tópico pesa sobre todos ellos: el del científico ensimismado, genial en su campo, pero torpe para la vida cotidiana y las relaciones personales. "Creo que es verdad. Nuestro campo es completamente abstracto, no es empírico, aunque tenga muchas aplicaciones prácticas", asegura Gutam Mukharjee (45 años), del Instituto Indio de Estadística.

Algunos se rebelan ante la imagen excéntrica de Perelman, el genio ausente

El caso de Grigori Perelman, que acaba de rechazar la medalla Fields (equivalente en Matemáticas al premio Nobel), ha reforzado su imagen personal de tipo excéntrico y, de paso, el tópico sobre los matemáticos. Aunque algunos se rebelan: "Eso es una anécdota. Perelman ni siquiera era la figura del congreso, ese es Terence Tao [de la Universidad de California, EE UU, que acaba de recibir la medalla Fields]", dice, molesto, Román Sasyk (31 años), argentino que trabaja en la Universidad de Purdue (EE UU). A pesar de la descarga, enseguida vuelve al lugar común: "Yo saldré por ahí a conocer todo esto, pero la mayoría de esta gente no sale mucho".

Los que sí saldrán este fin de semana son muchos de los 360 voluntarios que trabajan en la organización, la mayoría estudiantes de la carrera de matemáticas. Natalia Gamero (22 años), de la Complutense, rechaza la imagen de "gente rara" pero admite que su facultad se "sale de lo común". Su compañero Servando Arboli (22) vuelve al tema de la abstracción enorme que requiere su campo, pero asegura que la comunicación con el mundo no se resiente: "El simple hecho de ser matemático es un gran tema de conversación. "Y, ¿eso qué es? ¿Qué hacéis? ¿Para qué sirve?" Como pasatiempo, a Servando le encantan los juegos de mesa, pero "nada de rol", aclara.

Los deportes, practicarlos o verlos en televisión, la música, los museos, salir a cenar o tomar una copa, quedarse en casa en familia o desbrozando el inabarcable mundo de la informática e Internet (el único afán del argelino Youssef Maliki era ayer comprar un ordenador portátil). Una encuesta a quemarropa en la entrada del Palacio de Congresos no da un común denominador de gustos y aficiones. Depende más bien de la edad, la personalidad o la cultura, como demuestran tres profesoras iraníes, que dicen que, concentradas en el congreso, no piensan salir a conocer la ciudad.

"En realidad, lo único que nos une a todos es nuestro amor por las matemáticas", asegura María Gaspar, profesora de la Complutense. Una mirada alrededor, además de matemáticos perdidos buscando la sala L103 en la planta incorrecta, ofrece la confirmación de esta tesis. Está en cada pasillo, en cada mesa de la cafetería en la que dos expertos discuten, con o sin papel y bolígrafo en mano, sobre ese lenguaje "abstracto y bello" llamado matemáticas con la misma pasión que dos aficionados discuten sobre el partido entre el Madrid y el Barça.

Aunque tal vez justo en al lado, el estadounidense Linsey Fukshinskhy (33 años) y el egipcio Ahmad El-Guindy (29) pueden romper la magia regañando sobre la cocina española: al primero no le gusta, al segundo sí.

Por fin, en la tienda de regalos del congreso, un tópico se cumple, aunque sea uno sobre España: el recuerdo que más se está vendiendo es el abanico con el logotipo del encuentro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 23 de agosto de 2006.

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