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LUNES DE PÁNICO

Agobio absurdo II. El regreso

Siento aburrir al lector con mis problemas, pero resulta que el individuo que corrige los textos en este periódico me la ha vuelto a jugar. En el anterior artículo yo escribí: "El hambre y las enfermedades asolan el mundo". Y él escribió "asuelan". Al parecer, es correcto gramaticalmente, pero moralmente es una putada. ¿Quién coño dice "asuelan"? ¡Lo hace para hundirme en la miseria! ¿O para marcar paquete? Imagino que cuando se publiquen estas líneas, aparecerá otra nueva putada gramaticalmente correcta. Pero, ¿qué se puede esperar de una sección que se titula Lunes de pánico y se publica el miércoles? ¿Qué se puede esperar del mundo, en general? La Historia es una sucesión de putadas que se van acumulando. Una aglomeración gigantesca de putadas es una guerra, o una epidemia. El matrimonio es una ametralladora de putadas. ¿Habrá algún tipo de conexión entre mi mujer y el corrector del periódico? Yo comprendo que le estoy convirtiendo en un personaje, pero, por favor, si alguien le conoce, sugiéranle con cariño que deponga su actitud. Me lo imagino pálido, arrastrando una guadaña por la rotativa del periódico, disfrazado de Muerte como en la película de Bergman. Voy a por ti, gordito... Crees que te librarás de mí, pero la próxima es la peor... Te voy a meter un burro con uve... Atrévete a escribir burro, verás la que te espera... Desde luego, es obvio que no me conviene estar a malas con él. La cobardía, injustamente desprestigiada, es una de las cualidades del superviviente. También resulta eficaz ser un poco pelota. Aprovecho para saludarle, querido amigo corrector, y agradecerle el trabajo que está llevando a cabo con mis textos. Siento disentir en algunas de sus apreciaciones, pero quién soy yo para criticar su trabajo... Gracias por la paciencia que está demostrando. Un abrazo fuerte.

En cualquier caso, creo que este hombre debería estar agradecido con el tiempo que le estoy dedicando. En lugar de tirarme en la playa y hablar de las olas, estoy aquí, de rodillas, escribiendo sobre él. La gente no sólo pensará en mis faltas de ortografía, comenzará a plantearse por qué no escribo de cualquier otra cosa. Dios, creo que empiezo a necesitarle... ¡Sin él, estoy perdido! Igual debería cederle parte de la remuneración que me corresponde. Desde luego, se la merece. Algunos se preguntarán, ¿y si no existe tal personaje? ¿Y si tan sólo se trata de un recurso literario? No, no voy a decir eso, que seguro que le sienta mal. Llamarle a alguien "recurso literario", puede ser considerado un insulto. ¿Y si me denuncia? ¿Y si es supercolega del director y cierran esta absurda columna, y el que se queda sin curro soy yo? Hay que mantener un talante conciliador. Diálogo. Hablemos. ¿Que te mola más "asuelan" que "asolan"? Pues nada. Asuelan, y no se hable más. ¡A ver si ahora vamos a mosquearnos por esa pequeñez! Mal, mal, no está. No olvidemos que es correcto gramaticalmente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de agosto de 2006