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Entrevista:70º aniversario del estallido de la Guerra Civil

"Este país no se parece nada al de julio de 1936"

Santiago Carrillo encuentra similitudes entre el discurso actual de la derecha y el que mantuvo en vísperas del inicio de la contienda

Santiago Carrillo tenía 21 años y era dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas cuando el estallido de la Guerra Civil le sorprendió en París, donde había acudido a una reunión de la Internacional Juvenil Comunista. Su fresco cerebro de 91 años recuerda un viaje de semanas hasta volver al Madrid semicercado por las tropas de Franco, en el preludio de una tragedia que las fuerzas de izquierda también habían subestimado. Tras la sublevación del Ejército en Marruecos, Carrillo tomó un tren hacia España y se encontró con los socialistas Rodolfo Llopis y Luis Araquistáin, tan ignorantes como él del alcance del golpe.

"Llegamos a Irún a la mañana siguiente y ya no se podía continuar en tren a Madrid. Fuimos en un taxi a San Sebastián, donde se luchaba en torno a un hotel en el que se habían parapetado los facciosos". Por la calle tropezaron con Pedro Laín Entralgo, en aquel tiempo militante de Falange: "Buscaba el modo de salir de la zona republicana". El grupo de izquierda no se lo impidió -un hermano de Laín iba entre los acompañantes de Carrillo-. "Nosotros intentamos atravesar Castilla en coche y estuvimos a punto de caer dos o tres veces en manos de los fascistas. Entonces nos dirigimos hacia Bilbao, pero al pasar por Torrelavega vimos una columna de marineros y de obreros que marchaba a liberar Aguilar de Campoo (en la montaña palentina) y nos sumamos a ella. No conseguimos recuperar el pueblo". Carrillo fue a Bilbao y permaneció en el frente de Ochandiano, hasta que llegaron órdenes de volver a Francia y entrar en España por Cataluña, dominada por la CNT / FAI (anarquistas) como vía hacia Madrid.

"No pudimos evitar Paracuellos porque no teníamos un Estado ni una policía de verdad"

"El golpe de muerte para la República fue la no intervención de las democracias europeas"

Pregunta. ¿Cómo era la situación en vísperas del golpe?

Respuesta. Todos lo esperábamos, sólo faltaba la fecha. Las fuerzas de izquierda llevaban días velando; no las armas, que no las tenían, sino para poder reaccionar si los militares se sublevaban. Pensábamos que el golpe podía resolverse en 15 días, pero luego nos dimos cuenta de que se abría un periodo que podía ser mucho más largo y afrontamos la situación con la idea de ganar la guerra.

P. ¿Qué visión tiene de la contienda como superviviente?

R. Pues que la sublevación militar nos obligó a hacerlo. Mi generación tenía la voluntad de impedir que el fascismo se implantara tranquilamente en España y pudiera destruir los partidos políticos y la democracia. La sublevación franquista provocó una revolución popular en la que estábamos los nacionalistas vascos católicos, los anarquistas, los socialistas, los comunistas, los republicanos de izquierda y de centro; todas las fuerzas democráticas convivimos, con dificultades y contradicciones, pero todas sufrimos las consecuencias no sólo de la intervención militar alemana e italiana a favor de los sublevados, sino de la no intervención de las potencias democráticas, que fue el golpe de muerte para la República Española.

P. Nunca se ha esclarecido la muerte de miles de presos nacionales en Paracuellos del Jarama (Madrid), cuando formaba parte de la Junta de Defensa de Madrid.

R. A los tres días de constituirse la junta, los franquistas llegaron a 200 metros de la Cárcel Modelo. Podían liberar a cerca de 2.000 militares sublevados detenidos allí, con lo que habrían reforzado el Ejército rebelde. Se planteó sacarles de la cárcel y mandarles a Valencia. En Paracuellos o donde fuera, porque yo de eso me enteré después, en un lugar fuera de la jurisdicción de la Junta de Defensa, que se limitaba al perímetro de Madrid, fueron asaltados y ejecutados. Había por allí montones de refugiados que huían de la represión franquista en Extremadura y Andalucía, llenos de odio; había incontrolados... Mi conciencia no me reprocha más que no haber tenido un Estado de verdad, una policía de verdad, para custodiar a los evacuados ni para investigar lo sucedido. Ni siquiera teníamos soldados para cubrir todas las bocacalles por las que el enemigo intentaba entrar en Madrid y colgarnos en la Puerta del Sol... Pero la gente se debería preguntar también por los millares de republicanos fusilados en la plaza de toros de Badajoz; y por qué, terminada la guerra, el franquismo ejecutó a más de 100.000 personas hasta 1944.

P. ¿Ve en la España actual alguna división comparable a las que precedieron a la guerra civil?

R. Observo que la derecha habla y se manifiesta de modo parecido a como lo hacía en vísperas del 18 de julio de 1936. La unidad de España que se rompe; se habla de persecución a la Iglesia, se niega la legitimidad del Gobierno elegido democráticamente; ahora no se habla de la amenaza comunista, pero se denuncia a Zapatero como el representante de todos los males imaginarios. En aquel tiempo la derecha hacía eso mismo, fracasado ya el proyecto de Gil-Robles de conquistar el poder por la vía legal, pero entonces contaba con el golpe militar que se preparaba a ojos vistas. Hoy no se ve nada de eso y no entiendo por qué la derecha repite casi miméticamente lo que hizo la de 1936. Las empresas y los bancos ganan ahora mucho dinero, millones de españoles inundan las carreteras en busca de descanso; no hay grandes conflictos sociales, los católicos no sólo practican tranquilamente su religión, sino que tienen ayuda económica del Estado para su culto y sus escuelas. Hoy, este país no se parece para nada al de 1936.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de julio de 2006