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Entrevista:Nuevos madrileños | Kamen Stefanob, búlgaro

"La mentalidad de aquí es muy parecida a la búlgara"

Escultor de profesión, Kamen Stefanob, de atlética presencia y trabajadas manos de artista, aterrizó en España, para visitar a un amigo, en 2004. "A los tres meses de llegar, me quedé sin dinero, así que necesitaba trabajar".

El chasis de un viejo helicóptero empleado en la serie Policías, estructuras metálicas para atracciones de feria; maquinaria para efectos visuales (lluvia, fuego, humo...); máscaras de látex listas para ser utilizadas en una obra de teatro; ingenios de animatróni-ca... Éste es el escenario laboral de Kamen Stefanob Kalchev (Veliko Tarnovo, Bulgaria, 1975). Cada día, desde las ocho de la mañana, y después de haber tomado un par de autobuses para hacer el viaje desde Torrejón -"allí vivo compartiendo piso con tres argentinos"- a Paracuellos del Jarama, Kamen pone su imaginación y habilidad al servicio de Dream Factory, una empresa dedicada a producir efectos especiales para el cine y la televisión, ambientación de parques de atracciones, artificios teatrales... -"tuve la suerte de encontrar el trabajo que siempre quise tener", afirma-.

"Empecé a vender en la calle los cuadros que pintaba"

"Cuando me quedé, no hablaba español y no tenía papeles"

"Mi primer empleo en España fue de repartidor de propaganda de un restaurante en el paseo del Prado". En jornadas de nueve o diez horas, Kamen se encontró con los problemas típicos de un emigrante que trabaja en la calle. "Tenía miedo de la policía, de que me devolvieran a mi país. Además, los propietarios del restaurante se pasaban mucho por allí, para ver cómo trabajábamos. Querían que fuéramos muy comunicativos". Así estuvo casi seis meses, a dos euros la hora.

No fue fácil, para alguien educado en la creación, pasar 12 horas en la calle con la única labor de repartir folletos -"estudié escultura, diseño, dibujo... Mi mente está enfocada hacia la creación"-. Kamen, desde la infancia, tuvo la oportunidad de poner en práctica sus habilidades para el dibujo: "Viví siete años en un pequeño pueblo, con mi abuela. Allí lo único que podía hacer era dibujar. Fui a la universidad y en el tercer año, cuando tuve que elegir especialidad, opté por la escultura".

Aún sin concluir sus estudios en la universidad, montó una empresa, especializada en grupos escultóricos, con tres compañeros. Algunos de sus clientes no abonaron sus trabajos, y en otoño de 2003, el proyecto empresarial tuvo que echar el cierre. Kamen, decidido a seguir progresando, emprendió la aventura de la emigración: "Primero estuve año y medio en Milán". A pesar de disfrutar de la riqueza artística italiana, el joven búlgaro encontró dificultades. Percibió una desconfianza hacia los extranjeros que él no se lo esperaba.

Con el título universitario en el bolsillo, y algo escaldado por su mala experiencia en Italia, el escultor decidió probar suerte en España. "Finalmente, opté por quedarme aquí, aunque encontré un par de problemas: No hablaba una palabra de español y no tenía papeles". Las dudas entre permanecer y volver se mantuvieron durante algún tiempo en su cabeza. "Afortunadamente, no me fui, y ahora no me arrepiento. Además, los españoles son mucho más abiertos que los italianos. La mentalidad aquí es muy parecida a la búlgara", dice.

Tras su experiencia como repartidor de propaganda en el paseo del Prado, Kamen quiso volver a pintar, dibujar y esculpir, por lo que buscó un trabajo relacionado con sus posibilidades. "Empecé a vender en la calle los cuadros que pintaba por la noche. La primera semana no vendí nada. Me di cuenta de que tenía que aprender a vender y conseguí ayuda en otros compañeros pintores", explica.

El artista ambulante aprendió que tenía que hablar con los clientes; ser más comunicativo; que el comprador potencial se sintiera a gusto. "Al final conseguí vender lo suficiente para cubrir mis necesidades". Viendo fotografías y corridas de toros por televisión, aprendió a pintar escenas taurinas de fácil venta.

Estando en el paseo del Prado, Kamen conoció a Katy, una española que trabaja en el Museo Reina Sofía. "Ahora es como mi hermana en España. Gracias a ella conseguí mi actual trabajo, en Dream Factory", cuenta. Después de cuatro visitas a la compañía artística, consiguió una prueba. Después llegó un periodo de prácticas de 10 días: "De momento, me han renovado el contrato y ahí sigo". El artista valora que cada mañana le espere una tarea distinta a la realizada el día anterior. "Mi labor allí es la de escultor y tengo mucha libertad. Efectos especiales, decoración, máscaras, publicidad, algo para el teatro... Lo primero que hice fue una tarántula para el Parque de Atracciones".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de julio de 2006