Cartas al director
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Sobre fumadores y gordos

¿Fuma don Joaquín Leguina? Porque si no fuma, se me acaba la carta. ¿Acumula grasas en exceso, gracias a buenas, nutrientes y salutíferas comidas, acto también llamado gula? Pues si la respuesta es tampoco, se me encoge el argumentario. Si fuma, acumula grasas en exceso o las dos cosas a la vez, vayan directo a la carta, donde expreso mi opinión sobre lo que cree Leguina [Artículo "Fumadores, gordos y otros proscritos", publicado el viernes 18 de agosto].

Ahora bien, si no fuma ni acumula grasas en exceso, siendo estas actuaciones amplia y fundamentadamente reconocidas como sospechosas, si no más, de acarrear problemas de salud, no entiendo por qué mezcla churras con merinas, confunde, o nos induce a confundir, lo correcto con lo políticamente correcto. Y no. Fumar es malo para la salud, lo niegue Agamenón o su porquero, y filmar una secuencia que quiera representar fidedignamente los años cuarenta-cincuenta sin nadie que fume ni ninguna orondez es, históricamente hablando, incorrecto por no fidedigno. Y ruego a don Joaquín Leguina que no siga retrocediendo en el tiempo o caerá en algo tan políticamente correcto como históricamente incorrecto: presentar a los indígenas de cualquier remoto lugar como el colmo de la sabiduría, falta de machismo y plenitud de transigencia: ¡Ya!

Más aquí no acaba. Combinar seguidamente los indudables errores de los que componemos la sociedad con la crítica ad hominem a determinadas personas del Gobierno de la nación es hacer la peor amalgama, más digna de un neocon que de un diputado y además estadístico. Con mucho menos dramatismo, con mucha menos añoranza de tiempos pasados, comparto con Joaquín Leguina su tesis sobre lo negativo de la desaparición del Estado, pero no la moralina que sus comparaciones desprenden. Y me atrevo a decirle: "Analice, pero no moralice".

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 21 de agosto de 2006.

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